De Siberia a la Ciudad de los Niños

Recogemos las primeras impresiones de Nazar Lukashov, un voluntario siberiano que pasó un mes trabajando en la Ciudad de los Niños (Costa Rica). Una buena experiencia pero quizá demasiado corta.
testimonios | 23 jun 2007
Nazar junto a los agustinos recoletos Crescencio y Nacho Jiménez
El trabajo que se realiza en Ciudad de los Niños sigue rebasando fronteras. Esta vez tocó el turno a un voluntario ruso, originario de Ucrania y avecindado en Liberia donde trabaja y vive con sus padres, venir a compartir la experiencia de vida que representa la Ciudad de los Niños. Atraído en principio por las condiciones naturales de Costa Rica, Nazar Lukashov, al ponerse en contacto con Cecilia Mesén, promotora del voluntariado ... expresó su interés por realizar algunas tareas relacionadas con la ecología y sólo pidió estar lo más cerca posible de una iglesia católica para cumplir sus deberes de fiel cristiano. Inmediatamente se pensó que la Ciudad de los Niños cubría esos requisitos así que los primeros días de mayo Nazar estaba ya instalado en uno de los albergues de Ciudad de los Niños dispuesto a cumplir todas las tareas que le asignara el hermano Araujo durante el mes que duraría su estancia. Sin prejuicios empuñó el machete y se fue a la montaña a limpiar terreno para sembrar no menos de 100 árboles, según su propia contabilidad. Visitó algunos de los principales lugares de interés turístico en Costa Rica y disfrutó de la hospitalidad de la familia de Doña Josefa Guzmán León. Su carácter afable y tranquilo le ganó la confianza de los muchachos de la Ciudad con quienes compartió sus vivencias en el albergue Santa Rita, les ayudó en sus tareas de inglés y les dedicó algunas horas de juego en el taller de ajedrez, donde encontró dignos rivales, incluido el hermano Araujo. Cumplido su tiempo, el jueves 31 de mayo regresó a Siberia con la firme intención de regresar pronto y por más tiempo. Aquí sus primeras impresiones al llegar a su tierra: Queridos padre Nacho, padre Jesús, padre Crescencio, padre Alfredo, hermano Antonio, hermano Araujo y don Guillermo: Acabo de llegar a casa. Aquí es sábado, 10 de la mañana. >El viaje ha sido muy bueno. No he tenido ningún problema. Otra vez quiero decir que estoy muy feliz de haber visitado la Ciudad de los Niños y Costa Rica. Ahora no puedo ver todos los detalles de esta experiencia porque ha pasado poco tiempo después de mi visita. Pienso que más tarde llegarán los pensamientos que no tengo ahora todavía. Saludos cordiales a doña Flor y a doña Beti. Cocinan perfecto. Todo lo que cocinan ¡es riquísimo! Hasta pronto. Rezo por todos Ustedes y por la Ciudad. Nazar Hasta pronto Nazar, también nosotros rezamos por ti Durante su estancia había escrito su testimonio y algunas impresiones de esta experiencia de voluntariado: Primera experiencia en voluntariado Nuestra vida es más corta de lo que podemos imaginarla. Al morir debemos responder la pregunta la más importante del mundo, si podemos tener la vida eterna o no. Para responder esta pregunta afirmativamente necesitamos haber hecho para la gente mucho más de lo que hacemos ahora; precisamente para aquellos que nunca podrían devolver sus deudas a nosotros. Supongo que aquí mismo está la clave de la salvación. Yo siento que muchos cristianos no comprenden la importancia de las buenas obras. Yo había sido uno de esos; había pensado que con sólo oración podía salvarme. Los rusos conocen poco de Costa Rica. Por ejemplo, yo sabía poco más allá de que este país no tiene el ejército. Y ese mismo hecho de que los costarricenses hubieran quitado su ejército me animó a conocer más cosas sobre Costa Rica. A través de Internet obtuve más información sobre este país tropical. Me gustó que el veinticinco por ciento de su territorio lo cubrían las áreas silvestres protegidas. Es cierto, que en esos grandes parques nacionales necesiten la ayuda de los voluntarios. Por esta razón firmé un contrato para trabajar en uno de los parques nacionales de Costa Rica. Gracias a los esfuerzos de la coordinadora de los proyectos voluntariados Sra. Cecilia Mesén he trabajado en la Ciudad de los Niños, una institución que está bajo de la Orden Agustinos Recoletos. Mis jornadas comenzaban con la oración en la Santa Misa junto con Padres y hermanos de la Orden. Pienso que lo que hacía aquí se pareció a lo que hubiera hecho en un parque nacional: podaba árboles, sembraba ramas que se convertirán en nuevos árboles etcétera. Por supuesto, vivir en la Ciudad de los Niños no es sólo trabajar. Después de la cena jugaba al ajedrez con los muchachos y contestaba sus preguntas acerca del idioma inglés. Quisiera subrayar que no hay trabajo en la Ciudad de los Niños en el que no se necesite la obediencia. Para trabajar aquí hay que estar dispuesto a aceptar el plan previsto. En la Ciudad hay todas las posibilidades para rezar y hacer buenas obras para Dios, para la Iglesia, para la gente. Lamentablemente he estado aquí sólo un mes. Quisiera trabajar aquí no menos que un año. Si Dios me ayuda lo haré. Deseo con todo mi corazón que la Ciudad de los Niños se desarrolle y sirva hasta que toda Centroamérica gane a la pobreza y no queden niños que necesiten este apoyo. Nazar Lukashov, Federación Rusa, 38 años.

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