Motivar la opción por la esperanza

Motivar la opción por la esperanza es una de las tareas irrenunciables en el trabajo social. Para ello es necesario proceder con rigor y honradez. El autor nos da algunos consejos.
testimonios | 22 ago 2007
Sabemos que no es suficiente con la esperanza ni con la toma de conciencia para vivir la tensión utópica de una educación liberadora para una economía social y solidaria. Es necesaria una opción personal y profesional interpelada por una voluntad de entrega y una educación con el sufrimiento de los oprimidos y perdedores del sistema. Necesitamos motivar la opción con el gusto de la libertad. Que sea capaz de aceptar los riesgos. Capaz de sacrificar ciertas seguridades, los individualismos, los egoísmos. Porque sabemos que en esta tierra no hay felicidad sino un deseo de justicia, de una vida digna, sin un sueño de humanizar lo infrahumano. Por eso hay que crear alternativas educativas, de trabajo y economía solidaria que demuestren otros modos de aprender, cooperar para producir y progresar. Hay que evitar el reduccionismo mental que el fenómeno de la jibarización –supresión del espíritu crítico y la capacidad de pensar–, propio del modelo neoliberal que se quiere imponer. Es necesario formar en y para la libertad y la equidad, con modos creativos para hacer ciencia-tecnología para la resolución de las necesidades sociales y ambientales, teniendo en cuenta su contexto ya que el conocimiento científico es interpretativo porque es histórico. La educación así concebida tiene un importante papel no sólo en el acceso al conocimiento sino en la creación de signos y transformación del orden simbólico y cultural del mundo. La producción de significados y de sentido asociados al desarrollo humano como fuente de libertad y derechos humanos es una de las mayores responsabilidades que tenemos. Es posible formar mentes pensantes y corazones “sintientes” porque se trabaja con sentido y cooperación. Siempre es preferible la calidad de una cabeza clara que de una cabeza llena. Participar en asociaciones y redes diversas no es algo superficial. Implica comprometerse socialmente como el mejor modo de tenr una presencia activa. Por todo ello la necesidad de construir redes de cooperación e intercambio que nos permita llegar y avanzar juntos donde solos y aislados, no podríamos. En red: • Aprendemos a complementar nuestros saberes y conocimientos • Desarrollamos capacidad de diálogo y búsqueda de acuerdos buscando las coincidencias y perspectivas que nos igualan. • Fijamos objetivos comunes que nos permiten producir sentido y dar significado a nuestro quehacer. • Toda iniciativa tiene mayor resonancia y efecto multiplicador al hacer visible y transferible la acción. • Es un proceso de aprendizaje del respeto a las diferencias y de las responsabilidades compartidas. Daniel Jover Torregrosa Extracto de un artículo publicado en la revista Misión Joven, nº 364, p. 32.49.
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