La Sagrada Familia

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Nos unimos a José a María y al Niño Jesús como modelo de la gran familia que formamos todos los seres humanos. Ofrecemos un texto y una oración de Juan Pablo II.
pastoral | 31 dic 2006
En estos días de felicitaciones, de intercambio de regalos y buenos deseos recordamos, de la mano de Juan Pablo II lo que significa Amar a la familia, el mayor regalo que todos tenemos. Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa individuar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Amar es dar a la familia cristiana de hoy razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado: «Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario que sigan a Cristo» Oración Por misterioso designio de Dios, en ella vivió escondido largos años el Hijo de Dios: es, pues, el prototipo y ejemplo de todas las familias cristianas. Aquella familia, única en el mundo, que transcurrió una existencia anónima y silenciosa en un pequeño pueblo de Palestina; que fue probada por la pobreza, la persecución y el exilio; que glorificó a Dios de manera incomparablemente alta y pura, no dejará de ayudar a las familias cristianas, más aún, a todas las familias del mundo, para que sean fieles a sus deberes cotidianos, para que sepan soportar las ansias y tribulaciones de la vida, abriéndose generosamente a las necesidades de los demás y cumpliendo gozosamente los planes de Dios sobre ellas. Que San José,«hombre justo», trabajador incansable, custodio integérrimo de los tesoros a él confiados, las guarde, proteja e ilumine siempre. Que la Virgen María, como es Madre de la Iglesia, sea también Madre de la «Iglesia doméstica», y, gracias a su ayuda materna, cada familia cristiana pueda llegar a ser verdaderamente una «pequeña Iglesia», en la que se refleje y reviva el misterio de la Iglesia de Cristo. Sea ella, Esclava del Señor, ejemplo de acogida humilde y generosa de la voluntad de Dios; sea ella, Madre Dolorosa a los pies de la Cruz, la que alivie los sufrimientos y enjugue las lágrimas de cuantos sufren por las dificultades de sus familias. Que Cristo Señor, Rey del universo, Rey de las familias, esté presente como en Caná, en cada hogar cristiano para dar luz, alegría, serenidad y fortaleza. A Él, en el día solemne dedicado a su Realeza, pido que cada familia sepa dar generosamente su aportación original para la venida de su Reino al mundo, «Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz» hacia el cual está caminando la historia. Juan Pablo II Exhortación Apostólica Familiaris Consortio. 22 de noviembre de 1981.
Pistas para buscar a Dios en familia La familia es un bien preciado y muy valorado en nuestra sociedad, sobre todo entre los jóvenes. Porponemos hoy un desafío: buscar a Dios en familia. Puede que estas pistas a algunos les suenen a algo arcaico y trasnochado. Sin embargo, si el cristiano es, como Agustín de Hipona, un eterno e incansable buscador de Dios, ¿qué hay de malo en que nos ayudemos para ello de los que viven con nosotros, en familia? El Espíritu, que sabe lo que nos hace falta en cada momento, empuja a cada familia, a emprender la búsqueda de Dios, a vivir en su presencia, a colaborar en la expansión de su proyecto de fraternidad universal por todo el mundo. Con este fin ofrecemos a continuación algunas pistas que pueden ser útiles: Cultivad el saludo: Tenemos muchas oportunidades cada día. Lo bonito es que a través del saludo a la familia, saludemos al mundo entero, saludemos al Señor. El mejor saludo es el que respira gratuidad y acogida incondicional. Dejaos ayudar por presencias alentadoras en el camino: La ambientación de la casa es algo que expresa la peculiaridad de cadaf familia. Hay mucha gente que ha dejado profundas huellas en el camino, pueden servirnos de pistas. Practicad el diálogo: Parece que en nuestros días tenemos miedo a un mundo de no iguales. Cuando tratamos a los demás como iguales, se abren nuevos horizontes, el corazón se ensancha. En el diálogo aprendemos a no vernos los unos a los otros como un problema, sino como una esperanza. “Poneos de acuerdo para que no haya divisiones entre vosotros, sino que conservéis la armonía en el pensar y en el sentir”. Orad juntos: Quizá haya que empezar por buscar motivos para orar. Y una vez que encontremos un motivo que merezca la pena, podemos escuchar la palabra del Evangelio, para encontrarnos con la ternura de Jesús que se respira en todas sus palabras. Y podamos aprender el lenguaje del silencio, donde el Espíritu nos murmura el amor del Padre. Y podemos pedir a Dios el perdón y dárnoslo unos a otros, porque es mejor perdonar que tener razón. Salid a la vida con una tarea de evangelio entre las manos: El amor que vivimos en la familia es regalo de Dios, que es amor, y se convierte en tarea diaria para toda la familia. La misión nos obliga a abrirnos a todos porque el amor es universal, al igual que el sol que sale cada mañana para todos. La vida de la familia cristiana es creadora de ternura, con la que hay que salir al encuentro de los pobres, que tienen un rostro aunque esté escondido en la vida. Como decía Monseñor Óscar Romero, sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios exige.
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