El Epistolario de san Ezequiel, una obra capital

Los dos primeros tomos del epistolario de san Ezequiel Moreno ya corren por ahí, en espléndida presentación. Los otros dos aparecerán enseguida. Su autor, Ángel Martínez Cuesta, explica cómo se gestaron y la importancia que tienen.
pastoral | 06 oct 2006
El pasado 17 de septiembre se presentaban en Logroño los dos primeros volúmenes del epistolario de san Ezequiel Moreno, en el marco del Congreso Internacional organizado con ocasión del I Centenario de su muerte. En esta nuestra página dábamos cuenta del acontecimiento.

El encargado de presentar la obra era el historiador agustino recoleto Ángel Martínez Cuesta. Lo cual era tanto como presentarse él mismo, puesto que a él se deben la edición, introducción y notas de los cuatro volúmenes que completarán el epistolario.

Al mismo Martínez Cuesta hemos recurrido pidiendo, en primer lugar, nos resuma el camino hecho hasta el presente. Arranca él de 1975; hasta entonces, y desde 1917, no había habido novedad en la investigación sobre san Ezequiel. En 1975, con motivo de la beatificación, publicó Martínez Cuesta una nueva biografía del Santo. En ella, bajo el título Beato Ezequiel Moreno. El Camino del Deber “se hacía por vez primera un amplio uso de la correspondencia privada del Santo”. Y, lo que es más importante, su preparación “me hizo ver la necesidad de continuar la obra, y desde entonces nunca la he dejado de la mano. En todos mis viajes por Colombia, Filipinas y España llevaba siempre conmigo la idea de proseguirla, reuniendo los materiales que me salieran al paso en mis investigaciones sobre otros temas de la vida de la Orden”.

En esta tensión se ha mantenido durante decenios, hasta 2004, en que, a propuesta de la Curia General de la Orden, “comencé a organizar el material. Desde ese momento el Epistolario ha ocupado casi todo mi tiempo”.

Fruto de todo ese material y ese esfuerzo son los dos volúmenes que ya han aparecido y los tomos 3 y 4 que verán la luz de inmediato. Volúmenes que representan una novedad casi absoluta en comparación con los dos tomos de Cartas del Santo que antaño publicara el agustino recoleto y obispo de Sigüenza (Guadalajara, España) Toribio Minguella. “Hasta ahora sólo eran de dominio público las 369 cartas publicadas por Minguella entre 1914 y 1917 más algunas decenas aparecidas en publicaciones de difícil acceso. Con este nuevo epistolario, el total de cartas conocidas asciende a 1.600. Y a ellas hay que añadir 990 cartas dirigidas al Santo por docenas de corresponsales, casi todas ellas desconocidas. Además, se han enriquecido con nuevas notas explicativas que las ambientan y hacen comprensibles. Estas notas ascienden a más de 6.100” .

Estos datos estadísticos dan al profano idea de la importancia de la obra. Pero Martínez Cuesta sabe explicarla y aquilatarla con más detalle. En primer lugar, el epistolario de san Ezequiel “nos pone en contacto con un alma grande, bendecida por Dios, y, por tanto, nos permite asistir a las maravillas que la gracia obra en quien se abre generosamente a ella. Además, nos pone ante los ojos multitud de cuestiones espirituales y pastorales, mil detalles de la vida de una comunidad religiosa o de iglesia local, así como el emerger de nuevos problemas en dos naciones nuevas, Filipinas y Colombia: una en vísperas de su independencia, y otra en pugna por organizar su vida pública tras casi un conflictivo siglo de vida autónoma”.

Esto, que resulta tan cierto para cualquier lector, cobra especial relevancia para los lectores agustinos recoletos o cuantos estén interesados en su vida. “Por vez primera los agustinos recoletos disponemos de un documento escrito que nos permita acercarnos tan de cerca a una figura de la Orden. Hasta el presente no disponíamos ni de autobiografías, ni de epistolarios, ni apenas de relatos circunstanciados que nos permitieran observar de cerca la relación de algunos de sus religiosos con Dios, o el modo como habían organizado la convivencia durante un periodo suficientemente significativo, o el espíritu con que habían afrontado los mil problemas de la vida pastoral y comunitaria”.

Y, por si quedara alguna duda, remacha Martínez Cuesta su recomendación: “Además, san Ezequiel Moreno es, en muchos aspectos, un religioso de nuestro tiempo, un religioso que vivió en los mismos espacios geográficos en que nosotros nos desenvolvemos y desempeñó las tareas pastorales que todavía hoy constituyen el cañamazo de nuestra existencia. En él pueden mirarse nuestros estudiantes, nuestros misioneros, nuestros párrocos, nuestros superiores e incluso nuestros obispos”.

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