Reportajes (2004-2014)

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El icono de san Nicolás de Tolentino
Octubre 2004.

Elaboración

Después de buscar en España e Italia, se recurrió al iconógrafo Chordi Cortés (Alcoy 1956), fundador de la Asociación Española del Icono “Yaroslav”, director del Estudio de Arte Sacro y la Escuela que llevan su nombre, y presidente de la Academia Internacional de Iconografía Bizantina y Rusa. Él se comprometió a “escribir” un icono de 98 x 60 cm., siguiendo la tradicional técnica del temple al huevo y dorado fino sobre tabla.

Primer boceto
Una vez aceptado el encargo, la primera fase fue de documentación. Cortés se leyó alguna biografía de san Nicolás, que se le facilitó; y estudió varias docenas de imágenes del Santo. Y, en abril de 2004, presentó el primer boceto. En él, san Nicolás aparecía con un libro cerrado en la mano izquierda, mientras que con la derecha bendecía. Su estrella, por otro lado, quedaba inscrita en la aureola, con lo cual era más visible, por más que la ubicación resultara insólita en la iconografía del Santo. En fin, la indumentaria no era la agustiniana; parecía, más bien, de corte benedictino.

Segundo boceto
A este primer boceto se le hicieron las oportunas correcciones, y el mismo proyecto se fue perfilando y completando. Para el mes de mayo, Chordi Cortés tenía ya listo un segundo boceto que modificaba sustancialmente el primero. El modelo iconográfico queda ya ahora perfectamente definido: san Nicolás es presentado como el perfecto seguidor de san Agustín. Para ello, en línea con el modelo clásico, se le representa sosteniendo con ambas manos la Regla monástica del Santo de Hipona, al tiempo que aparece vestido con el hábito agustino recoleto. El otro elemento que destaca, tomado también de la tradición iconográfica, es el de la estrella. Se le ha colocado, como es habitual, en el pecho; y, como es frecuente en la iconografía, todo el hábito se le ha salpicado de estrellas, en círculos concéntricos irradiados desde la estrella mayor.

La sugerencia principal que se le había hecho al iconógrafo, después del primer boceto, suponía una modificación notable y un buen trabajo añadido. Se quería dar cabida en el icono a otros perfiles del Santo: otros símbolos o prerrogativas, entre los cuales se eligieron los más frecuentes (el lirio, los panecillos, las perdices y las ánimas del purgatorio). Dadas la forma y dimensiones de la tabla, no era difícil ocupar con estos motivos la franja inferior. Sin lugar a dudas, la representación del Santo de Tolentino sería, de esta forma, más rica, variada y profunda.

La escena de las ánimas
De todos los motivos sugeridos, el que ofrecía una especial dificultad era el más tradicional, el de las ánimas del purgatorio. San Nicolás ha sido considerado durante siglos especial patrono de las ánimas, y en este patronazgo se ha basado tanto su culto como su iconografía. Sin embargo, en este punto, la teología católica ha modificado notablemente su enfoque, y ello hacía necesario buscar una nueva presentación. Había que adaptar el esquema clásico en que el Santo se presenta en medio de un lago de fuego y alarga su correa, como intentando “pescar” a las almas que se abalanzan hacia él.

Nuestra sugerencia ponía a prueba la imaginación del pintor, ya que ésta escena es prácticamente desconocida en los iconos orientales. Chordi Cortés no ha tenido empacho en reconocer la dificultad; ha llegado a comentar que resolverla le supuso tanto trabajo como el resto del icono. Representa el purgatorio en ese paisaje fantasmagórico donde se arraciman personajes de color rojizo entre llamaradas que brotan del suelo. La correa del Santo -esto es, su intercesión- atraviesa la cenefa que separa ambos mundos y se les ofrece a las almas como asidero de liberación.