quiénes somos. La Provincia

1898 – 1965: de la extenuación al florecimiento

Tras la revolución, Filipinas pierde su posición privilegiada dentro de la Orden y pasa a un discreto segundo término. La misma Provincia busca ansiosamente otros campos por España y América del Sur. En algún momento duda de poder continuar en el archipiélago y da la preferencia a los nuevos ministerios que desde 1898 iban abriendo sus miembros en Panamá, Venezuela y Brasil. En 1906 más de dos tercios de sus religiosos residían en esos cuatro países.

Catedral de Shangqiu, Henan, China. Catedral de Shangqiu, Henan, China.

Para esa fecha la crisis ya había quedado a la espalda. Abierto el noviciado y recuperada la esperanza, la Provincia comenzaba a mirar al futuro con nuevas ilusiones. En ese mismo año, tras una visita del provincial, ratifica su compromiso con el archipiélago. Pero ya no será un compromiso total. La experiencia ha manifestado la necesidad de diversificar el campo y, por tanto, continuará con los ministerios abiertos en otros países.

La Orden también estaba reorganizando sus cuadros. Y lógicamente sus planes condicionan los de la Provincia. En 1909 la curia general asigna a la nueva Provincia de Santo Tomás de Villanueva los ministerios de Brasil y los conventos andaluces, y al año siguiente traspasa a la de la Candelaria los de Tumaco y Panamá. La de San Nicolás queda reducida a los ministerios de Venezuela y Filipinas y a las casas españolas de Monteagudo, Marcilla, San Millán de la Cogolla y Puente la Reina, en las regiones de Navarra y La Rioja. Estos ministerios, a los que se irán sumando los de China (1907), Inglaterra (1932), Perú (1939) y México (1941), formarán el horizonte de sus religiosos hasta 1948.

En Filipinas durante las tres primeras décadas del siglo XX la Provincia casi se limitó a sobrevivir, contentándose con recuperar dentro de lo posible la situación anterior a la Revolución. Casi todos los religiosos trabajan en el ministerio parroquial. Esa exclusividad no satisface a todos, pero la Provincia no encuentra un digno reemplazo: falta imaginación, experiencia y decisión. Ni la disciplina comunitaria ni la pastoral atraviesan su mejor momento.

Con todo, poco a poco fueron apareciendo novedades esperanzadoras. En 1910 la Santa Sede les confió la prefectura apostólica de Palawan, la primera de Filipinas; en 1924 tomó cuerpo el sueño largamente acariciado de sumarse a la gesta misionera de China. La misión de Kweiteh (hoy Shangqiu, provincia de Henan) alcanzó especial significación. La provincia la atendió con esmero, sirviéndola con misioneros abnegados y relativamente numerosos. Desgraciadamente, tras la subida de los comunistas al poder (1949), los misioneros extranjeros tuvieron que abandonar el país. En nuestra misión quedaron nueve religiosos nativos y algunas religiosas, que han seguido fecundándola con su sangre y su heroísmo. Aquí puedes encontrar la historia completa de esta Misión.

La gesta misionera en China dejó, además, un fruto en forma de revista. Desde julio de 1928 los misioneros recoletos en China publican la revista Todos Misioneros con el objetivo de apoyar la misión; la redacción va pasando posteriormente de China a Manila y finalmente a diversas sedes consecutivas en España, hasta que a partir de 1970, en una discutible decisión de unir fuerzas, se funde con otras revistas y el órgano oficial de las Obras misionales pontificias en la revista “Misioneros tercer milenio”, que se publica hasta hoy.

Hacia 1931, tras una dolorosa visita apostólica, cae definitivamente el peculio legal. En 1941 la Provincia ingresa en el campo educativo, del que espera prestigio social, desahogo económico y, sobre todo, una vivencia más profunda de su ideal comunitario. Poco a poco los colegios van suplantando a las parroquias, transformando las ocupaciones y hasta la imagen social del recoleto. En poco más de tres décadas a partir de 1950 los recoletos se despojan de su divisa de misioneros o párrocos de zonas marginadas para enfundarse la del educador plenamente urbano.

La innovación más transcendental tuvo lugar en 1949 con la apertura del noviciado de Manila a las vocaciones nativas. El capítulo de 1934 había recomendado “eficazmente” la apertura de casas de formación en Filipinas, Inglaterra y Venezuela. En Filipinas la recomendación no surtió efecto hasta la postguerra mundial. Y aun cabría añadir que el interés por las vocaciones filipinas sólo cobra consistencia diez años más tarde. Si se exceptúa la anecdótica ordenación del padre Salvador Calsado en 1945, el primer grupo de filipinos no llegaría al sacerdocio hasta 1959. A partir de esa fecha crece el interés y, lógicamente, también las vocaciones. A finales de 1997 la provincia contaba con 144 profesos filipinos.

Muy similar fue la evolución de la provincia en Venezuela. También en ella prevaleció durante varios lustros el trabajo pastoral. Sus fundaciones aparecen envueltas en cierto aire de interinidad, situadas en zonas marginales y sin programas suficientemente elaborados. La labor de los frailes fue, en general, muy buena. Construyeron numerosas iglesias y capillas, dieron nuevo impulso a la predicación, muy descuidada entonces en el país, y restauraron el culto y la vida cristiana infundiendo nuevo vigor a las asociaciones existentes y creando otras nuevas. Las más frecuentes fueron el apostolado de la oración, las hijas de María, las conferencias vicentinas, la Cofradía de la Consolación y, sobre todas, la obra del catecismo. También cabe destacar la dimensión misionera de su labor, la predicación de la palabra de Dios en los púlpitos más prestigiosos de la nación, la colaboración con la jerarquía y la generosa atención a los leprosos de Maracaibo y Caracas.

Hacia 1925 la presencia recoleta en Venezuela comienza a tomar nuevos rumbos. Aumenta el número de religiosos, crece su presencia en las ciudades, las obras propias ascienden al primer plano, florece el apostolado de la prensa oral y escrita (La Madre Cristiana,1927) surge el primer seminario para vocaciones autóctonas (1935) y abre sus puertas en Caracas el colegio de Fray Luis de León (1941). También aquí la ciudad va desplazando al campo y las actividades educativas comienzan a competir con el tradicional monopolio parroquial.

Muerte de san Agustín, Vela Zanetti. San Cristóbal, República Dominicana.
Las fundaciones de Inglaterra y Perú tienen raíces similares. A principios de 1932 la anarquía de la República española movió a los superiores a buscar fuera de España un convento para la formación de sus estudiantes en Ivybridge, Devon, sur de Inglaterra. Y en 1939 el miedo a la inestabilidad política de Venezuela les llevó al Perú en busca de un campo que pudiera acoger a los religiosos venezolanos en caso de tener que salir del país.

Los acontecimientos no tardarían en revelar el acierto de ambas medidas. De 1932 a 1950 Inglaterra acogió a varias promociones de teólogos y, a partir de 1934, dio a la Orden varias vocaciones. En Perú encontraron acogida dos grupos de teólogos, a quienes las estrecheces económicas derivadas de la guerra mundial impedían sostener en España.




Desde 1965 hasta hoy: al compás del sentir eclesial y social
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