Comienza la fundación de monjas recoletas en África

El día 26 de julio salieron de Madrid para Kenia las fundadoras del primer monasterio de agustinas recoletas de África. El grupo está formado por tres monjas españolas, una mexicana y una filipina.
testimonios | 31 jul 2006
En León, en el momento de la despedida
A las 7 de la mañana del día 26 de julio volaban desde el aeropuerto de Barajas hacia Nairobi, Kenia, vía Bruselas, cinco monjas agustinas recoletas para fundar la primera comunidad contemplativa de la Orden en el continente africano bajo el patrocinio de Nuestra Señora de la Consolación. Comenzaba una aventura difícil e histórica. La cosa comenzó hace unos años. El obispo de Machakos escribió a la madre federal, residente en León, manifestando su deseo de contar con una comunidad contemplativa como elemento importante de la Iglesia que camina en esa región. No se conformó con una o dos veces. Insistió hasta lograr conmover a las responsables, quienes visitaron el lugar. Allí encontraron una cordial acogida por parte del obispo y de algunos sacerdotes más interesados, principalmente monseñor Alfons. Al mismo tiempo encontraron un grupo de jóvenes, muy bien preparadas por éste, ilusionadas con formar parte de las agustinas recoletas. Tres veces la madre federal con otra monja, acompañadas por el padre Antonio Palacios como traductor, pudieron constatar el entusiasmo de los promotores y las condiciones y posibilidades de llevar adelante la fundación. Las jóvenes, a pesar de los retrasos, permanecieron fieles y constantes en su deseo, sin marcharse a otras comunidades que les abrían las puertas. La posibilidad de llevar adelante el proyecto fue muy debatida, hasta que oficialmente las comunidades de la federación de España votaron positivamente y aceptaron la empresa como obra de todas ellas. Hecha la llamada para contar con las monjas voluntarias, se eligió a sor Esperanza Martín, de la comunidad de Serradilla, como priora; a sor Cristina González, de Colmenar de Oreja; a sor Alicia Cuautli, de la federación de México; a sor María José Vila, de la comunidad de Bacolod; y a sor Judith de Quiroz, filipina y miembro de la comunidad de Baeza. Hace unas semanas se fueron reuniendo en el convento de León para prepararse e integrar el grupo fundador. Tres de ella estaban vinculadas a Bacólod, ya que sor Josefina y sor María José marcharon allí entre las pioneras y sor Judith es la primera vocación filipina. Durante estas semanas han ido preparando lo necesario ropas, libros, ornamentos sagrados, etc. para organizar la vida de clausura recoleta. A la hora vespertina del 21 de julio, celebraron una liturgia especial de imposición del crucifijo a las fundadoras. Fue presidida por el padre Bernardo Cerda OAR y por el siempre cercano don Cipriano Rueda, el capellán. Los textos, cuidadosamente preparados, fueron base de profunda reflexión y de oportunos comentarios. Presentadas las fundadoras, se les fue imponiendo el crucifijo como signo del empeño misionero que comporta la vida contemplativa en la Iglesia. Quieren ser, como dijo santa Teresita del Niño Jesús, patrona de las misiones, “el corazón de la Iglesia”. La mañana del 25 de julio, fiesta de Santiago apóstol, salieron para Madrid con el cargamento tan cuidadosamente preparado en la furgoneta prestada por la comunidad de Las Rozas. Tras recalar brevemente en la casa de San Ezequiel (General Dávila, 5), visitaron a la comunidad de Santa Isabel y para mediodía llegaban al real monasterio de la Encarnación. Allí recibieron el ánimo del padre Antonio Palacios, que tanto trabajó en la fundación de Bacolod y que ha ido tres veces a Kenia acompañando las visitas de exploración; allí las visitó el padre general Javier Guerra, trayendo el ánimo de los miembros de la Orden; y allí recibieron el aliento del padre asistente Jesús Lanao, hospitalizado e impedido de acompañarlas en ese momento. Junto al sepulcro de la madre Mariana de San José, santa fundadora de la Recolección femenina, pudieron desahogar sus ideales e ilusiones. Antes de la madrugada del 26, cinco agustinas recoletas salieron para el aeropuerto, llevadas por el padre Javier Legarra, nerviosas por el abultado exceso de peso. Sor Alicia, recién operada, ha quedado en el monasterio de la Encarnación; a las cuatro fundadoras acompaña la madre federal sor María Cruz Aznar. No hubo mayores problemas con el sobrepeso; todo les fue facilitado por la amabilidad de las encargadas de la compañía, que experimentan las habilidades diplomáticas de sor María José y sor Judith. A las 6 de la madrugada, el padre Legarra les da la bendición en nombre del Señor. Va con ellas una experimentada agustina misionera de Soria, que lleva allí más de veinte años. Parecen sonar en la terminal 4 de Barajas las palabras del Señor: Id y anunciad el evangelio, incorporaos a la Iglesia en Kenia y dad a conocer allí el carisma agustino recoleto. Así se ponía en marcha una difícil y esperanzada aventura.
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