Ciudad de los Niños: Otra forma de valorar la vida

Montserrat nos cuenta su experiencia en la Ciudad de los Niños de Costa Rica. Su estancia allí le permitió cumplir uno de sus sueños. Además la experiencia de esos meses le ha cambiado la forma de entender la vida.
testimonios | 16 mar 2009
El 27 de Julio del 2008, después de un largo viaje lleno de inquietudes y nerviosismo por ser un lugar para mi desconocido, al llegar a Costa Rica me esperaban en el aeropuerto de Alajuela los hermanos Araujo y Germán para darme la bienvenida. Durante el ajetreado viaje en coche primero a Alajuela y posteriormente hacia la Ciudad de los Niños, se confirmó que ese mes y medio en Costa Rica iba a ser toda una experiencia. Mi primer contacto con los chicos de la Ciudad se produjo la noche de mi llegada, aunque debido a mi cansancio, mis recuerdos son escasos. No fue hasta el siguiente día durante unas jornadas deportivas que se celebraron en las instalaciones de la CDN (Ciudad de los Niños) que conocí a los otros 4 voluntarios: Edu, Merche, María y Andrés que ya llevaban un par de semanas allí. Ellos me fueron introduciendo poco a poco en el ambiente de los chicos. Aunque eso fue como una avalancha de nombres que tenía la esperanza de poder retener en mi mente. Pero lo que para mi realmente fue una prueba de fuego, fue la subida a la montaña esa misma tarde. Algunos chicos junto con Eduardo me propusieron una excursión que creo que recordaré toda mi vida. Era mi primer contacto con ellos y en un ambiente en el cual sabía que terminaría necesitando su ayuda para volver sana y salva. Pero todo ese esfuerzo mereció realmente la pena dado que una vez arriba, las vistas del valle y el volcán Irazú eran impresionantes. Posteriormente se incorporaron Marta y Carmen, completando así el grupo de voluntarios. Después de unos primeros días de adaptación, empecé a integrarme a lo que sería mi vida diaria durante esos 44 días. Las primeras semanas, juntamente con Edu, María y la ayuda de la secretaria de la CDN, Vanesa, nos dedicamos a intentar identificar fotos de antiguos alumnos y posteriormente, todos ayudamos a Merche y a Marta con el Museo de la Ciudad que pintamos y organizamos bajo el criterio de Mercedes gracias a sus conocimientos en arte. Por las tardes, me dirigía a la sala de ordenadores de la que fui responsable durante mi estancia. Se trata de un aula pequeña con unos 10 ordenadores, a la que esperan poder añadir algunos más pues no son suficientes en comparación con el número de chicos que viven en la Ciudad. La comunidad está realizando un gran esfuerzo para hacerles llegar a los chicos el acceso a Internet, aunque considero que los chicos necesitan que se les impartan clases respecto al manejo de buscadores y otros programas informáticos que les podrían ser muy útiles para su futuro. También me di cuenta, que al igual que las cabinas telefónicas que se encuentran en la CDN, las computadoras están en alta demanda como medio para poder comunicarse con el exterior. Aunque básicamente deberían ser utilizadas para fines académicos, quizás se podrían destinar uno o dos días a la semana en los cuales se pudieran utilizar para otras actividades. De todas formas la organización del aula de computadoras es todo un reto dado que si intentas darles cierta libertad, los chicos también pueden “sobreutilizarla”. Todos los domingos después de la celebración de la eucaristía, en la que debo admitir que me sorprendió la gran cantidad de fieles que asisten y la participación de los muchachos, comíamos con los frailes en la casa y comentábamos como nos había ido la semana. Por la tarde nos llevaban de excursión por los alrededores permitiéndonos así conocer un poco ese país misterioso para nosotros. Nos llevaron al Valle de Orosi, Navarro, al volcán Irazú entre otros. También asistimos a la tradicional pasada de la Virgen de los Ángeles, la patrona de Costa Rica. La belleza de las carrozas con los bueyes, decoradas muy cuidadosamente como ofrenda a la Negrita, era indescriptible. A parte de estas pequeñas escapadas, también hicimos salidas más prolongadas durante las cuales tuvimos la ocasión de visitar la zona de Limón, los volcanes Poás y Arenal y el Parque de Manuel Antonio. Costa Rica es un país de una belleza profunda que se ve mucho más acentuada gracias al carácter cálido y acogedor de su gente. Nosotros sólo tuvimos la oportunidad de descubrir una pequeña parte de ellos y no creo que fuéramos capaces de hacerle justicia. Respecto a estas salidas me gustaría darle las gracias a los agustinos recoletos y a Don Guillermo por dedicarnos parte de su tiempo con toda la amabilidad y alegría del mundo. Aparte de la vida ordinaria que seguíamos, también llevamos a cabo muchísimas otras actividades juntamente con los chicos y el resto de miembros de la comunidad de la Ciudad. El 1 de Agosto por la noche, juntamente con toda la comunidad y los muchachos, fuimos a la tradicional Romería de la Virgen de los Ángeles, que acuden cientos de peregrinos desde todas partes del país para presentar sus respetos a la Virgen. Hay cantos, fuegos artificiales, chiringuitos, etc...; reina un ambiente de felicidad y alegría que se te contagia. En otra ocasión, estuvimos ayudando a las Doñas de los albergues y otras trabajadoras a preparar tamales, una comida “tica” tradicional totalmente ajena a cualquier cosa que antes hubiéramos probado. También tuvimos la oportunidad de presenciar el día del Egresado y el día de la Familia, pudiendo así ser testigos de la influencia que ha tenido la CDN en el futuro de los que en su momento fueron alumnos de esta Institución, a la vez que pudimos observar la relación de los chicos con sus seres más queridos. En cuanto a los muchachos, además de compartir muchos ratos libres con ellos, también organizamos numerosas actividades. Durante la primera semana, se llevó a cabo el I Festival Literario, en el cual uno de los voluntarios, Andrés, se volcó totalmente. El entusiasmo y participación de los muchachos hicieron un éxito del evento y todos nosotros esperamos que tenga continuidad en los próximos años. Durante el día de la Madre, también realizamos un rally de actividades como carreras y juegos… para lo cual contamos con la amable ayuda de las señoras de los albergues. Poco a poco, día a día, fuimos conociendo a los muchachos, los cuales creo, por lo menos en mi caso, me proporcionaron otra forma de valorar la vida. Pequeñas cosas que en una sociedad consumista en la que estamos acostumbrados a vivir no les daríamos ninguna importancia, en ese mundo pueden llegar a ser el tesoro más valioso. Antes de mi partida hacia Costa Rica, no sabía exactamente qué les podría ofrecer a esos chicos y a la comunidad en sí. Una vez de vuelta me di cuenta que aunque estoy segura de que contribuimos de alguna forma, el impacto que ellos tuvieron en nosotros fue mucho mayor. En mi caso, desde pequeña había estado fascinada por este sitio a través de los reportajes de la revistas de los agustinos recoletos que llegan periódicamente a casa. El simple hecho de irme para allá ya significaba que iba a realizar uno de mis sueños, pero fue mucho más, ese mes y medio me marcó un antes y un después como persona. Una vez finalizados mis estudios de economía, empecé a plantearme la realización de un máster en desarrollo internacional. Mi estancia en Costa Rica reafirmó mi decisión. Este es un país lleno de recursos y posibilidades. Durante los viajes me impactó la pobreza de alguna de las áreas de este país y lo que me sorprendió todavía más fue el hecho que Costa Rica está considerada como la "Suiza de Latino América". Entonces, si esta es la realidad para Costa Rica, cómo será para el resto de países del Centro-Sur. Aunque no creo que consiga realizar ningún cambio importante en la sociedad, creo que mi experiencia allí me permitió aclarar el enfoque que deseo darle a mi carrera profesional y por eso, estoy muy agradecida. Montserrat Balcells Miró
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