Una vida dedicada al compromiso con los demás: Celestino Rodríguez Sabugo

“Se abrió ante mí un mundo nuevo: ¿qué hacer ahora? Limitaciones, impedimentos, miedos… y ¡la gran pregunta!: ¿Por qué?” “Compartir estas tareas, compartir el amor a Jesús con los hermanos, ha sido lo más gratificante que me ha ocurrido jamás.” “Fueron necesarios el tiempo, determinadas circunstancias y un sinfín de factores para que aquel Jesús fuera conscientemente aceptado y querido por mí.”
testimonios | 03 ene 2005

Presentación

1945 es el año de mi nacimiento. Son 59 años. Tantas cosas han pasado, tantos recuerdos… El pequeño de tres hermanos. Una familia humilde y trabajadora; cristiana y con profundo temor de Dios. Años difíciles, muy difíciles…

Contaba con nueve años, cuando mi familia se traslada a Madrid, después de un periplo por distintas ciudades a causa de la profesión de mi padre. El bachillerato lo comiencé aquí en la capital; después, los pinitos universitarios, el Magisterio…

Pasaro años de búsqueda, de contestación, de protesta, de implicación, de compromiso social, de militancia, de profundas inquietudes…

Más tarde hice las oposiciones que posibilitaron el ejercicio de mi profesión actual, funcionario de prisiones. Yo iba para maestro, ésa era mi gran vocación. La ejercí pocos años, la vida me empujó por otros derroteros. Sin quererlo, sin pretenderlo, encontré, de otra manera, aquella vocación que creí truncada y perdida para siempre; eso sí, en un mundo desconocido, el “mundo carcelario“, —despiadado, duro y cruel—.

Muy joven aún, con 20 años, se cruzó en mi camino la que hoy es mi esposa. Cuatro años después contraje matrimonio, fruto del cual, vinieron al mundo cinco preciosos hijos.

Joven todavía, a los 46 años, la enfermedad trunca mi vida profesional, y se convierte en causa de mi jubilación. Se abre ante mí un mundo nuevo: ¿qué hacer ahora? Todo son limitaciones, impedimentos, miedos… Un futuro incierto ante una situación irreversible, y ¡la gran pregunta!: ¿Por qué?

Mi esposa e hijos jugaron un papel decisivo ante tal situación —siempre daré gracias a Dios por ello—. No era tiempo de autocomplacencia. La felicidad no podía escaparse como agua entre los dedos…

¿Cuáles son tus dedicaciones ahora y qué te motiva a ello?

Hoy comparto mis tareas en la Iglesia como responsable del Equipo de Cáritas de la Parroquia de Santa Rita de Madrid, responsable del Centro de Cáritas en el Arciprestazgo de Nuestra Señora de los Dolores y Coordinador de Cáritas Parroquial para el Proyecto San Agustín.

Todo ello es posible gracias a la fuerza que imprime el Espíritu Santo y no lo es menos a la generosidad de un excelente equipo de personas —voluntarios—, que, conocedores de mis limitaciones físicas, saben y quieren estar a la altura de las circunstancias y hacen con su profundo amor y gratuidad que todo esto sea posible.

Compartir estas tareas, compartir el amor a Jesús con los hermanos, ha sido lo más gratificante que me ha ocurrido jamás. El sentido comunitario que tiene de expresión de amor y solidaridad definen por sí solos la razón por la cual comparto estas actividades.

Me siento real y verdaderamente feliz con lo que hago, me siento llamado a hacerlo. Siento un gozo y alegría indescriptibles. Ha calado tanto en mí, que se ha convertido en algo consustancial, intrínseco, vivencial. Es algo así como un estilo peculiar de vida, algo que llena, enriquece y hace crecer y madurar.

¿Qué valor ha tenido la fe en Cristo en tu vida?

He sido una persona muy comprometida en lo social, en lo político, en lo personal. Inquieto, expectante, buscador incansable, abierto a todos, entregado, militante comprometido, hacedor de utopías…

En este contexto, y criado en el seno de una familia cristiana, no puede resultar extraño que el conocimiento de Jesús me resultara desde pequeño algo familiar; algo, incluso, cotidiano. Pero fueron necesarios el tiempo, determinadas circunstancias y un sinfín de factores para que aquel Jesús del que me hablaba mi madre —con la dulzura que solo saben hacerlo ellas—, fuera conscientemente aceptado y querido por mí.

La disposición personal y permanente, la tendencia a la utopía de un mundo más justo y solidario que tantas veces se manifestaba en cuanto hacía, no terminaba de llenar del todo, no acababa de calar en el fondo de mi ser. Faltaba algo. Alguna pieza seguía sin encajar para que el puzzle de mi vida se completara, que las partes adquirieran un sentido global y único. Necio de mí. ¡Lo tuve tantas veces delante de mí! ¡Se me había dado tantas veces! Y yo, entretanto, ¡sin enterarme!…

Caí en la cuenta de que Cristo Jesús se me había dado siempre, se me había entregado sin solicitar nada a cambio y me había sonreído siempre. Comencé a percibirlo a través de las cosas, las mismas de antes, a través de las personas, algunas las mismas de antaño. A través de los acontecimientos, unos viejos y otros nuevos. Todo cambió cuando mi actitud se tornó predispuesta, abierta y permeable.

Redescubrí a un Jesús que daba sentido a cuanto hacía, a un Jesús que me invitaba y me ayudaba a ser feliz. A partir de aquí creció mi interés por su mensaje. Profundicé en él. Las respuestas a aquellos porqués no se hicieron esperar. La vida se cubrió de colores vivos, cálidos, acogedores, insinuantes, amables…

En toda esta experiencia de fe mucho ha tenido que ver mi esposa, con quien la he compartido haciendo que nuestro proyecto de vida sea más fructífero y, desde el Amor infinito de Dios y su mensaje, nos conduzca a una especial forma de ser y de actuar.

Durante este 2005 celebramos el año de la Eucaristía. ¿Ha significado algo especial la Eucaristía en tu vida?

Considero la Eucaristía en una doble vertiente: es un Sacramento de sacramentos. Me resulta único, íntimo, personal, privado —identificación total y plena con Jesucristo—.

Por otro lado, y aquí radica su grandeza, es público, comunitario. Dios en Cristo Jesús se hace alimento, se da todo Él, es plenitud, es saciedad, es encuentro, es amor universal, es esperanza, es celebración de su mismo sacrificio en la Cruz.

Jesús se nos hace presente, se nos hace actual, le tenemos ahora, aquí, y nos invita hoy a compartir su Cuerpo y su Sangre porque se entregó hasta morir para redimir al género humano y, más aún, nos ofreció la Resurrección y la Vida Eterna en alianza plena con el hombre.

¿Cómo crees que deben participar los laicos en la vida de la Parroquia y de la Iglesia en general?

Con sentido eclesial pleno, con auténtico compromiso de servicio a la Iglesia, a Dios y a los hermanos. Cada uno desde su carisma personal. Unos encaminados a la Liturgia, otros hacia la Catequesis como anuncio del mensaje, otros en la acción caritativa y todos en una Pastoral de conjunto global y única cuyo espíritu central sea el amor y el servicio.

¿Cuántos años llevas dedicado a trabajar en Cáritas?
¿Y en el “Proyecto San Agustín”?

Llevo en Cáritas Parroquial unos quince años. Como responsable del Equipo unos siete. En el “Proyecto San Agustín” alrededor de ocho años. Éste comenzó sus actividades en el año 1997.

Para concluir, muy brevemente, es justo dejar constancia de la importancia que para mí ha tenido la Parroquia en la profundización y crecimiento de mi fe, ya que he podido crecer en lo personal y enriquecerme con la comunidad.

El papel que han tenido los Religiosos Agustinos Recoletos ha sido determinante y decisivo. Con ellos me he sentido agente activo y comprometido y he compartido con ellos el espíritu de servicio que irradian y transmiten a la comunidad.

 

Nota de la Redacción: El Proyecto San Agustín de Cáritas Parroquial de la Parroquia Santa Rita de Madrid se basa en el apoyo escolar y en el acompañamiento de niños y niñas hijos de personas con pocos recursos que, acabado el horario escolar, deben permanecer en el Colegio Público Fernando el Católico de Madrid porque sus padres y madres no han terminado su horario laboral. De este modo se evita que estén por las calles, con los peligros de todo tipo que conlleva, y se les ayuda mediante clases de apoyo y momentos lúdicos y de ocio a su integración social y a que no pierdan el ritmo de sus compañeros, más familiarizados con la sociedad y la lengua españolas.

 

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