Misiones y obras sociales. Misioneros hoy

Evangelización

Los comienzos de la organización de la Iglesia en Lábrea

Durante el siglo XIX, mientras gran parte de Brasil había quedado marcado por la actividad misionera y educativa de la Iglesia, el río Purús todavía era casi desconocido. El primer misionero estable fue el capuchino genovés fray Pedro de Ceriana, quien fundó en 1854 la misión de San Luis Gonzaga con indios muras, canuicís, mamurús, katukinas, sipés, jamamadís y apurinás. La experiencia duró sólo dos años debido al acoso de los comerciantes y el gobierno.

En esa época el Purús ya estaba habitado por blancos hasta Canutama: comerciantes despiadados, crueles, ambiciosos, corruptos y asesinos de indios. Debido a estos abusos, Antonio Macedo Costa, obispo de Pará, no aceptó la subordinación de los misioneros a los civiles y sugirió la fundación de colonias-misiones que velarían para que los indios no fuesen engañados.

Seis misioneros franciscanos, procedentes de Bolivia comenzaron la experiencia en septiembre de 1870. Pero las enfermedades, la falta de compañeros y recursos financieros, el fracaso de los asentamientos y, sobre todo, los abusos de patrones y comerciantes les obligaron a abandonar la misión en 1881.

Las graves dificultades sociales y la situación de explotación en que vivía la mayor parte de la población provocaban grandes tensiones que los primeros evangelizadores del Purús vivieron en sus carnes. Las graves dificultades sociales y la situación de explotación en que vivía la mayor parte de la población provocaban grandes tensiones que los primeros evangelizadores del Purús vivieron en sus carnes.

El obispo envió también al cearense Francisco Leite Barbosa, recién ordenado. El 8 de septiembre de 1878 tomó posesión de la nueva parroquia de Lábrea. Ejercía su actividad desde la desembocadura del Purús en el Solimões-Amazonas hasta la frontera con Perú y Bolivia: 400.000 km2. En 1908, tras treinta años de trabajo pastoral, se retiró.

Tras Leite, tres sacerdotes seculares atendieron sucesivamente la parroquia de Lábrea: Ulises Montesano acabó de construir la catedral; Manuel Monteiro, nacido en la cauchería Carmo, en Canutama, primer sacerdote del Purús; y José Tito, que entregó la parroquia a los Agustinos Recoletos en 1926. Con el territorio que correspondía al estado de Acre se formó una nueva parroquia y más tarde una prelatura.

En 1878 se creó también la parroquia de San Juan Bautista en Arimá, el mayor núcleo de población después de Lábrea. Tenía una capilla de estacas y tejas dedicada a san Juan Bautista. En 1897 fue trasladada su sede a Canutama. Los primeros tiempos fueron de enfrentamientos diversos entre el párroco y los habitantes.

En 1901, José Lorenzo, obispo de Amazonas, “salió de Canutama llevando amargos recuerdos”. Manuel Hurtado, primer párroco, a la vista de las pésimas informaciones sobre su destino, ni se presentó allí. Los problemas con los siguientes párrocos fueron numerosos y graves. José Laurindo sufrió grandes afrentas y sinsabores. Su sucesor, Manuel José, fue perseguido, calumniado y encarcelado por los jefes de la localidad.

Le sucedió Francisco Villa. Fue un excelente educador, pero las desavenencias con los jefes del pueblo fueron serias. En 1917 dejó el sacerdocio. En esta situación recibieron los agustinos recoletos la futura prelatura de Lábrea, el 17 de octubre de 1926.

1926-1942: los inicios de los Agustinos Recoletos en Lábrea

La Iglesia ofreció en 1924 a la Provincia de Santo Tomás de Villanueva de los Agustinos Recoletos la prelatura de Lábrea. Sólo dos religiosos comenzarían la misión: Ignacio Martínez y Marcelo Calvo, éste último como administrador apostólico. Tomaron posesión de la prelatura el 17 de octubre de 1926.

Pasada la época de la prosperidad del caucho, Lábrea decae. Para cuando llegan los Recoletos, es un mísero villorrio en ruinas de menos de 400 habitantes, foco de fiebres mortíferas. La vida espiritual corre pareja con la material. Había que comenzar de cero, sin recursos humanos o económicos. La llegada de los recoletos Bienvenido Beamonte y Juan Altarejos permitió a Ignacio Martínez comenzar el 2 de abril de 1927 las “desobrigas”, viajes pastorales por las caucherías que han durado hasta hoy. Volvió el 2 de agosto tras visitar 70 poblaciones, celebrar 838 bautismos y 269 matrimonios y haber predicado 141 sermones.

El trabajo de los misioneros y su relación con la gente fueron suavizando el sentir pesimista de los primeros recoletos sobre Lábrea. La música fue uno de los elementos que les reconciliaron con el pueblo y la región. La Archifilarmónica Labrense, dirigida por Beamonte, fue el mejor medio para desarrollar su apostolado.

Una de las primeras decisiones de Marcelo Calvo fue comprar una barcaza de siete metros bautizada con el nombre de “San Agustín”. Fray Bienvenido le adosó una rueda a la popa: dos hombres en las palancas producían la velocidad de seis en los remos.

En 1930, Monseñor Marcelo, entrado en años y enfermo, presentó la dimisión como administrador apostólico. Ignacio Martínez fue nombrado su sucesor. Tenía 28 años.

Los religiosos contribuyeron a la renovación de Lábrea, animaron la vida cultural y construyeron infraestructuras: pozo, plantaciones, cría de animales, electricidad, fabricación de ladrillos. En 1936 abren una escuela parroquial con 90 alumnos.

Desde 1932, la prelatura dispuso de una casa en Manaos para apoyo de los misioneros que daría origen a la actual Parroquia de Santa Rita. A partir de 1937, la familia agustino-recoleta aumentó con la presencia de tres monjas que dejaron sus conventos de clausura en España para abrir el colegio de Nuestra Señora de la Consolación. Tres años más tarde, enfermas y sin recursos, se vieron forzadas a abandonar la misión.

Este primer periodo concluye con la muerte de monseñor Ignacio Martínez. El 1 de febrero de 1942 embarcó en el “San Agustín” para hacer desobriga en el Bajo Purús. Más allá de Canutama se sintió mal. El 16 de marzo, en la cauchería Nueva Fe, expiró dentro del barco. Hasta ese año, doce recoletos habían pasado por la Misión.

1942-1970: Nuevos aires

En 1940, el municipio de Lábrea tenía 22.800 habitantes; la cabecera, 1.247. Canutama tenía 10.710 habitantes, 947 en la zona urbana. Una de las primeras decisiones de Francisco Martínez como vicario, tras la muerte de Ignacio Martínez, fue nombrar párroco de Canutama a Isidoro Irigoyen. Allí permaneció veintiséis años, hasta 1968.

La sociedad labrense recuperó el ánimo y el crecimiento social con la ayuda del trabajo intenso de los Agustinos Recoletos. La sociedad labrense recuperó el ánimo y el crecimiento social con la ayuda del trabajo intenso de los Agustinos Recoletos.
En 1944 se nombró a José Álvarez Macua administrador apostólico y en 1947 primer obispo de Lábrea. Los recoletos llevaban ya 18 años en el Purús. Las desobrigas duraban 30, 60, 90 días y arruinaban la salud de los religiosos. La actividad pastoral en las cabeceras giraba en torno a la catequesis, los movimientos apostólicos y las devociones. Se dio un gran impulso a la educación y a la construcción de escuelas. En 1949 fue creada la parroquia de San Agustín de Terruá, embrión del municipio de Pauiní. Lo que más entusiasmó a las gentes fue la construcción de un amplio y sólido barracón de madera, que al mismo tiempo servía de capilla y escuela.

En marzo de 1954, llegaron las Misioneras Agustinas Recoletas para hacerse cargo de la escuela “Santa Rita” de Lábrea. Y en 1967 llegaban los primeros hermanos maristas para abrir una escuela secundaria.

Dado el éxito logrado en Pauiní, se pensó dividir también la extensa parroquia de Canutama. Cuando se creó la parroquia de Tapauá, en 1964, la madera que se envió para la construcción de la casa parroquial acabó usándose en una escuela, al ver los religiosos la situación educativa del lugar.

Los misioneros pasaban estrecheces económicas. Aprovechaban las épocas de descanso y recuperación en Río de Janeiro y São Paulo para predicar, hacer campañas de apoyo. Desde 1963 las agencias alemanas “Misereor” y “Adveniat” han ayudado periódicamente a la Misión.

Durante la década de los sesenta se construyeron residencias para los misioneros. En Lábrea fueron los misioneros los que decidieron construir el aeródromo una vez que se retiraron en 1965 las líneas de transporte con hidroaviones “Catalina” en el Purús.

La normalización de los transportes aéreos y la construcción de la pista de aterrizaje fueron promovidos por los Recoletos. La normalización de los transportes aéreos y la construcción de la pista de aterrizaje fueron promovidos por los Recoletos.
El 24 de junio de 1960, con la creación de la Provincia de Santa Rita, desmembrada de la de Santo Tomás de Villanueva, la Misión de Lábrea pasó a pertenecer a la nueva, con sede en Ribeirão Preto (São Paulo). Santa Rita envió religiosos a la Prelatura, pero seis años después se vieron obligados a pedir a otras Provincias voluntarios para la misión de Lábrea. Cuatro religiosos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, recién ordenados, fueron enviados en 1966 para fortalecer la Misión.

José Álvarez, tras 35 años en la Amazonia, 25 en Lábrea, salió al final de 1967 para el sur del Brasil. La Santa Sede nombró administrador apostólico a Mario Roberto Anglin, obispo de Coarí. La renovación del Vaticano II sorprendió a la misión sin obispo. Llegaron misioneros jóvenes, mientras que otros que habían prestado grandes servicios a Lábrea pidieron la secularización o fueron trasladados a otros ministerios.

1970-1980: La renovación postconciliar

En 1970, el prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, Luis Garayoa, hizo una llamada a las Provincias de la Orden pidiendo voluntarios para Lábrea. Escogió a siete de tres provincias distintas. Uno de ellos, Florentino Zabalza, fue consagrado obispo el 28 de agosto de 1971 y tomó posesión de la prelatura. Comenzaba una nueva época, que se presentaba bajo el signo de la renovación.

Actividades misioneras y sociales de los Agustinos Recoletos en los años 70 en la misión de Lábrea.
Los Maristas extendieron su actividad pedagógica a Canutama (1973) y Tapauá (1974). Continuaron las obras: en 1974 se inauguró la iglesia de Pauiní; se concluyeron la escuela, residencia e iglesia de Canutama; se reformó la catedral de Lábrea, se hizo un centro comunitario y se amplió la escuela “Santa Rita”. En la década de los ochenta también se inauguraron la iglesia de Fátima de Lábrea, y diversas capillas y centros comunitarios en Pauiní, Tapauá y Canutama. Se daban cursos de actualización a profesores, cursos de culinaria, corte y confección, manicura, tapicería, pintura. Se atendía la sanidad y a las familias necesitadas. Se organizaron cooperativas y cursos de técnicas agrícolas, se trataba de conseguir que las tierras compradas por paulistas y paranaenses volviesen a los labreenses.

Las cuatro cabeceras de municipio se modernizaron. El uso de la electricidad se hizo general. En 1978 llegó la televisión a Lábrea; se inauguró una fábrica de transformación del caucho; se estableció el Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición; se reasfaltó el aeropuerto y se construyó una Terminal para pasajeros. Llegó el Banco de Amazonas y los teléfonos. Lábrea quedó unida al mundo por tierra a través de la Transamazónica.

De los 50.000 habitantes de la misión, sólo 8.000 vivían en los núcleos urbanos y recibían cierta atención. El pueblo esparcido por los ríos veía al sacerdote, en el mejor de los casos, una vez al año. Los religiosos pasaban meses en el interior rural, con trabajo, sacrificio y enfermedades.

Actividades misioneras y sociales de los Agustinos Recoletos en los años 70 en la misión de Lábrea.
En 1975 se redactó el plan “Pastoral de la Prelatura de Lábrea”, que abrió el campo a la participación de agentes de pastoral de base, personas que asumieran compromisos y se formasen para sus tareas: celebración de una reunión dominical, relaciones con los protestantes, compromiso social, etc. La formación de estos agentes fue el primer paso para el establecimiento de comunidades eclesiales de base en la zona rural. Se llegaron a formar más de noventa y transformaron la misión.

Se crearon una serie de pastorales nuevas sobre necesidades que requerían una atención especial: pastoral de la juventud, pastoral familiar, pastoral indigenista. También se creó la figura de la Iglesia Hermana, papel que recayó en la diócesis de Vitoria (Espíritu Santo, Brasil), que ayudó con recursos materiales y humanos.

Los religiosos mantenían encuentros anuales de estudio, oración, evaluación y planeamiento. Asistían a cursos de la Pastoral de la Tierra, Pastoral Indigenista, bíblicos. Se determinó la implantación del Sindicato de Trabajadores Rurales, así como alertar a las autoridades sobre la venta de tierras indígenas. En 1979 se celebró la primera Asamblea General precedida de reuniones en cada parroquia.

La provincia de Santa Rita tomó en 1960 con mucho interés la misión de Lábrea, pero sufrió una fuerte crisis vocacional. A mitad de los setenta sólo dos religiosos de la Provincia de Santa Rita quedaban en la prelatura. Finalmente, desde 1979 la misión de Lábrea pasó a depender de la provincia de San Nicolás de Tolentino.

Años 80 y 90: la Provincia de San Nicolás de Tolentino se hace cargo de la Misión

Al hacerse cargo la Provincia de San Nicolás de la misión, desembarcaron en la Prelatura un puñado de sacerdotes jóvenes. Para evitar la soledad se reforzaron las comunidades, pero desobrigas, enfermedades, reuniones, cursos, viajes para tramitar el permiso de residencia de los extranjeros y otras causas multiplicaban los periodos en que sólo quedaba un religioso en cada comunidad.

Pauiní a comienzos de los años 80.
Las áreas pastorales prioritarias que las Asambleas Generales han propuesto desde entonces han sido la familia, la participación de los laicos, las comunidades eclesiales de base, la pastoral indigenista, la pastoral de la tierra, el acompañamiento de movimientos populares, la opción por los pobres, la participación popular, la lucha contra toda injusticia y a favor de los derechos humanos, el rechazo a toda violencia, la formación de conciencia crítica, la educación y la infancia-adolescencia.

Florentino Zabalza fue obispo de la Prelatura de Lábrea entre 1971 y 1994. Falleció en Madrid en el año 2000. Pertenecía la Provincia de Nuestra Señora de la Consolación.
En la década final del siglo XX aumentaron los movimientos migratorios del interior de los ríos a la cabecera de los municipios, y de la cabecera de los municipios a la capital del Estado. Se hizo especial hincapié en la defensa de los derechos de indígenas y ribeirinhos -los habitantes del interior de la selva-. La llegada de los latifundistas exigiendo ante los tribunales sus derechos propició una batalla en la que solo la Iglesia estaba al lado de los más perjudicados, los verdaderos habitantes de esa tierra.

La iglesia de Lábrea también hizo un gran esfuerzo en el apoyo y organización de movimientos populares, sindicatos de trabajadores rurales, estibadores y profesores, asociaciones de lavanderas y enfermos de lepra, asamblea de pueblos indígenas, comisión de defensa de derechos humanos, grupos de jóvenes.

Siglo XXI

En la última década se han fortalecido otros aspectos, una vez que otras instituciones y los movimientos populares fueron trabajando más y mejor. La Pastoral Familiar, la Pastoral de la Infancia y la Pastoral de Interior (atención a los ribeirinhos) han sido ejes del trabajo misionero.

La catequesis está plenamente asumida por los seglares y atiende a los jóvenes desde los 6 hasta los 18 años. Es también la puerta para un compromiso con la sociedad. Métodos como el de la Infancia Misionera, los Pre-Jóvenes y la pastoral de adolescentes, han tenido significativos frutos en el nacimiento de los futuros líderes.

La emigración de jóvenes a Manaos dificulta la preparación y programación a largo plazo. Los más conscientes y capaces son los que antes toman la decisión de salir en busca de una vida mejor. La prelatura se ha convertido en exportadora de catequistas.

Desde la llegada de los Agustinos Recoletos el barco se ha constituido como uno de los principales centros de operaciones pastorales y sociales. Todas las parroquias cuentan con barcos y equipo de visita a las comunidades rurales que pasan meses en los ríos y sus afluentes. En la imagen, el "Regnum Tuum", barco de la parroquia de Lábrea.
Uno de los fracasos ha estado en la formación de clero propio y vocaciones religiosas. La inauguración de un seminario, los acuerdos con otras diócesis para la formación de candidatos y los equipos de animación vocacional no han tenido resultado.

Uno de los puntos que ha requerido más atención con el cambio de siglo ha sido el de las sectas religiosas. En poblaciones como Tapauá la presencia de estas sectas está fuertemente arraigada en la historia local. Son iglesias neopentecostales radicales, extremistas, fundamentalistas, algunas de ellas nacidas por un interés político o económico y con raíces en el exterior: la Iglesia Universal del Reino de Dios, la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, la Iglesia Renacer en Cristo, La Iglesia Mundial del Poder de Dios, la Asamblea de Dios, la Iglesia Cuadrangular, la Misión de Filadelfia.

Algunas de estas iglesias son un lobby político y económico en el país, poseen medios de comunicación y sus pastores están entre los más adinerados. Se dividen continuamente y tienen muy pocas cosas en común, pero se destacan tres: su aversión hacia lo católico; su espiritualismo sentimental, fanático, irracional y alejado del compromiso social; y su descentralización e independencia respecto a otras iglesias aún de su misma confesión.

A partir de los años 90 y hasta hoy, ha llegado el apoyo de instituciones públicas y privadas, brasileñas y extranjeras, a proyectos sociales concretos. Los ámbitos de la agricultura, las asociaciones sindicalistas y la educación de los adolescentes son los que más recursos han recibido. Se han construido centros sociales, espacios para la formación y el encuentro, se han mejorado los medios de comunicación e implantado radios comunitarias, se ha puesto en marcha un centro de pastoral en Lábrea, se ha preparado la infraestructura de tres “Centro Esperanza” para la prevención y formación ocupacional de los jóvenes en Lábrea, Tapauá y Pauiní, se han financiado las visitas al interior de los ríos y los cursos de formación para líderes ribeirinhos.

Escuela en Pauiní, de titularidad del Estado de Amazonas, pero con el nombre de un recoleto. El papel de la Prelatura en la Educación continúa siendo importante. El Estado y los municipios han invertido mucho en los últimos años, pero la Prelatura continúa aportando su grano de arena en la educación no formal, el tiempo libre, el trabajo preventivo fuera de las aulas y, más ocasionalmente, la presencia de religiosos en las aulas.
El 20 de agosto de 2004 la Provincia de San Nicolás firmó un acuerdo con la provincia filipina de San Ezequiel Moreno por el que, entre otras cosas, la Misión de Lábrea ha contado con religiosos filipinos reforzando las comunidades.

El 1 de enero de 2005, y tras casi 80 años de presencia ininterrumpida, la Provincia de San Nicolás cerró la comunidad de Canutama. Con ello, la Provincia de San Nicolás se quedó con tres comunidades dentro de la misión (Lábrea, Tapauá y Pauiní) y la casa de apoyo de Manaos, capital del Estado.

Los desafíos de la Misión de Lábrea para la Orden de Agustinos Recoletos son grandes, impuestos por las condiciones físicas del lugar, el aislamiento y soledad de los misioneros o el clima de desesperanza casi genético en el pueblo al que sirven.

Institutos religiosos en Lábrea

Importante ha sido la labor del resto de institutos religiosos que han colaborado con los Agustinos Recoletos a lo largo de la historia de la misión.

Las Misioneras Agustinas Recoletas tienen una historia paralela y cercana en la Misión desde los años 30 con su primer intento de establecimiento. Desde 1954 su presencia en la educación ha sido permanente. Han actuado en la alfabetización de adultos, cursos técnicos, catequesis, enfermos, indígenas, ribeirinhos

Misioneras Agustinas Recoletas en Lábrea.
Los Hermanos Maristas llegaron en 1967 a Lábrea, en 1973 a Canutama y en 1974 a Tapauá. Tras dirigir escuelas en todos estos municipios salieron de Tapauá en 1988 y de Canutama en 2005. También han colaborado en catequesis, grupos de jóvenes, movimientos apostólicos, visitas a los enfermos, celebraciones, asistencia social... Han estimulado la promoción social y la formación profesional, instalando serrerías, fábrica de ladrillos, escuela de carpintería y mecánica, dactilografía y horticultura.

Los Hermanos Maristas en la Prelatura de Lábrea han tenido colegios en Lábrea, Canutama y Tapauá.
Las Misioneras de Jesús Crucificado mantuvieron una comunidad en Pauiní entre 1983 y 1993. Viajaban por el río, dirigían la catequesis, animaban grupos de jóvenes, la liturgia, la asociación de lavanderas, formaban a los líderes de las comunidades y participaron en la Pastoral de la Tierra.

Las Oblatas de la Asunción llegaron a Tapauá en 1993. Entre sus trabajos han estado la catequesis, salud, educación, formación de líderes, indígenas (CIMI), Pastoral de la Infancia y atención a la población rural. Entre sus sueños y proyectos inmediatos está la apertura del Hogar del Adolescente Hermana Rosa.

Las Misioneras Marianas llegaron a Pauiní en 1999. Han participado activamente en Pastoral de la Salud, la Pastoral de atención a la población de los ríos y el Centro Esperanza.

Dos movimientos laicales se han encargado sucesivamente de la atención pastoral en Canutama, tras la salida de Maristas y Recoletos: entre 2005 y 2010 la Comunidad Epifanía, fundada en 1994 en Vitoria (Espíritu Santo, Brasil); y la Comunidad Misión Rescate, nacida en 2001 en la diócesis de Crato (Ceará, Brasil), desde 2010.


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