¿Cómo te quedas cuando te das a los demás?

Alejandro pasó en CARDI la Semana Santa. El contacto con la pobreza y la necesidad le sirvió también para aprender a ser agradecido y para encontrar sentido a la palabra "compromiso".
testimonios | 27 may 2009
En la Salud y en la Enfermedad” es una frase que deriva del consentimiento que los novios afirman ante Dios en la celebración del matrimonio, y ha sido en mis últimos meses de vida parte de algo que me ha rondado en la cabeza por el simple hecho que en la etapa que estoy viviendo pienso tomar esa vocación, sin embargo no es nada fácil llegar a tomar esa decisión en estas fechas. En cuatro días durante la Semana Santa pasada, reflexioné, entre otras cosas el verdadero significado del compromiso, y precisamente del que deriva del sacramento del matrimonio con todo lo que conlleva; es difícil para mí pensar que ese contrato con otra persona totalmente distinta (pero amada) y ante Dios debe respetarse cada día de tu vida independientemente de la circunstancia que estás viviendo: sea crisis o tiempo de abundancia, o en la salud y en la enfermedad. Reflexioné que ese consentimiento es lo más importante y trascendente del día que recordarás por el resto de tu vida, y no por la fiesta, la luna de miel, noche de bodas o por que lograste cumplir el sueño de una vocación a la que te sentiste llamado. Poco tiempo basta para realizar esa acción frente a un número de testigos tan grande como tus invitados pero principalmente a tu invitado especial que es Dios. Pero, ¿será que realmente lo puedo manifestar “todos los días de mi vida”?; podría justificar que depende de muchos factores y que a su vez no dependen de mí, pero claro, no hay duda que de uno depende la mayor parte. Vivir la experiencia en el CARDI me ayudó, desde mi trinchera, a aprender cosas de mí, y del significado que Dios me pide que tome ante las cosas a las que me siento llamado. Recientemente en una celebración de acción de gracias por veinticinco años de matrimonio a donde fui invitado, me ayudó a reafirmar que para lograr esa meta y seguir en un camino de felicidad al lado de otro es compartir y tener como centro en la relación a Dios. Estar en gracia de Dios en el matrimonio es la clave para vivir ante cualquier adversidad todos los días de tu vida, y el indicador más fuerte de esa gracia de Dios es el amor. Sentí palpablemente ese amor en los cuatro días que fui voluntario del CARDI, al ver el rostro de una mujer que me platicaba la situación que atravesaba en su vida. Postrada en una silla al lado de una cama de hospital donde el amor de su vida enfrentaba una lucha contra el cáncer de pulmón que lo había invadido, me hizo ver el poder que el amor había logrado en esa pareja durante al menos, (según mis cálculos), treinta años. “Lo amo, y estoy dispuesta a estar aquí, para estar con él” fue la frase que salió de su corazón al momento que rompió a llorar, al tiempo que yo comprendía lo que Dios me trataba de decir. Muchas más historias de ese tipo vi y escuché, a lo largo de los pabellones de especialidades que recorrí en el Hospital General de México. Descubrí también que era ese mismo grado de amor el que había hecho que una madre proveniente del Estado de México tenía cuatro meses como segunda casa al Hospital Infantil “Federico Gómez”, mientras que su recién nacida hija llevaba una serie interminable de estudios y cirugías, en ese periodo de tiempo, para librarla de un mal en que sus órganos vitales se presentaban poco desarrollados en aquel ángel. En fin, los días santos de este año los viví palpando el amor de diferentes formas, descubriendo que era el mismo entre pareja, el de madre a un hijo, el de Dios con el hombre al padecer en la cruz y resucitar, el de gente que trabaja por Cristo, y que como Él, aprendió en esta Semana Santa a ayudar a otros en su viacrucis con sólo escuchar. Dios nos manda a la vida a una misión, y es así que con pequeñas y simples acciones trabajas desde tu entorno para gloria de Dios, siendo apóstol y dando lo mejor de ti al ofrecer tus talentos, aptitudes, capacidades y de todo eso que tampoco te crees capaz a los demás, porque no sabes cuánto necesitan y qué necesitan de ti. Además me percaté que las cosas aprendidas durante este apostolado no fueron sólo para mis sueños de vocación y vida futura, más importante fue el aprender a ser agradecido, es decir, a tener la capacidad de darme aunque sea un segundo para dar gracias por cosas que parecen insignificantes cada día y a cada momento; por creer que es una obligación que sucedan los acontecimientos por el hecho de vivir. Dar gracias por el sol, por el calor, el frio, por la comida, por mi casa, por mi familia, por mi salud, por mi educación, por todo, porque nada en el mundo es tuyo y todo se te da. Vi que los problemas de cada quien, son diferentes a los propios. Supe agradecer que mis problemas son míos y que yo mismo los debo solucionar en vez de apropiarme de los problemas de otros. En fin, sentí con gran intensidad el sentido de dar gracias a Dios por lo bueno o malo que me pase, me hizo sentir único y amado por Él. Me hice más consciente de la trascendencia que debe tener ese consentimiento en el matrimonio a lo largo de la vida, pero más que nada aprendí que ante las adversidades de cualquier tipo uno tiene que vivir en Gracia de Dios para estar en paz, aceptar su voluntad y saber que en esa situación uno puede ser apoyo para otros y sobretodo, aprendí que el amor es la clave de todo éxito y que es lo que nos caracteriza como humanos. De nosotros depende darle la importancia en nuestra vida para rescatar valores que se pierden poco a poco en la opacidad y con ello, encontrar la verdadera felicidad. Finalmente, queda en mí hacer la invitación a la gente que me rodea a darse a los demás de la forma en que le sea posible, y un ejemplo es dar a conocer esta experiencia, tal vez así más gente puede conocer proyectos tan ambiciosos, y tan dados al prójimo por amor como lo es el CARDI donde se recibe ayuda por medio de donativos en especie, monetarios y sobre todo presenciales a través de los voluntarios que brindan el apoyo a la gente que lo necesita en situación de hospital. Alejandro Peña Velasco, voluntario en CARDI.

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por Shunet para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018 - 2019.