Día Mundíal de los Inmigrantes

La celebración de este día debe concienciarnos a todos de la necesidad de acoger, y respetar a quien acude a nuestras tierras, guiado por la luz de la esperanza que quizá en otro lado no brilla.
pastoral | 18 dic 2006
Los movimientos migratorios han existido desde que el ser humano empezó a serlo. La presencia de nuevos vecinos es un factor continuamente presente en la mayoría de nuestras sociedades. Esta nueva presencia no deja de ser una prueba de fuego para el discurso de tolerancia, de aprecio de la diferencia y del mestizaje cultural. La presencia del diferente y distinto siempre enriquece al ser humano, que se constituye como persona en la relación con los demás. La riqueza es mayor si la diferencia es grande, pues el rostro del otro siempre será espejo que me ayuda a conocerme y crecer como persona. Pero por desgracia, en este Día mundial de los Inmigrantes tenemos que recordar de nuevo el artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: Toda persona tiene derecho a circular libremente, salir de cualquier país y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. Las políticas de extranjería de los países que se dicen desarrollados, y lo son en lo económico pero no tanto en lo social, parten de una concepción de justicia selectiva, territorial, ética y elitista que pretenden no mezclar del todo las sociedades. Si el nuevo, el otro, no tiene ni dinero ni papeles entonces la barita mágica de la ley hará que ese otro se transforme en no persona. Así las cosas el pobre artículo 13, ha dejado de ser un Derecho fundamental vinculado a la condición humana para convertirse en un merecimiento siempre y cuando se sea apto a los ojos gubernativos. Como dice el refrán, a río revuelto ganancia de pescadores, pues quienes están condenados a vivir en un país sin tener la categoría de personas caen en las golosas manos de las mafias o de nuevos negreros… Podíamos continuar añadiendo factores a esta larga minuta donde la ética y la justicia no están muy presentes. En un día como el de hoy no está mal que esbocemos al menos tres actitudes que, de hacerse de ponerse en marcha harían de este mundo una mesa donde todos pueden sentarse con pleno derecho: • La audacia de bucear en las entrañas de la realidad, de romper estereotipos y ver seres humanos y miembros de la familia humana, más allá de lo anecdótico y categorial. • El ejercicio constante de la compasión, sentimiento que nos sacó de las cavernas, como capacidad de ponernos en lugar del otro, sin paternalismos. • La capacidad de indignarnos ante el atropello de los derechos de los más vulnerables y le coraje de disentir ante lo injusto. Nos hemos empeñado en trazar fronteras y líneas que no imaginamos para cualquier ave y muchísimo menos para las mercancias y los capitales para los que si es un bien fundamental el libre tránsito. Releamos el artículo 13 en este día y luchemos porque esos “otros”, esos “nuevos”, dejen de serlo a nuestros ojos y puedan sentirse en su casa..
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