“Ahora ya nos sentimos totalmente unidas a los misioneros”

Diálogo abierto con las hermanas de la última fundación de las Agustinas Recoletas de clausura, en Brasil
noticias | 18 jul 2004
Las dos comunidades recoletas de Guaraciaba, con el provincial
A casi 400 kilómetros de Fortaleza (Estado de Ceará, en el nordeste brasileño, en esa “curva” que da el mapa de Brasil en su costa) se encuentra la pequeña localidad de Guaraciaba del Norte, dentro de la diócesis de Tianguá. Situado en la altiplanicie de la Sierra de Ibiapaba, el lugar es un paraíso en el que la temperatura nunca baja de los 16 grados ni sube de los 26. Francisco Javier Hernández Arnedo, agustino recoleto, es desde 1991 el obispo de esa diócesis de Tianguá. Y ha conseguido tener en su diócesis dos comunidades recoletas: una de religiosos y otra de monjas de clausura. Con el monasterio todavía en obras, las ocho monjas llegaron a Brasil y pudieron instalarse en una casa prestada por una buena mujer. Hoy esperan ansiosas que terminen las obras para inaugurar el nuevo convento. En un año ya han conseguido la cercanía y el cariño del pueblo, incluso media docena de vocacionadas y jóvenes muy interesadas en su forma de vida. Pero, ¿qué es lo que ha representado para estas ocho monjas salir de su monasterio en Ahuacatlán (México) para abrir una fundación en un país desconocido para ellas y de una lengua y culturas tan diferentes? En primer lugar, llevar la vida religiosa contemplativa a un lugar donde, hasta ahora, no existía. En los encuentros vocacionales diocesanos llama profundamente la atención ese nuevo estilo de vida, inédito y desconocido para todos. Una diócesis sólo es madura cuando todas las vocaciones eclesiales posibles están en ella. Para monseñor Hernández, antes de la llegada de las agustinas recoletas estaba faltando en su diócesis un eje fundamental de la vida cristiana: la vida contemplativa. Y por eso, aconsejado por el recoleto Juan Manuel Ramírez Sixtos (presente en su diócesis desde la fundación de la comunidad masculina de agustinos recoletos en 1999), buscó en los conventos de clausura de México una comunidad para su diócesis. Del monasterio de Ahuacatlán ocho jóvenes recoletas, emprendedoras y valientes, se lanzan y dicen que sí a las propuestas del obispo. El monasterio del que provienen es rico en vocaciones y tan fecundo que ha hecho dos fundaciones prácticamente al mismo tiempo. Y de nuevo ya está lleno de jóvenes que quieren seguir ese camino. Pero además, lo que más ha impresionado a las hermanas es que, por primera vez, pueden estar cerca de los misioneros. Entre 1999 y 2000 se abren en el Ceará dos nuevas casas de los agustinos recoletos. El objetivo: la promoción vocacional en Brasil y tener ministerios alternativos a la Misión de Lábrea, para descanso de los misioneros y conseguir personal de repuesto. Las recoletas de Guaraciaba han tenido así la oportunidad de recibir las visitas de los misioneros de la Prelatura, de escuchar sus historias, sus dificultades, sus alegrías y penas. Y esto, nos cuentan, les ha llenado de emoción y de sentimientos de unión con las misiones. La Orden se ha enriquecido mucho. Hasta ahora, los conventos de clausura siempre quedaron lejos de los misioneros, no en el corazón, pero sí en las posibilidades directas de comunicación, reducidas prácticamente a las cartas. Ahora las hermanas de Guaraciaba conocen a los misioneros en carne y hueso, lo que les ha llenado de alegrías y de mayores deseos de oración. Los recoletos, por nuestra parte, hemos ganado todavía más. Las oraciones constantes, el ejemplo admirable de alegría y la paz que ofrecen a todo el que las visita son cosas que no tienen precio ni parangón alguno en todos los años de historia de la provincia de San Nicolás de Tolentino en Brasil. “Ahora ya nos sentimos totalmente unidas a los misioneros”, dicen ellas. Y los misioneros encuentran en su monasterio un oasis de descanso, paz y oración que ha conmovido a cuantos han pasado por allí. En un espacio de tiempo que se espera breve, las recoletas podrán pasar a su nuevo monasterio. Allí tendrán espacios amplios para la oración y para el trabajo. Se ganan la vida con una panadería en la que hacen excelentes bizcochos, tartas y todo tipo de bollería, y su intención es llevar adelante una casa de retiros y reuniones pastorales, en las que ofrecerían su infraestructura y su buen hacer culinario. Con ello tendrán el autoabastecimiento deseado. Los agustinos recoletos agradecemos a las hermanas recoletas su oración y seguimos su ejemplo de corazones inquietos y valientes que buscan la voluntad del Señor, aunque sea ir muy lejos de la patria, aprender otra lengua e insertarse en lo desconocido. Dios les ha correspondido con el recibimiento de un pueblo alegre por su presencia y de unos religiosos que ahora tienen un apoyo cercano y acogedor en esas ocho hermanas.
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