Solmenidad de la Epifanía: Seguir la estrella hacia la Luz

«Dejarse deslumbrar por una estrella puede parecer hoy algo trasnochado propio de románticos y jubilados insomnes, pues nuestros ojos están más acostumbrados a los destellos de la pantalla. Sin embargo el asombro es un paso necesario que nos despoja de cuanto somos y hace que podamos ver, mirar, contemplar y gustar. Los magos simbolizan a tantos hombres y mujeres que se preguntan, buscan, caminan tras la luz».
pastoral | 06 ene 2018

A veces aparece una estrella o un simple destello y nace el asombro. La historia no es nueva, sucedió hace 2018 años cuando unos magos salieron de Oriente siguiendo una estrella. y eso que seguramente a lo largo de sus vidas habían contemplado cientos, millones de estrellas a partir de las cuales habían hecho sus predicciones. En esta ocasión los magos, que se dedicaban a la astrología y a la interpretación de los sueños, se dieron cuenta que aquella estrella no era como las demás. Su luz y resplandor les sedujo de tal forma que se pusieron en camino pues vieron en ella al Rey de los Judíos. Llegan a Jerusalén. Mateo nos presenta a Herodes sobresaltado al ver en peligro su soberanía e incluye la cita del profeta Miqueas, en la que aparece un detalle muy importante para la fiesta que hoy celebramos: De ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel. No sólo será rey de los judíos sino de todo el pueblo. Los magos, hemos escuchado, después de charlar con Herodes continúan su búsqueda y la estrella vuelve a aparecer llevándolos hasta Él, que estaba en brazos de María. Fue tal la impresión, que se postraron y comenzaron a adorarlo. Después de esta experiencia inolvidable, cambian de camino y desaparecen. Son muchas las consecuencias que podemos sacar de este relato. Pero me gustaría que nos fijásemos solamente en dos aspectos:

En primer lugar en la universalidad. ¿De quién son las estrellas? Su luz, su visibilidad no puede enlatarse, pertenece a todos. Cristo simbolizado por esa estrella es también universal. Hasta ahora solamente le habían visto los pobres, los ancianos y los pastores: María, José, Simeón, Ana y los pastores. Los magos son paganos y de una clase superior. No sólo pertenece a los judíos sino que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo nos dice la Carta a los Efesios. Y esa unión, esa universalidad en Cristo, piedra angular, la ponemos de manifiesto en cada eucaristía al sentarnos a una misma mesa dejando, se supone, a un lado nuestras diferencias. Cristo es luz para todos, piensen de la forma que piensen, para los cumplidores, los cristianos de verdad, los ocasionales y los que nunca vienen.

El otro aspecto es la actitud de los magos. Al llegar a la casa se ven desbordados de alegría y después de ofrecerle sus regalos desparecen por otro camino y ya no les guía la estrella sino el gozo que el niño les ha regalado. Su vida, pues, se transforma totalmente. Se convierten en pura epifanía, en manifestación de ese niño Dios que se ha quedado prendido en sus ojos..

Dejarse deslumbrar por una estrella puede parecer hoy algo trasnochado propio de románticos y jubilados insomnes, pues nuestros ojos están más acostumbrados a los destellos de la pantalla. Sin embargo el asombro es un paso necesario que nos despoja de cuanto somos y hace que podamos ver, mirar, contemplar y gustar. Los magos simbolizan a tantos hombres y mujeres que se preguntan, buscan, caminan tras la luz. La ceguera que nos ata a las cosas e impide que veamos más allá de nuestro ombligo mantiene ocultos estos detalles que necesitan de contemplación y asombro. En esa situación no hay estrella, ni niño ni asombro capaz de atravesar la espesa costra que nos envuelve. Pues sólo a los ojos limpios y sinceros se muestra la maravilla del milagro de la vida, del amor incondicional, de la alegría que inunda el ambiente. De esta forma podremos ver cómo ante nuestros ojos se hace transparente la belleza, la divinidad escondida de forma que nuestras pupilas quedarán transfigurados por la luz de este niño Dios que destella amor, alegría y paz. No los sucedáneos. Ojalá, intentemos de verdad ser en nuestra vida diaria como los magos, verdadera epifanía, verdadera manifestación de la luz que hemos encontrado y que se supone que nos llena de vida y nos hace que los demás se beneficien de nuestro hallazgo. En un día como el que la mayoría recibimos algún detalle es bueno ejercitar el agradecimiento y también el saber vivir de la ilusión y la alegría de los otro, que no podemos comprar ni prever. Es gratis igual que para los magos fue gratis el encuentro.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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