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CARDI, o cómo cuidar del cuidador


CARDI, o cómo cuidar del cuidador
26-03-2018 México
Esperanza es beneficiaria del Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral (CARDI), obra social de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México donde puede descansar, asearse, lavar su ropa o recibir apoyo emocional y espiritual mientras su hija es atendida en el Hospital General.
Esperanza tiene 56 años y es natural de la zona rural de Oaxaca, uno de los estados del sur de la República Mexicana, a más de 500 kilómetros de la Ciudad de México. Es un estado de gran biodiversidad y de gran complejidad geológica, siendo uno de los que sufre más terremotos en el país. Junto con Guerrero y Chiapas, es uno de los tres estados con menor Índice de Desarrollo Humano del país, con una situación socioeconómica para las personas comparable, por ejemplo, a la de Filipinas.

Esperanza llegó a la Ciudad de México por una grave necesidad familiar. Su hija menor llegó a la capital del país hace cinco años para trabajar. “Repentinamente, le dio parálisis en un brazo y una pierna y tuve que venir para acá a cuidarla. En la casa se quedó mi esposo cuidando de la siembra del frijol y el maíz, y dándole de comer a la yunta que tenemos, es la vida de los campesinos”, cuenta Esperanza.

Al llegar a la Ciudad de México, Esperanza se dio cuenta de las graves dificultades de la vida cotidiana para quien no tiene referencias ni experiencia previa en la gran ciudad. A los problemas relativos a la parálisis de su hija y su tratamiento, se añade la dificultad de conseguir lo más cotidiano allí donde no tienes raíces ni recursos: aseo personal, lavado de ropa, comida, descanso.

“Yo me enteré del Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral por otras personas que venían aquí. Me platicaron que podía pedir apoyo y fui al departamento de Servicio Social del Hospital General para buscar una hoja de requisición”.

Antes de ir a CARDI, Esperanza pasaba tiempo casi sin dormir; solo podía descansar en el suelo de la habitación del hospital, al lado de su hija ingresada. Esperanza estaba sola para cuidar de su hija, y esta era completamente dependiente porque no podía, por su parálisis, hacer casi nada sola. El resto de la familia vive en Oaxaca.

“Ahorita ya está más recuperada, se cambia y baña sola, lo que me da gran alivio. Agradezco a Dios por poner a tantas personas que apoyan a la gente que venimos de fuera. Aquí en CARDI nos ayudan mucho, nos dan comida, podemos ducharnos y lavar nuestra ropa. Podría decir que si no existiera CARDI, me quedaría hasta sin comer”.

El tratamiento de su hija incluye periodos de alta en los que deben salir del hospital. Como no cuentan con recursos en la Ciudad de México, durante esos periodos vuelven a su comunidad rural de origen. Cada uno de esos viajes supone 310 pesos mexicanos (13,5 euros al cambio), que para la economía familiar es bastante dinero.

Así, día a día, jornada a jornada, decenas de personas encuentran en CARDI ese ámbito familiar de descanso, acogida, apoyo emocional, psicológico y espiritual. Los Agustinos Recoletos han querido así responder, de manera efectiva, a la vieja pregunta: “¿Y quién cuida del cuidador?”.


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