Misiones y obras sociales. Misioneros hoy

CARDI, Centro Agustino Recoleto de Desarrollo Integral, México D.F.

Antecedentes

La zona de Hospitales se compone de tres centros: el Hospital General, para quienes no tienen otro tipo de servicio médico; el Hospital Infantil Federico Gómez, especializado en pediatría; y el Hospital Centro Médico Siglo XXI para los inscritos en la Seguridad Social. Anualmente tienen 50.000 ingresos, hay 850.000 consultas externas y 2.500 fallecimientos. El 60% proceden de fuera del Distrito Federal y el 72% tienen recursos económicos bajos o muy bajos.

A comienzos del siglo XX se construyó un templo de reducidas dimensiones que los fieles llamaron Nuestra Señora de Guadalupe de los Hospitales. En tiempos de la guerra cristera la pequeña iglesia fue clausurada y desamortizada, pero se abrió de nuevo al culto por presión popular. Se erigió como parroquia en 1947 con menor extensión geográfica para facilitar la atención a los enfermos.

La llegada de los Agustinos Recoletos

En 1961, el cardenal Miguel Darío Miranda buscaba quien atendiera este ministerio. Los Agustinos Recoletos, en expansión en México, se comprometieron a gestionar la parroquia y ser capellanes del centro hospitalario. El 2 de octubre fue la toma de posesión, con una comunidad de cuatro recoletos. En 1963 el complejo sanitario creció y aumentó la cifra de atendidos. Se decidió la construcción de un nuevo templo. Las obras duraron poco más de un año y fueron motivo de atención en los medios.

A principios de 1979 la Parroquia fue noticia con la visita de Juan Pablo II al Hospital Infantil. El siguiente hito histórico y mediático fue el terremoto de 1985: el 50% de las edificaciones del barrio se vinieron abajo. El número de fallecidos fue muy alto, también los daños económicos. Los Agustinos Recoletos abrieron todos los espacios parroquiales a la atención de emergencia.

El terremoto cambió el perfil sociodemográfico del barrio. Antes estaba caracterizado por familias tradicionales de gran religiosidad, generosidad y colaboración con la Iglesia. Tras el terremoto, la población fue flotante, disminuyó el nivel de vida y aumentó la delincuencia. El barrio pasó a ser conocido por su peligrosidad.

Un mundo con nuevas necesidades

A comienzos del siglo XXI, la Provincia de San Nicolás de Tolentino comenzó su reestructuración. La sociedad era diferente, con cambios en los sistemas educativos, en la comprensión del ser humano, la visión sobre el hecho religioso como algo más privado que público, la influencia de las nuevas tecnologías, la nueva economía y la exaltación de la libertad individual.

También las órdenes religiosas eran diferentes: los religiosos se preguntaron sobre sus formas de presencia y testimonio en la nueva sociedad. Varió la conformación de sus miembros con la internacionalización y la multiculturalidad, la diferencia generacional, la disminución en número sin eliminar tareas y servicios a la Iglesia y a la sociedad.

En la Asamblea General de la Vicaría de México y Costa Rica del año 2004, los religiosos se preguntaron sobre los lugares a los que habrían de dedicar más y mejores fuerzas y recursos. Se aprobó la presencia en los Hospitales y la colaboración abierta y corresponsable con la sociedad. Los religiosos y unos pocos ministros de la comunión no podían ser los únicos protagonistas, la nueva sociedad exigía calidad de servicios y atención esmerada, profesional, con recursos e infraestructuras eficientes.

Los religiosos aprobaron un proyecto social representativo de los Agustinos Recoletos. Comprendieron la inmensa responsabilidad de su presencia en la Colonia Doctores, una de las más conflictivas en el Distrito Federal, y de su ardua labor en los centros de salud, con condicionamientos que diferían de los históricamente observados.

El Hospital General, el Centro Médico Siglo XXI y el Hospital Infantil Federico Gómez son centros de referencia para todo el país. Nacieron para atender a los habitantes de la Ciudad de México, pero ahora el 60% de sus pacientes proceden de fuera. Así se añade un nuevo actor: los familiares que llegan desde lejos, con lo puesto, para acompañar a los pacientes derivados por el sistema nacional de salud. CARDI era la acomodación de un trabajo de siempre a una realidad actual; una huida de la autogestión corporativa para crear una red de enlaces, personas e instituciones que desean aportar su colaboración, sus ideas, su tiempo, su profesionalidad, sus recursos. Sus siglas significan oficialmente Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral. Pero las letras AR también hacen referencia a la Orden que lo ha ideado y lo gestiona: Centro Agustino Recoleto de Desarrollo Integral.

Los objetivos del CARDI

CARDI tiene tres frentes de atención: los pacientes, los familiares que los atienden y los voluntarios y la red de solidaridad creada a su alrededor. En los tres casos, la vida de estas personas se ve modificada por la enfermedad, con consecuencias psicológicas, económicas y laborales.

Esta Asociación Civil reconocida legalmente ha reorganizado y planificado la atención espiritual y psicológica con un programa integral. El Centro es un espacio de descanso y aseo, un dispensario de medicinas y material médico a bajo coste, con servicios dentales, consulta y atención psicológica, acciones de rehabilitación, terapias individuales y grupales, Escuela de Pastoral de la Salud, salas de descanso, servicios con duchas, centro de comunicación, consignas y un área de gestión, administración y supervisión de la actividad de los voluntarios.

CARDI imparte talleres, diplomaturas y cursos sobre tanatología, psicología, gestión del dolor o la tragedia, humanización de la salud. Orienta sobre ayudas y derechos. Involucra a otras instituciones y administraciones públicas para que sus ayudas y tareas sean más efectivas. Con su trabajo de campo, CARDI selecciona y presenta casos concretos a otros agentes haciendo sus servicios más eficientes y directos.

Medios para un fin

Durante años los costes de la atención a los Hospitales recayeron en la parroquia. A mayor número de servicios, también corresponde una mayor necesidad de recursos. Entre 2006 y 2010, 80.000 personas habían recibido algún tipo de servicio de CARDI. La economía parroquial no podía sufragar el proyecto. La inversión para la construcción y equipamiento del edificio es sólo una parte: está cada proyecto concreto, los cursos, la entrega de alimentos y medicinas, las llamadas telefónicas, los gastos fijos… Muchas instituciones y personas colaboran en ello.

Las acciones de CARDI se desarrollan desde un ámbito profesional. Para atender momentos de dolor y pérdida no basta la buena voluntad, es necesaria una calidad profesional y esmerada. Los voluntarios son formados en la Escuela de Pastoral de la Salud San Ezequiel Moreno a partir de tres plataformas: la Psicoterapia Gestalt, la Logoterapia y la Tanatología. Los cursos, abiertos a la sociedad, tienen un coste para los alumnos y ayudan a sufragar los gastos operativos del edificio.

Perspectivas dentro del hospital

La enfermedad, el dolor y la muerte son parte inherente del misterio del ser humano y modifican la vida de las personas con implicaciones afectivas, sociales, laborales, familiares... No es fácil para los enfermos. Las consultas de diagnóstico y preoperatorias, las cirugías y los tratamientos postoperatorios se llevan a cabo a muchos kilómetros del hogar, en un promedio de ocho horas de viaje.

Los problemas detectados en los enfermos son la carencia de atención psicológica para la aceptación de la enfermedad; difícil acceso a medicamentos y aparatos, cuanto más sofisticados o especializados, más caros; falta de acompañamiento en los viajes, en la hospitalización y en las consultas externas; falta de un lugar de descanso y aseo, un lugar tranquilo en una gran ciudad inhóspita y muchas veces cruel e injusta con ellos.

A los familiares les sobrevienen cargas económicas inesperadas, traslados, lejanía del hogar que a veces provoca la pérdida del trabajo. En el Hospital sólo acompañan a sus enfermos. Alimentarse, dormir, lavar la ropa o ducharse son actividades normalmente resueltas que en la gran ciudad tienen difícil solución. El familiar sufre desequilibrio, angustia, estrés y, a medida que la hospitalización se extiende, presión económica.

Los voluntarios llegan con ganas de ayudar, pero no es fácil acercarse al ser humano que vive en el dolor, necesitan herramientas adecuadas: un mensaje que anime al enfermo o al familiar, una calidad humana, un saber mirar, hablar, escuchar, tocar.

Uno de los lugares más difíciles de gestionar humanamente es un hospital. La situación anímica de cada trabajador, paciente o familiar influye en un contexto muy sensible. Es habitual el estrés, la depresión, el nerviosismo, el cansancio. CARDI ayuda a reducir los conflictos. Los profesionales de la salud pueden formarse en la “humanización de la salud”: tratamiento al ingresado, comunicación de noticias trágicas o contacto con el familiar. En muchos casos, su formación ha sido exclusivamente científica, pero su contacto diario con personas en dificultad requiere otras cualidades.

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