Carta a un voluntario en la Ciudad de los Niños

El anterior director de la Ciudad de los Niños agradece a Manuel Martín, uno de los voluntarios españoles que pasó por esa institución de Costa Rica, su presencia y su testimonio. Además, le cuenta su propia vivencia de ocho años de director.
testimonios | 28 feb 2007
Rigoberto, el autor de la carta a Manuel, voluntario en la Ciudad de los Niños.
Entre los años 1998 y 2006, el agustino recoleto Rigoberto Castellanos estuvo viviendo y trabajando en la comunidad que atiende la institución educativa Ciudad de los Niños en Aguacaliente de Cartago, Costa Rica. Allí ejerció de prior y de director del centro. El año 2006, Manuel Martín, un joven de Valladolid (España), pasó sus vacaciones de verano como voluntario en la Ciudad de los Niños, valiéndose de su experiencia como docente de educación física y monitor de actividades de tiempo libre. Cuando había ya vuelto a España, escribió su testimonio personal del tiempo pasado en Costa Rica, que fue publicado por esta página web y al que puedes acceder pinchando aquí. Rigoberto, en agradecimiento a Manuel, le escribe esta carta, abierta al público, en la que habla de sus propias vivencias en la Ciudad de los Niños de Costa Rica.
Querido Manuel: Leí tu experiencia en Ciudad de los Niños publicada en la página web de la Provincia. A medio año de haber salido de Costa Rica para incorporarme a mi destino en Cuernavaca (México), me hizo vibrar y recordar los ocho años pasados en la Ciudad, lugar que llenó mi alma de sonidos nuevos, de amistad cercana, desinteresada y comprometida. Leyendo tus palabras, reviví el día que llegaste a esta Ciudad. Un voluntario con una sonrisa natural y una soñadora juventud. En pocos días tu proyecto deportivo, oxígeno puro para más de 300 adolescentes, había tomado forma y orden para recibir a los muchachos que volvían de vacaciones. Eras como un fraile más, dispuesto a colaborar donde hiciera falta. Te multiplicaste. Te veía disfrutando al montar a caballo, al recibir los veinte mil pollitos de engorde que al crecer en la granja aportarían un buen ingreso de recursos para los enormes gastos que produce la educación y el mantenimiento de la Ciudad. “La Ciudad de los niños te envuelve y te mima”; “tiene identidad propia”; “es imposible estar en ella y no integrarse”, nos dices. En verdad. Cómo olvidar a los religiosos de la Ciudad, unos todoterreno, unos frailes que lo dan todo, incluyendo sus defectos; cómo olvidar a los muchachos, buenos muchachos, que la Ciudad los transforma; o las encargadas de los albergues, la mayor parte con la camiseta de trabajo puesta todo el día; o el resto de los trabajadores, desde el ordeñador, el encargado de los pollos y la granja, hasta los maestros y monitores… Sienten la Ciudad como propia. Cómo olvidar a muchas personas comprometidas que no sólo nos dan su amistad sino su tiempo, sus conocimientos, sus recursos. No pongo sus nombres, porque me quedaría corto y a nadie hemos de olvidar. La Ciudad de los Niños se ha convertido en la “niña mimada” de la Orden, en un campo de acción para el trabajo comunitario de los estudiantes universitarios, en una llamada y compromiso social para las empresas privadas. Es también una respuesta válida, y con hechos, para las dificultades por las que pasan muchos en la sociedad costarricense; y se ha ganado el respeto de la Administración Pública y de la Iglesia: el obispo de la aún joven diócesis de Cartago ha hecho suya esta magna obra social. Manuel, tu experiencia ha conmovido cosas dentro de mí. Muestra un sueño hecho realidad. Ver las fotografías de los muchachos me ha hecho sonreír, casi llorar. La Ciudad de los Niños, verdaderamente, “huele a Dios”. Lo intuimos desde el principio, y cuando se apostó por la construcción de la iglesia, ese magnífico templo de la Institución, sabíamos que se convertiría en el corazón de todos los espacios, el motor de todo el trabajo. La formación religiosa, el testimonio de vida y de entrega de tanta gente, ahí tiene su dinamismo, su efectividad, su ánimo a la imitación. “La familia agustiniana es mi familia”, dices; “ahí aprendí a vivirlo como en ningún otro lugar”. (…) “Llegas a encontrar rincones dentro de ti que ni sabías que tienes”. Sí, la Ciudad de los Niños es un auténtico laboratorio de sentimientos que nos humanizan, conmueven… Y cualquiera siente que está gastando la vida en algo que merece la pena; y se experimenta la necesidad de hacer cosas grandes: “Él nunca falla, todo huele a amor”, concluyes. Así es, es la misma experiencia, con su más y sus menos, de todos nuestros pasos, anhelos, búsquedas y fracasos. “No lo sabremos explicar: se siente cuando se vive”. Esto es un misterio, muchos no llegan a descubrirlo. Yo lo viví como tú y otras muchas personas pueden decir lo mismo. Gracias, Manuel. Rigoberto Castellanos, agustino recoleto Cuernavaca, México.
Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por Shunet para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018 - 2019.