Jornada Mundial de la Paz: Buscar la paz y correr tras ella

«Ojalá que en este año que comenzamos no nos dejemos llevar por la corriente, que tomemos las riendas de la vida y nos comprometamos de verdad en la defensa de los débiles, de aquellos que tienen que salir de su ambiente para poder vivir, para que nadie los oprima».
pastoral | 01 ene 2018

Yo quiero que en este año te dejes de engaños. Cierto es que ahora mismo puedes dejar de leer este texto. Pero si continúas, te invito a reflexionar sobre los sueños y la realidad. La paz, ¿es un sueño? ¿podemos alcanzarla? Dice el Salmo: Busca la paz y corre tras ella, es decir, lucha sin descanso hasta que la obtengas porque de otro modo no podrá vivir plenamente. San Agustín afirma que es un bien tan grande que no puede poseerse otro mejor ni más provechoso. El lema de la Jornada Mundial de la Paz de este años nos habla precisamente deseo: Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz

¿Cómo podemos hacer realidad un sueño?¿Cómo hacernos sensibles de verdad? ¿Por qué si tanto admiramos a los que se dejan la vida en defensa de los más desprotegidos no somos capaces de hacer nosotros lo mismo en nuestra “geografía particular”? ¿Acaso nos hemos acostumbrado tanto a las malas noticias que se ha dado en nosotros una especie de inmunización ante el sufrimiento ajeno? ¿Solo nos preocupa el terrorismo cuando nos sabemos en el punto de mira? ¿Vivimos nuestra fe en clave de diálogo o hemos entendido la religión como una pelea de ciervos en plena berrea? Muchas preguntas y pocas o ninguna respuesta original.

La paz, como la cosas de gran valor, es frágil y fácilmente quebrantable. Por ello, requiere una vigilancia esmerada tanto para que reine en nuestro interior, como para que sea nuestra atmósfera vital, familiar, social, laboral... «Trabajen, oren, hagan todo lo posible por conseguir la paz; pero recuerden que la paz no es nada sin el amor, sin la amistad, sin la tolerancia». Esto se les decía el papa Francisco a los africanos de Bamgui en 2015. Amor, amistad y tolerancia tres palabras clave para construir la paz y hacer posible que permanezca.

En la Biblia, la paz implica estar en permanente armonía con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Por tanto, incluye bienestar, salud, justicia, , seguridad, amistad, felicidad…; esa es la paz que a quienes queremos ser sus seguidores nos ofrece Jesús. En la celebración de la eucaristía, antes de la comunión, compartimos esa paz de Jesús. Darse la paz en la celebración litúrgica, no es un gesto de buena educación ni un movimiento mecánico semejante al saludo de un Playmobil: sino la oportunidad de compartir la paz que brota de la comunión de unos con otros alrededor del altar.

Construir la paz, sembrar sonrisas no es tan fácil como sembrar discordias, blanquear sonrisas no se consigue a fuerza de dentífricos dorados, sino a base de un compromiso firme que permita que a nadie le prohíban sonreír, que tomemos en serio que debemos intentar siempre que los demás sean más felices que nosotros.

Ojalá que en este año que comenzamos no nos dejemos llevar por la corriente, que tomemos las riendas de la vida y nos comprometamos de verdad en la defensa de los débiles, de aquellos que tienen que salir de su ambiente para poder vivir, para que nadie los oprima

Despierta, tienes, tengo, tenemos todo un año por delante, para escapar del tópico, dejarte afectar y ponerte manos a la obra para afianzar el amor, la amistad y la toleracia. Ojalá dentro de una año podamos decir, como Melendi, que hemos soñado que todo es mentira. Feliz año nuevo.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)

 

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