CARDI: Una de las experiencias más impactantes de mi vida

Después de pasar unos días como voluntaria en CARDI, Maru comparte con nosotros sus vivencias. Se siente enriquecida por la experiencia de estos días, por la posibilidad que le han dado de compartir su tiempo y su vida con las personas que acuden.
testimonios | 30 abr 2008
En realidad llegué a CARDI como por suerte, Dios me dio una gran oportunidad, la oportunidad de conocer a gente que me abriría los ojos ante una realidad desconocida, y gente que tocaría mi corazón para decirme que el amor de Dios es grande y que la vida en sí es maravillosa. Si me pidieran describir el CARDI con una palabra, lo único que englobaría todo lo que ví y experimenté sería, amor. Esta semana me ha dejado marcada en muchos aspectos, me he llenado de vida, tengo deseos de ayudar mucho más, de entregarme y dar todo de mí a los demás, de vivir cada momento con intensidad y de regalar pedazos de mi corazón cada día. He confirmado mi idea de que cuando das sin esperar nada a cambio, recibes muchísimo más. Amar significa dar, aceptar y no juzgar. Ahora comprendo mejor cómo debo amar a los demás, dejando que mi corazón sólo se abra sin esperar nada a cambio y dando sin limitarme. Al ver a la gente enferma y convivir con sus familiares me di cuenta de una nueva realidad. Mi horizonte se engrandeció al escuchar a gente que viene desde muy lejos con los pocos recursos que posee, que ni siquiera conoce cómo es la ciudad, incluso algunos no hablan español; que sufre por no poder dormir con tranquilidad, preocupados más por su familiar enfermo que por sus propias necesidades, llegando a quedarse sin comer por comprar medicamentos para su enfermito, o sin poder asearse porque no quieren separarse de su gente por nada del mundo. Eso es amor; amar es estar al pie del cañón, amar es acompañar, amar es hacer lo más que se pueda por el otro, amar es desvivirse por alguien. Me siento en un estado pleno, me siento más humana, me siento con el corazón más grande. Estoy feliz de haber puesto mi granito de arena, ya sea por haber acompañado a los enfermos y sus familiares, por haber ayudado a ofrecer un lugar limpio y acogedor para los que van al CARDI, o por haber preparado comida para gente que necesitaba reponer fuerzas y supo agradecerlo con una sonrisa. Aprendí más de mí persona, de mis capacidades, aprendí que con cosas pequeñitas uno puede ayudar y alegrarle el día al otro. Aprendí que uno debe sonreírle a la vida a pesar de las circunstancias. Y sobre todo, aprendí que el amor de Dios es enorme, que nunca nos deja solos porque siempre manda “angelitos”, de esos que están tan sólo por unos cuantos minutos o de aquellos que duran para toda la vida. Maru, valuntaria en CARDI. Si quieres más información acerca de CARDI, visita su web oficial, o busca noticias relacionadas en www.agustinosrecoletos.org

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