La Palabra en la Eucaristía dominical: Domingo de Ramos

Mc 11,1-10: Bendito el que viene en nombre del Señor. Is 50,4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado. Sal 21,8-9.17-18a.19-20.23-24: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Flp 2,6-11: Se rebajó a sí mismo, por eso Dios lo levantó sobre todo. Mc 14,1-15,47: Pasión de nuestro Señor Jesucristo
pastoral | 20 mar 2018
Domingo de Ramos en el colegio Fray Luis de León, en Querétaro
Mc 14,1-15,47: Pasión de nuestro Señor Jesucristo

No es cuestión de que nos detengamos a comentar, aquí y ahora, la pasión y muerte de Jesús en la perspectiva de san Marcos, señalando el núcleo tradicional y los elementos personales. Pero sí hemos de sentirnos incitados a leer detenidamente el relato en su totalidad y a meditarlo devotamente en estos días que preceden a la celebración del Triduo Pascual. Es momento, quizás, de hablar menos y de meditar más. En este caso, saber conjugar entre sí los diversos contenidos que nos ofrece del misterio del Señor en su pasión y muerte, dejándolos resonar en el ámbito de nuestra conducta y vida. Comencemos ya a dejarnos impresionar por lo que Jesús es, por lo que trae, por el rechazo que recibe de la humanidad y por lo que, a través de ello, llega a ser: objeto de todo abandono y desprecio, y, como corona, la conquista de la salvación para toda la humanidad.

Mc 11,1-10: Bendito el que viene en nombre del Señor. 

La celebración se inicia con un triunfo, efímero en su realización concreta, pero eterno y radiante en su significación: Jesús es el Rey, el Hijo de David, el Ungido del Señor. Palmas, ramos verdes, alborozo, gritos de alabanza y proclamación; niños, niñas, discípulos, gentes del pueblo … Con la nota discordante de una desaprobación de ello por parte de las autoridades. Esa nota, inoperante por el momento, será la que regule y domine la voz que estentóreamente atraviesa el relato de la pasión: “¡Crucifícale!” Sintomática y significativamente la conjunción de estos dos elementos tan dispares: El triunfo real de Jesús a través de la pasión.

Is 50,4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Flp 2,6-11: Se rebajó a sí mismo, por eso Dios lo levantó sobre todo

Las lecturas precedentes, Isaías y Pablo, colorean hermosamente y manifiestan entrañablemente la profundidad y alcance del misterio. Dejan de ser prosa y se elevan a ser “poesía”: tercer Cántico del Siervo y el llamado Himno a Cristo de la carta a los Filipenses. Es de notar, por tanto, esa elevación de espíritu, para en el Espíritu, saborear la anchura, profundidad y altura de la obra de Cristo, en conjunción inmediata de los dos significativos extremos: “Ofrecí la espalda a los que me golpeaban … y sé que no quedaré avergonzado” (Isaías); “ … se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz …Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo nombre … y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre”.

 José Antonio Ciordia, St. Nicholas of Tolentine Monastery,  Union City NJ
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