Mi experiencia en el CARDI

Poco a poco van aflorando los testimonios de voluntarios que han dedicado parte de su tiempo a trabajar en el Proyecto CARDI, un ambicioso plan de promoción social impulsado por los agustinos recoletos en México DF.
testimonios | 16 abr 2008
Los voluntarios visitan y acompañan a enfermos y familiares
En los últimos tres años de mi vida, había realizado felizmente durante la Semana Santa una misión a la sierra de San Luís Potosí, en donde compartí, con personas de tres comunidades diferentes, los oficios de la Semana Santa y recíprocamente crecimos en el amor y relación con Cristo. Pero este año el Señor me llamó a una misión diferente, a una Misión urbana, a ir a una parte de la ciudad más grande del mundo, México DF., y trabajar en este lugar para Él, en un, por ahora, pequeño mundo, que busca acompañar a la gente en un momento difícil la enfermedad y sufrimiento de alguien que amas, este lugar de acompañamiento, de humanidad, de compartir se llama CARDI: Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral . La misión de este año fue totalmente diferente a las anteriores, sabía un poco a que me enfrentaría, pero no era completamente consciente acerca del trabajo que iba a realizar. Había cooperado con el proyecto del CARDI, y animado a mis alumnos a que lo hicieran, pero el trato con la gente, el poder poner en acción toda mi persona en beneficio del CARDI ha hecho que este proyecto ya forme parte de mí. Lo que más me ha marcado del trabajo en el CARDI, es compartir con la gente, tanto enfermos como familiares. Los voluntarios trabajamos hombro con hombro para apoyar a las personas necesitadas, dándoles medicamentos, comida, despensa o ropa, aunque muchas veces lo que en realidad precisan son unos oídos que escuchen, unos brazos que abracen y reconforten, unos labios que lleven un beso y sobre todo un corazón que empatice con ellos. En las estancias en el hospital o en el edificio del CARDI compartiendo con los familiares, no pude cambiar su realidad, pero pude compartirla con ellos, compartir el amor de Cristo, que mueve mi vida, a través de una sonrisa, una palmada en la espalda, una canción, un cafecito…; o realizando tareas como barrer y limpiar un poco por aquí y por allá, acomodar medicinas, etc. Todo ello con amor, como bien dice san Agustínpon amor en las cosas y tomarán sentido”. Lo que nos caracteriza a los cristianos es el haber descubierto el amor tan grande que Dios nos tiene. Por ello, en nuestro corazón rebosa de alegría pues nos sabemos amados, y es tan grande ese amor y esa felicidad que no por mandato sino por convicción, queremos que llegue a nuestros hermanos, a nuestros prójimos, a los sanos y enfermos, a los ricos y pobres. Para ello, no necesariamente debemos irnos lejos a llevar este amor, hay que hacerse cargo de la realidad que nos presenta nuestro contexto para actuar ahí. Hablando de realidades, el panorama que pude palpar en los hospitales en primera instancia me pareció cruel. Mi mente y mi corazón no entendían cómo Dios, siendo tan bondadoso y misericordioso, permitía todo ese sufrimiento. Pero mi percepción cambió totalmente al darme cuenta de que aun en ese sufrimiento, en esa angustia y desesperación, el amor de Cristo estaba ahí plasmado en la sonrisa de un niño, de un padre de familia que al pie de la cama sigue firme a pesar del cansancio y el miedo, de un fraile que se entrega a cada una de las personas con las que se relaciona, de un doctor o enfermera que pone al servicio de los demás sus conocimientos, de todo un equipo del CARDI que acompaña… En el tiempo que lleva CARDI funcionando, los enfermos siguen llegando, siguen curándose o pasando a manos de “papá Dios”, pero el acompañamiento hace la situación diferente. Esto lo pude ver en la cara de las personas que recurren a los servicios que CARDI ofrece. Recuerdo la sonrisa de Jorge, de Anallely, Toño y todas las personas que logré conocer. CARDI simplemente es entregar el corazón, en esa realidad fría que un hospital ofrece, pero que intentamos sea más cálida mientras nosotros podamos. El trabajo que realizan los seis agustinos recoletos es impresionante, pero solos no pueden. Por ello hay más de 50 voluntarios que ayudan y aceptan la llamada del Señor. Quienes no podamos ayudar tan cercanamente podremos realizar este apostolado por medio de la oración y el apoyo económico que nuestras manos puedan ofrecer. ¿En dónde esta Dios en los momentos de sufrimiento? Está ahí junto a nosotros, en nuestro prójimo. Mary Ortiz Flores Si quieres más información acerca de CARDI, visita su web oficial, o busca noticias relacionadas en www.agustinosrecoletos.org
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