Vivir el Triduo pascual en medio del dolor

Pasar los días del Triduo Pascual colaborando en el proyecto CARDI implica asistir de primera mano a lo que significa la caridad, la misericordia, la esperanza, el sinsentido de la muerte, la hospitalidad cristiana…
testimonios | 06 may 2009
Pasar los días santos en el CARDI fue una experiencia maravillosa. Soy testigo de las bondades de una obra que nace en el corazón de los frailes agustinos recoletos y que encuentra eco en la voluntad de los laicos y demás fieles que acuden a nuestras parroquias, no sólo del centro de México, sino de todo el país. Gracias al Espíritu Santo, la obra se ha mantenido conforme a los principios de la Caridad cristiana. Esto es evidente en el trato que se da a todos los que cruzan el umbral en busca de algún tipo de ayuda. De jueves a sábado, me tocó ver a una señora de la colonia Doctores solicitando unas muletas para su hijita. Las pidió prestadas y el CARDI, gracias a las donaciones de cientos de personas, tenía muletas para dar las mejores a la pequeña que las usará mientras se recupera de un percance. La madre firmó un compromiso de devolución en un mes, “y si la necesita más tiempo, nos avisa”. Los acuerdos en CARDI son de confianza, basados en el amor y con un profundo deseo de hacer el bien. Como en estos días, descansaron los restaurantes con los que CARDI tiene convenio de colaboración a favor de los familiares de los pacientes internos en los hospitales, un grupo de voluntarios del Colegio Fray Luis de León de Querétaro, vino a hacer misiones al CARDI, y ellos mismos prepararon los alimentos y sirvieron a los cuidadores de los enfermos. Con tanto cariño hicieron toda la ofrenda, que hasta les cantaron y contaron chistes y relatos para aliviar sus penas. Alrededor de la mesa, durante dos horas cada día, compartíamos charlas, historias y anécdotas, al menos unas veinte personas entre los que llegaban y salían de regreso a los hospitales para cuidar a sus seres queridos. Supimos de unos que llevaban varios años viniendo porque tres de sus hijos habían enfermado de lo mismo, un padecimiento congénito que aparece alrededor de los diez años de edad. Hubo dos casos de Lupus en niñas de entre 12 y 14 años de edad que venían con su madre, una y con papá y mamá la otra. También conocimos a una señora con cuatro hijos; la más pequeña tiene leucemia y los tres mayores rezan el rosario para que se cure. Conocimos dos casos donde la suegra y la nuera se acompañan para cuidar al bebé enfermo, casi siempre bastante delicado. Hubo un caso muy significativo; el de Gustavo, un joven de 18 años de edad con un tumor en la cabeza. Su padre llevaba meses en el DF cuidando de él en el Hospital General. Todos ellos arriesgan su trabajo, su familia, dejando el ritmo de su vida, usos y costumbres en el lugar de origen. Y gracias a Dios, en el CARDI, encuentran el acompañamiento, el cobijo, el alimento, el cariño que sólo en Cristo se puede dar. El personal del CARDI no pierde la calma, y cada persona nueva es un amor de Dios para amar, bendecir y cuidar. A cada uno lo tratan como si fuera el primero en llegar durante el día, el único al que van a proteger y cuidar, la última oportunidad de amar. Y habiendo visto esto cada mañana, desde que nos íbamos al hospital a anunciar los servicios del CARDI, hasta que terminaba la comida, pasábamos la tarde en la parroquia de Nuestra señora de Guadalupe de los Hospitales, de la que son responsables nuestros frailes, los fundadores del CARDI. Los jóvenes tuvieron retiro organizado por los mismos voluntarios de Querétaro y la pasaron dichosos. Y para cerrar con broche de oro, cada día, participamos en los Oficios del Triduo Pascual . Hay que rezar por las familias de los enfermos, por quienes vienen al DF a cuidarlos y por quienes se quedan en sus comunidades en espera de buenas nuevas. La Buena Noticia es Jesús, Él venció a la muerte, y la enfermedad es sólo un pretexto para el encuentro y el amor. Gracias a los donantes, el CARDI puede ayudar materialmente, con medicinas, alimento, lavandería, ropa, ayudas económicas para el alta del hospital, apoyo en funerales y traslados… Gracias a su personal y a los voluntarios, el CARDI puede hacer llegar la ayuda con un profesionalismo que no pierde en ningún instante su raíz en el Amor… Y gracias a todos ellos y a quienes nos ayudan, se está construyendo un edificio que favorecerá el servicio generoso y acogedor del CARDI a miles de personas. ¡Bendito sea Jesús! Esto es de Dios. Tere García

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

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