Decálogo del Voluntario

No está demás que de vez en cuando le echemos un vistazo a este tipo de elencos, que hacen que no perdamos de vista cuál es nuestra verdadera función.
testimonios | 26 ene 2007
1. En el voluntariado necesitamos descubrir la complejidad de los procesos sociales. Los problemas sociales tienen la forma de una tela de araña. Precisamos una buena información. 2. El voluntariado sólo tiene sentido cuando no pierde de vista el horizonte de la emancipación; es necesario dar ternura a un enfermo terminal, o acoger a una persona que lucha contra una adicción, pero ello debe ser un paso más en la búsqueda de soluciones a las causas de la marginalidad y del sufrimiento. 3. La acción solidaria es una opción libre con una triple aspiración: la estima de sí mismo, la solidaridad con los demás y el compromiso por una sociedad justa. 4. El voluntariado no es una coartada para desmantelar los compromisos del Estado, sino más bien para reclamarlos. Si nuestra presencia voluntaria es, en algún momento, un pretexto para que la Administración se retire o reduzca sus esfuerzos, el voluntariado habrá entrado en zona de peligro. 5. La acción voluntaria es como una orquesta a la que debemos exigirle coordinación, coherencia y concentración de esfuerzos. La fragmentación no conduce a nada: en el equipo cada cual juega en su propio lugar colaborando con el resto en función de la partida. 6. El voluntario ha de tener competencia humana, y calidad técnica. La buena voluntad no basta .Si, por ignorancia o por incompetencia, hiciéramos sufrir a una persona frágil, aunque fuese con la mejor intención, sólo lograríamos aumentar su impotencia y su marginalidad. 7. El voluntario ha de ganar espacios en las clases populares. No puede ser una institución que interese sólo a las clases medias, ni a quienes les sobra el tiempo. Más bien responde al ejercicio de la ciudadanía que se responsabiliza de los asuntos que afectan a todos. 8. El voluntariado estima al profesional de la acción social y buscará siempre la complementariedad. Pero, por eso mismo, no podemos convertirnos en auxiliares ni en correa de transmisión, sino que defendemos el espacio de libertad y de acción que nos es propio. 9. En el voluntariado necesitamos hoy disciplinar nuestra acción. Las mejores iniciativas se pierden por incapacidad de someterlas a un programa, a unos objetivos, a un método, a unos plazos a una dedicación seria, a una evaluación ... La buena intención es un camino viable si hay disciplina: si no la hay, es un fracaso. 10. La acción voluntaria requiere reciprocidad. No se orienta simplemente a la asistencia o ayuda al otro, sino al crecimiento de ambos. La estima del otro sólo exige la acogida, sino que además espera una respuesta análoga
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