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Lábrea celebra con alegría las bodas de oro de tres misioneras agustinas recoletas


Lábrea celebra con alegría las bodas de oro de tres misioneras agustinas recoletas
03-04-2018 Brasil
Las religiosas Itárica Zandonadi, María Josefina Casagrande y María Helena Petri, bien conocidas en la misión amazonense, han compartido con el pueblo de Lábrea vida y misión. Ahora, con la hermana Itárica como representante, han celebrado conjuntamente con gozo las bodas de oro de su consagración religiosa.
Las Misioneras Agustinas Recoletas y la Prelatura de Lábrea, en el Amazonas brasileño, tienen una larga y comprometida historia común de 64 años: llegaron en 1954 para hacerse cargo del Educandario Santa Rita. Una historia que conoce muy bien el pueblo de Lábrea, tanto católicos como no católicos.

Son importantísimas las contribuciones de esa congregación misionera femenina de la Familia Agustino-Recoleta en materia de educación, derechos de los pueblos autóctonos y ribereños, apoyo al desarrollo local y, más específicamente para los Católicos, trabajo pastoral conjunto.

Con esta premisa, una fiesta de las Misioneras Agustinas Recoletas es también una fiesta para el pueblo local. Y por eso la Parroquia de Nuestra Señora de Nazaret de Lábrea celebró durante los días 15, 16 y 17 de marzo, unas jornadas de agradecimiento por los 50 años de vida consagrada de tres religiosas.

Todas ellas, en diferentes momentos de la historia, han dejado el mejor de sus empeños en el servicio al pueblo de Lábrea: Itárica Zandonadi, María Josefina Casagrande y María Helena Petri. La primera de ellas continúa, de hecho, ejerciendo su ministerio en esa misión amazonense.

Las comunidades de base celebraron un triduo de oración y acción de gracias, proponiendo a la comunidad algunos temas de carácter vocacional para acompañar la celebración de las Misioneras: “Bautismo, fuente de todas las vocaciones”, “Familia, cuna de las vocaciones” y “Vida consagrada, una vocación al servicio de la Iglesia”.

Las cuatro religiosas misioneras agustinas recoletas de la actual comunidad de Lábrea (Itárica, Eremita, Jacira e Ivone) se hicieron presentes durante el triduo en cada una de las comunidades y compartieron su testimonio y su alegría por la celebración.

Una de estas comunidades tiene como patrón a San José, por lo que el triduo coincidió con sus festividades anuales. En la ceremonia principal presidida por el obispo de Lábrea, el agustino recoleto Santiago Sánchez, se hizo un emotivo y especial homenaje a Itárica y sus compañeras ausentes ahora del lugar por sus 50 años de vida consagrada.

En dicha ceremonia, Itárica recibió como regalo un cuadro de Nuestra Señora de Nazaret, la patrona de la parroquia, y una réplica en madera del barco Regnum Tuum, en el que durante muchos años Itárica ha visitado a las comunidades ribereñas a las que solo se puede acceder por vía fluvial.

Además, la comunidad de San José le entregó un libro confeccionado de manera creativa con el triduo y una breve biografía de su vida acompañada de fotografías. También se tuvo en cuenta el lema que, según ha indicado la propia Itárica, mueve su afán misionero: “Fe, misión y martirio”.

El pueblo de Lábrea oró con entusiasmo por la vocación y la vida de todas las religiosas misioneras agustinas recoletas que dejaron su contribución a la misión. El ejemplo de Itárica fue propuesto para promover un corazón misionero en todas las personas.

Itárica lleva dedicados a la Misión de Lábrea 18 de sus 73 años de vida. Es natural de la región rural de Afonso Cláudio, municipio del estado brasileño de Espíritu Santo. A los 13 años de edad tuvo sus primeras inquietudes vocacionales aunque su decisión definitiva por la vida consagrada se dio cuando contaba con 19 años: “Mi vida no está aquí, sino como religiosa”, dijo a su madre cuando esta le preguntó en qué pensaba.

Con el apoyo de su familia, se trasladó hasta Vitoria, la capital de su estado, para iniciar un acompañamiento con las Misioneras Agustinas Recoletas. A los 23 años profesó y se trasladó hasta Río de Janeiro y, posteriormente, a Castelo, localidad de Espíritu Santo cercana a su municipio de origen.

En 1985, con 33 años, llega a Lábrea. Se dedicó especialmente a las comunidades ribereñas, visitando cada hogar y evangelizando al pueblo más desfavorecido de la Amazonia. Estuvo firmemente comprometida en la defensa de los derechos de los más pobres y ejerció un importante papel de denuncia de la corrupción política, lo que incluso le llevó a sufrir amenazas y represalias por parte de las fuerzas policiales.

Actualmente trabaja codo con codo con las comunidades de base: “Si fuera necesario, haría todo eso de nuevo, siempre a favor del Reino de Dios”, dice hoy de los tiempos más difíciles de su trabajo misionero.

El pueblo de Lábrea guarda con mucho cariño todo ese compromiso de las Misioneras Agustinas Recoletas, a las que sigue acogiendo con gozo y junto a las que trabaja diariamente sin descanso.


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