Sagrada Familia: Preparemos el Erlenmeyer

" La fórmula química de la familia es semejante a la del encuentro. Dos partes de escucha, dos de perdón, dos de cariño, dos de ternura, dos de sinceridad, dos de preocupación por el otro, dos de sencillez, dos de buen humor, dos de confianza. El matraz apropiado: el hogar".
pastoral | 30 dic 2012
Si nos diese por reunir a un grupo de químicos sesudos en un laboratorio dotado con los últimos adelantos técnicos, con el fin de que descubriesen la fórmula química de la familia, no sé si el resultado iba a ser el esperado; es más creo que el consenso no iba a lograrse tan fácilmente como en otras ocasiones.

Ríos de tinta, sermones, charlas, cursillos, artículos, libros, ensayos, conferencias… abordan la familia, pero nadie ha hablado todavía de fórmulas químicas. Sin embargo, el lenguaje popular sí suele emplear la expresión “hay química” cuando dos personas empatizan.

No es la intención calentarse la cabeza, ni rizar el rizo más de lo normal. La fórmula química de la familia es semejante a la del encuentro. Dos partes de escucha, dos de perdón, dos de cariño, dos de ternura, dos de sinceridad, dos de preocupación por el otro, dos de sencillez, dos de buen humor, dos de confianza. El matraz apropiado: el hogar. Si queremos exportar nuestra fórmula mejor será no dedicarnos a buscar inconvenientes canónicos, pues aquí las “condiciones normales”, norma básica en los procesos químicos a la hora de realizar medidas, no siempre coinciden con lo que la jurisdicción eclesiástica propone, o lo que se pensaba hace algunas décadas. En muchas ocasiones no son pocas las desgracias familiares o los dramas que se viven por las rupturas provocadas por un motivo u otro, como para que luego a la hora de intentar volver a formar una familia, aparezcan no pocos inconvenientes por parte de quienes se supone que deberían o deberíamos ser los mejores catalizadores para que se siga produciendo esa maravillosa reacción química que da lugar a la familia.

Las lecturas de este domingo aportan un elemento más que da mayor consistencia a esta fórmula química: la apertura a la trascendencia. Ana se siente tremendamente agradecida a Dios por haberle dado un hijo y ofrece un sacrificio de acción de gracias, y entrega al niño al servicio del templo. La Carta de san Juan tiene que llenarnos de alegría y de gozo por el hecho de ser ni más ni menos que Hijos de Dios. Pero nosotros tenemos que intentar corresponder a ese amor a través de nuestra fe y sobretodo amando a todos como el nos amó, incluidos aquellos que no nos caen tan bien, pues ellos son también hijos de Dios y por tanto hermanos nuestros. El evangelio nos describe la ceremonia a partir de la cual los hebreos comienzan a ser instruidos en la doctrina de la Torá. Jesús se entretiene con los doctores pero cuando sus padres le reprenden obedece y se vuelve con ellos a Nazaret, pues no sólo era importante su misión como Hijo de Dios sino que, como cualquier joven de su edad, debía estar bajo la autoridad de sus padres.

Como cristianos, debemos esforzarnos por cuidar y mantener los lazos familiares. El amor que vivimos en la familia es regalo de Dios, que es amor, y se convierte en tarea diaria para toda la familia. Es muy importante que nos esforcemos en la comunicación, el diálogo, por dedicar tiempo a los hijos y a los mayores. La familia tiene también una misión evangelizadora, pues la familia cristiana es creadora de ternura y con ella debe salir al encuentro de los más necesitados. Son muchas las dificultades que las familias tienen hoy en día para salir adelante, con esta tan traída y llevada “crisis” y como cristianos también tenemos algo que decir sobre la vivienda, el desempleo, los salarios… problemas bastante más importantes, en mi opinión, y que no provocan manifestaciones, ni concentraciones masivas, sólo leves pataleos. Como decía Monseñor Óscar Romero, obispo y profeta, “Todo esfuerzo por mejorar una sociedad es bendecido, querido y exigido por Dios”. Mejorar la familia es pues mejorar la sociedad, pues ésta no es sino una gran familia que debemos hacer habitable. Si no queremos vivir de recuerdos, deberemos adaptar nuestra fórmula a los nuevos tiempos, pues si los elementos antes citados nos parecen esenciales, no sé por qué parece que vivimos empeñados en añadir al compuesto ingredientes meramente irrelevantes.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)
Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por JustMónica para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018.