Alfonso Gallegos, un obispo agustino recoleto, educador de jóvenes, camino de los altares

Alfonso Gallegos Apocada, agustino recoleto y obispo de Sacramento (California, Estados Unidos), es un ejemplo estimulante para todo educador, especialmente para el educador de colectivos marginales. La propuesta de esta figura en este AÑO AGUSTINO RECOLETO DE LA EDUCACIÓN ha de servir para avivar la conciencia de todos, especialmente de cuantos por vocación han hecho de las tareas educativas su forma de estar y sentirse en el mundo.
pastoral | 16 may 2016
Monseñor Alfonso Gallegos

Rasgos biográficos de Alfonso Gallegos

Nace Alfonso en Albuquerque (Nuevo México, Estados Unidos) en 1931 en una familia numerosa, profundamente religiosa, y con una miopía tan aguda que corre continuamente el riesgo de la pérdida total de la visión. Religioso en 1951 y sacerdote en 1958. Desempeñó diversos ministerios en Estados Unidos: capellán del hospital, maestro de novicios y párroco en la iglesia de San Miguel de Watts, en Los Ángeles (California). Es ordenado obispo de Sacramento en 1981 y fallece en un accidente de automóvil en 1991.


El ambiente en que se movió Alfonso Gallegos

El 23 de agosto del año 2007, un importante periódico europeo publicaba un artículo con este título: “El infierno está en Los Ángeles”. La descripción que hacía de la ciudad americana era impresionante: “En la misma ciudad donde levantan sus mansiones las estrellas de Hollywood hay niños que matan y mueren tiroteados en plena calle. La lucha entre bandas negras y latinas por el poder ha convertido el sur de Los Ángeles en el lugar más peligroso de Norteamérica. Aquí es difícil llegar a viejo”. Es la descripción de un barrio que se convierte en el paradigma del drama vivido en la ciudad: “Hasta que cae la noche. Es entonces cuando 700 bandas con 80.000 miembros aterrorizan a la ciudad (de cuatro millones de habitantes); 65 de ellas concentradas en Watts, con 15.000 miembros dedicados a defender su feudo”.

En 1971, 35 años antes de aquella fecha, la situación era parecida. El cronista ya no era un periodista sino un sacerdote de la parroquia de San Miguel, quien dejó escrito en el libro de Cosas Notables de la comunidad meses antes de la llegada de Gallegos: “Con todo lo que está sucediendo, esto no es el infierno de Dante sino el infierno de Watts”.

En ese mismo barrio, 35 años antes, Alfonso, uno de los monaguillos de la parroquia, le había manifestado al padre Plácido Lanz, agustino recoleto, su deseo de ser religioso y sacerdote. Ahora llegaba, con 41 años, como párroco de San Miguel de Watts. La decisión posterior al Capítulo provincial de los agustinos recoletos era sorprendente: destinaban al lugar más peligroso de Estados Unidos, donde la posibilidad de morir asesinado era un 70 % más alta que en el resto del país, a un fraile del que 13 años antes sus superiores albergaban serias dudas de que pudiera ser sacerdote. ¿La causa? Su limitación física: era muy corto de vista y con un riesgo permanente de desprendimiento de retina. Su falta de visión le impedía rezar la Liturgia de la Horas con la comunidad, pero él estaba allí con sus hermanos, escuchando sus rezos y rezando el rosario como expresión de su amor y devoción a la Virgen María.


La caridad pastoral de Alfonso Gallegos

En las violentas y peligrosas noches de Los Ángeles, en las noches de Watts, conversando con los pandilleros, estaba el padre Alfonso Gallegos poco tiempo después de haber llegado a la parroquia. Alguno de los jóvenes de las bandas pudo ser el mismo que siendo niño le decía a su padre al volver de la escuela: “el padre Gallegos me estrechó la mano, me contó una broma o simplemente conversó con nosotros”. Aquel sacerdote había cincelado su personalidad en una esforzada lucha por la superación, primero en los años de sus estudios para ser sacerdote y, más tarde, en sus estudios de Psicología. Cuando realizó estos, ya era un sacerdote adulto pero se unió, con la jovialidad que no le abandonaba nunca, a sus jóvenes compañeros en las clases. Su título en Psicología y el Master en orientación psicopedagógica eran la coronación de un esfuerzo y preparación para el ejercicio de su apostolado entre jóvenes, preocupado por su educación y formación. Su alegría contagiosa, su abierta sonrisa, hacían natural que los jóvenes latinos de las bandas lo buscasen para bendecir sus vistosos automóviles. Él aprovechaba la ocasión para alentarles a ir a la Iglesia y a que se preocupasen por su educación.


Alfonso Gallegos, un obispo cercano a los pobres y excluidos

El 4 de noviembre de 1981 fue consagrado obispo auxiliar de Sacramento (California), en la catedral de la diócesis dedicada al Santísimo Sacramento. Su afán evangélico de estar cerca de la gente, especialmente de los más vulnerables, lo expresa la descripción de un periodista: “Gallegos tiene un escritorio en la Cancillería, raras veces se encuentra detrás de él”.


Muerte de Alfonso Gallegos

El 6 de octubre de 1991, diez años después de ser nombrado obispo, se encontraba a 75 kilómetros de Sacramento realizando su tarea de pastor de la diócesis con una apretada agenda. Al regresar a la ciudad fallecía en un accidente de tráfico. Eran las 9.18 de la noche. El lunes por la mañana la ciudad de Sacramento escuchó con perplejidad la noticia, descrita por el obispo Francis Quinn como una hora triste para la Diócesis y la Iglesia de California.


Alfonso Gallegos, un obispo bueno, santo

A partir de aquel momento no cesó ya la admiración y la fama de santidad del obispo Gallegos. El día 4 de diciembre de 2006 se abrió el proceso diocesano de su canonización en la catedral de Sacramento, que concluyó con éxito el 4 de julio de 2008. El pasado 17 de marzo de 2016, el congreso de los Teólogos de la Congregación para las causas de los santos, de Roma, aprobó la relación sobre su vida, virtudes heroicas y fama de signos de santidad.


Alfonso Gallegos un educador para no olvidar

Este año los agustinos recoletos, al recordar los 75 años del inicio de su compromiso con la educación en los colegios, han querido dedicarlo al apostolado educativo. Entre los muchos desafíos de la educación que han de afrontar padres de familia, educadores seglares y religiosos quizás uno de los más difíciles es ayudar a los adolescentes y jóvenes que se ven envueltos en la rebeldía y en la autoafirmación en sus grupos, que se convierte en desarraigo social, en violencia, en fracaso y en muerte. Alfonso Gallegos, agustino recoleto y obispo de Sacramento, se convierte en un ejemplo lleno de estímulo para ese reto y esa misión.

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