Lunes y Martes II de Adviento

¿Hay algo más grande que una persona capaz de amar? Cuando alguien se extravía aumenta tu amor por él y se desborda la alegría del encuentro. Así es tu amor, así de solícito.
pastoral | 11 dic 2006
Escuchemos a san Agustín: ¡Despierta, hombre; por ti, Dios se hizo hombre! ¡Levántate, tú que duermes; levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará! Por ti, repito, Dios se hizo hombre. Sermón 185, 1 Reflexión: Regalos que no cuestan 1. El regalo de escuchar. ¡Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar!... Solo escuchar. 2. El regalo del cariño. Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos, estas pequeñas acciones demuestran el cariño por tu familia y amigos. 3. El regalo de la sonrisa. Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas y tu regalo dirá: «Me gusta reír contigo». 4. El regalo de las notas escritas. Esto puede ser un simple «Gracias por ayudarme». Un detalle como estos puede ser recordado de por vida y, tal vez, cambiarla incluso. 5. El regalo de un cumplido. Un simple y sincero «Te ves genial de rojo», «Has hecho un gran trabajo» o «Fue una estupenda comida» puede hacer especial un día. 6. El regalo del favor. Todos los días procura hacer un favor. 7. El regalo de la soledad. Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Sé sensible a aquellos días y da éste regalo o solicítalo a los demás. 8. El regalo de la disposición a la gratitud. La forma más fácil de hacer sentir bien a la gente es decirle cosas que no son difíciles de decir como «Hola» y «Muchas Gracias».
Martes Escuchemos a san Agustín: ¿Qué mayor gracia de Dios pudo brillar para nosotros que, teniendo un hijo unigénito, lo hiciera hijo del hombre, y del mismo modo, pero al revés, hiciera hijo de Dios al hijo del hombre? Busca el mérito, busca el motivo, busca la justicia, y ve si encuentras otra cosa que no sea la gracia. Sermón 185, 3 Reflexión: Canción de Navidad El fin de año huele a compras, enhorabuenas y postales con votos de renovación, y yo qué sé del otro mundo, que pide vida en los portales, me doy a hacer una canción. La gente luce estar de acuerdo, maravillosamente todo parece afín al celebrar. Unos festejan sus millones, otros la camisa limpia y hay quien no sabe qué es brindar. Mi canción no es del cielo, las estrellas, la luna, porque a ti te la entrego, que no tienes ninguna. Mi canción no es tan sólo de quien pueda escucharla, porque a veces el sordo lleva más para amarla. Tener no es signo de malvado y no tener tampoco es prueba de que acompañe la virtud; pero el que nace bien parado, en procurarse lo que anhela no tiene que invertir salud. Por eso canto a quien no escucha, a quien no dejan escucharme, a quien ya nunca me escuchó: al que en su cotidiana lucha me da razones para amarle: a aquel que nadie le cantó. Silvio Rodríguez
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