Regresando a casa: El CARDI

Basta con leer el título de este testimonio para darse cuenta de lo agradecida que está Mary Ortiz con su experiencia allí. Si el año pasado quedó satisfecha, este aún más.
testimonios | 20 may 2009
Nuevamente, por segundo año consecutivo, y espero sinceramente no sea último, he regresado a visitar un lugar en donde me he sentido como en casa: el CARDI. En los pasados días santos he podido tener la fortuna de aprender muchísimas cosas y compartir mi persona de toda la gente del CARDI, de los voluntarios, los encargados del proyecto, los enfermos y familiares, de todos los que integran diariamente esta familia CARDI, y los que tenemos la fortuna de pertenecer a ella unos días concretamente, pero que al regresar a nuestro lugar de origen seguimos sintiéndonos parte de ella. Aunque pareciera que iba a vivir la “misma” experiencia de hace un año, una experiencia encantadora de la cual me enamoré y me motivó a regresar este año, no fue nada igual, aprendí nuevas cosas, mi persona en todos sus sentidos creció más. No hay palabras que alcancen a expresar lo que el CARDI significa para mí, pero espero no quedar corta al decir que CARDI es una familia que tiene sus brazos extendidos para aceptar a toda la gente que quiera formar parte de ella, ya sea para ayudar o para ser ayudado. Y hablando de ser ayudado, en estas “misiones urbanas 2009”, durante mi estadía me tocó ser ayudada por el CARDI, me enfermé de una fuerte infección en la garganta ¿pueden imaginar esa paradoja? “la que iba a ayudar resultó ser la ayudada”, y eso me encantó, aunque en un principio me fue duro aceptarlo pues más que ayuda me sentía un estorbo con tantos malestares, lejos de casa, cansada, y pensando que el lugar menos indicado para estar en ese momento era ahí. Con un buen tratamiento de inyecciones y jarabe comencé a sentirme mejor, pero aún mejor ayuda fue ver la fuerza y ganas que le echan enfermos y familiares ante enfermedades completamente más difíciles que una simple infección en la garganta, al poder acompañar a familiares que relatan cómo el amor por los suyos los hacen estar ahí día y noche, o cómo sus pacientes hoy amanecieron con más animo a pesar de la enfermedad que iba acabando con ellos poco a poco. Esa fue una excelente medicina que el CARDI me dejó tener. Para mí la ayuda del CARDI con mis medicamentos fue indispensable, creo que si hubiese tenido que comprar en una farmacia todas esas medicinas no tendría dinero suficiente para regresar a Querétaro, y toda esta experiencia me permitió ser más empática con la gente, pues ellos día con día tienen esa incertidumbre de contar con lo necesario, ya no para regresar a su casa sino simplemente para sobrevivir ese día. Doy gracias a Dios que a través de los Agustinos Recoletos me ha permitido conocer y crecer con este apostolado, por toda la gente maravillosa que me permitió conocer esta Semana Santa, por Tere, Mauricio y mis amigos de Abbá, también voluntarios, los frailes considerados mis amigos también, los enfermos y familiares que me ayudaron a ver el rostro de Dios, por hacerme recordar que Dios nos hizo hermanos para apoyarnos en todo momento. Es difícil explicar con palabras lo feliz que me siento y como explico a todos, que el edificio de CARDI, es ahora tan enorme como todo lo que en el se hará, y cómo espero con ansias que en diciembre el nuevo edificio del CARDI tenga sus puertas abiertas para dar nueva esperanza a la sociedad. Mary Ortiz, voluntaria en CARDI.

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