Dios es amor (y 2)

Segunda colaboración comentario a la encíclica de Benedicto XVI. Se recogen los análisis de los colaboradores del Pontífice: Amato, Levada, Martino y Cordes.
pastoral | 28 jun 2006
Si quieres ver el capítulo primero, pulsa aquí La primera encíclica de Benedicto XVI –Deus caritas est es la número 294 de la historia de la Iglesia, y el Papa la redactó en alemán —aunque el texto oficial es el latino— el pasado verano, durante sus vacaciones en el Valle de Aosta, al norte de Italia. Según los “vaticanólogos” y especialistas en Ratzinger, la primera parte de esta encíclica es de puño y letra del propio Papa, pero la segunda guarda relación con Juan Pablo II, que tenía previsto escribir una encíclica sobre la caridad, que la muerte le impidió llevar a cabo, según dijo en la rueda de prensa de presentación del documento el arzobispo Paul Josef Cordes, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum. Sobre ambas partes ha trabajado la Congregación para la Doctrina de la Fe, que ha dado unidad al texto. Por supuesto, Benedicto XVI ha tenido en todo momento la última palabra. Cuando escribe un documento, el Papa suele valerse de diversas ayudas, entre las que destaca por su calidad e importancia la de sus colaboradores más cercanos, quienes le aportan la documentación requerida y, cuando se les solicita, le manifiestan su parecer. Me parece importante conocer lo que estos colaboradores piensan sobre la encíclica: cómo presentan el documento, qué puntos son los que resaltan y qué mensaje nos dejan. Todo ello nos aporta nuevas claves para poder entender mejor la letra y el sentido que Benedicto XVI le quiere dar a su carta. • Los colaboradores presentan la encíclica La carta Dios es amor fue presentada al mediodía del 25 de enero de 2006 en la Sala de Prensa del Vaticano, en una rueda de prensa en la que participaron el cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, junto con el ahora cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y monseñor Paul Josef Cordes, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum. Monseñor Angelo Amato Anteriores a la rueda de prensa eran unas declaraciones de monseñor Amato, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y durante varios años brazo derecho del cardenal Ratzinger en su tiempo de prefecto de dicha Congregación vaticana . Amato era uno de los pocos que habían podido seguir de cerca la elaboración de la encíclica. Por todo esto, sus comentarios ayudan mucho a descubrir los conceptos claves del documento pontificio. Destaco algunos. • “La primera encíclica de Benedicto XVI es diferente a la primera de Juan Pablo II Redemptor hominis, que describía la agenda de todo su pontificado, incluído el Jubileo del 2000. Benedicto XVI ha escrito esta encíclica para volver a los fundamentos del cristianismo, para relanzar la idea de que el Dios cristiano es un Dios de caridad… • En la parte del amor entre hombre y mujer se trata de una teología de la realidad esponsal. El Papa compone eros y ágape en unidad, no excluye uno a favor del otro, sino que explica que el eros no tiene que encerrarse en el egoísmo, en el placer exclusivo; antes bien, tiene que convertirse en ágape, es decir atención por el prójimo. Además el Papa, en su encíclica, cita el Cantar de los cantares, considerado el libro más "erótico" de la Biblia y a veces obviado por la Iglesia. La encíclica contiene una invitación "a leer y profundizar" este libro. • El Papa habla de que "el amor de Dios es pasional" y pone en guardia a todos sobre los aspectos exteriores y burocráticos de la fe. La fe necesita de religiosidad. pero esta no tiene que ser superficial, sin motivaciones interiores, ni tradicionalista, en el peor sentido de la palabra. • Una novedad es que el Papa, en su encíclica, hace referencias históricas para explicar los conceptos de “caridad” y “pobreza·, y cómo algunas ideologías como el Marxismo "fracasaron". Puede así comentar que la caridad de la Iglesia no es diferente de la justicia, pero que en ella no existe la palabra “mañana”, ya que a quien tiene hambre se le tiene que dar de comer ahora. Volvemos a la rueda de prensa en que se presentó la Encíclica. Nos detenemos en algunos de los comentarios que hicieron los participantes. Cardenal Renato Raffaele Martino Es el presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, y comenta la segunda parte del documento, en la que el Papa afronta el tema de la relación entre justicia y caridad e indica unas orientaciones sobre la competencia de la iglesia y de su doctrina social y sobre la competencia del Estado en la relación de un orden social justo. Destacamos algunas de sus ideas. • Dios es caridad es un documento programático, que plantea al mundo contemporáneo el meollo del mensaje cristiano. Al recordar que Dios es caridad, el Santo Padre invita a todos a ir al centro de la fe cristiana. En el origen del ser cristiano no hay una decisión ética o una gran idea, sino más bien el encuentro con un acontecimiento, una Persona que da a la vida un nuevo horizonte, y con ello la dirección decisiva. • La construcción de un orden social y estatal justo no es un cometido inmediato de la Iglesia, al tratarse de un quehacer político. Sin embargo, el Papa señala que la Iglesia tiene el deber de ofrecer mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables. • El Santo Padre afirma que la Iglesia, a través de su doctrina social, tiene el deber de "despertar las fuerzas espirituales y morales". En este contexto, la encíclica afirma que los fieles laicos, como ciudadanos que son del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Su misión es configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y cooperando con los demás ciudadanos según las respectivas competencias y bajo la propia responsabilidad. • La presencia del laico en el campo social se concibe aquí en términos de servicio, signo y expresión de la caridad, que se manifiesta en la vida familiar, cultural, laboral, económica y política. • Respondiendo a una pregunta sobre la denuncia del marxismo número 27 de la encíclica , el cardenal Martino explicó que «el marxismo condenaba las acciones de la Iglesia en favor de los pobres porque el sueño era el de una sociedad justa en la que todos pudieran tener lo suyo». «Se trataba de un sistema en el que cada autonomía personal estaba en función del Estado patrón. Un sueño que se ha revelado un programa irrealizable y que ahora se ha esfumado». Por el contrario, recordó el cardenal, «he viajado por todo el mundo y he visto cuántos voluntarios, cuántos misioneros y misioneras han dedicado su vida al testimonio de la caridad y del amor, en respuesta a una llamada, y esta llamada es la del Señor». Cardenal William Joseph Levada El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe afirma entre otras cosas las siguientes. • La encíclica es un "texto capital sobre el núcleo de la fe cristiana, entendiendo con ello la imagen cristiana de Dios y la imagen del ser humano que deriva de ella. "Un texto capital" que se opone al uso equivocado del nombre de Dios y a la ambigüedad de la noción de "amor", que es tan evidente en el mundo actual". • Para explicar la novedad del amor cristiano, el Santo Padre intenta, antes que nada, ilustrar la diferencia y la unidad entre los conceptos" de "eros" y "ágape", que "no se oponen, sino que se armonizan entre ellos para ofrecer una concepción real del amor humano, un amor que corresponde a la totalidad cuerpo y alma del ser humano. El "ágape" impide al "eros" abandonarse al instinto, mientras que el "eros" ofrece al "ágape" las relaciones vitales fundamentales de la existencia del ser humano". • En el matrimonio indisoluble entre el hombre y la mujer, este amor humano encuentra su forma enraizada en la misma creación. • El amor del prójimo, enraizado en el amor de Dios, es una tarea que corresponde no solo a cada fiel, sino también y así se pasa a la segunda parte de la encíclica a la comunidad de los creyentes, es decir, a la Iglesia. Del desarrollo histórico del aspecto eclesial del amor desde los orígenes de la Iglesia, se pueden concluir dos datos: El servicio de la caridad pertenece a la esencia de la Iglesia; y. en segundo lugar, a nadie le debe faltar lo necesario en la Iglesia y fuera de ella". • El Papa comenta algunos aspectos del servicio de caridad —diakonia— de la Iglesia en los tiempos modernos. Responde a la objeción de que la caridad con los pobres es un obstáculo a la justa distribución de los bienes del mundo a todos los seres humanos. Elogia las nuevas formas de colaboración fructífera entre las instancias estatales y las eclesiales, haciendo referencia al fenómeno del voluntariado. • Resumiendo la encíclica, el cardenal Levada afirmó que "nos ofrece una visión del amor por el prójimo y del deber eclesial de obrar la caridad como realización del mandamiento del amor, que hunde sus raíces en la esencia misma de Dios, que es Amor". El documento, terminó, "invita a la Iglesia a un compromiso renovado en el servicio de la caridad (diakonia), como parte esencial de su existencia y misión". Monseñor Paul Josef Cordes El presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, recalcó que el texto de hoy es la primera encíclica sobre la caridad y que quizá la presentación de la encíclica por parte de su Dicasterio obedecía al hecho de que Cor Unum abarca la ejecución de las iniciativas personales del Papa como signo de su compasión en determinadas situaciones de miseria. Añadió entre otras las siguientes valoraciones. • La caridad de la Iglesia está hecha de intervenciones concretas y comprende iniciativas políticas, como la condonación de la deuda para los países más pobres. Queremos promover la conciencia de la justicia en la sociedad. Pero el Papa Benedicto XVI ha querido iluminar en cambio el compromiso caritativo con un fundamento teológico. Está convencido de que la fe tiene consecuencias sobre la persona que actúa y por lo tanto, sobre la modalidad e intensidad de su ayuda. • La doctrina social de la Iglesia y la teología de la caridad se entrelazan, sin lugar a dudas, pero no coinciden del todo. La primera enuncia los principios éticos para la búsqueda del bien común y se mueve sobre todo en ámbito político y comunitario. En cambio, el hacerse cargo individualmente y juntos de los sufrimientos del prójimo no exige una doctrina sistemática. Nace de la palabra de la fe. • En nuestra sociedad está muy difundida, por suerte, la mentalidad filantrópica, pero en los fieles puede insinuarse la idea de que la caridad no forma parte esencial de la misión eclesial. Sin un fundamento teológico sólido, las grandes organizaciones eclesiales podrían disociarse de la Iglesia y preferir identificarse como organismos no gubernamentales (ONG). En ese caso, su "filosofía" y sus proyectos no se diferenciarían de los de la Cruz Roja o de los organismos de la ONU. Algo que está en contraste con la acción bimilenaria de la Iglesia y no tiene en cuenta la relación íntima entre acción eclesial en favor del ser humano y anuncio del Evangelio. • Tenemos que ir más allá concluyó el arzobispo Cordes ; la sensibilidad de tantas personas, sobre todo de los jóvenes, contiene un "kairos apostólico". Abre perspectivas pastorales notables. Los voluntarios son innumerables y no son pocos los que descubren el amor de Dios al entregarse al prójimo con amor desinteresado. • Valoración personal Deus caritas est no parece la pieza fundacional de un pontificado tímido o transitorio. Todo lo contrario. El Papa retoma parte del trabajo teórico de sus antecesores para engarzar amor, caridad y justicia en una misma tesis y para definir el nuevo papel de la iglesia católica: no al margen de la política, sino por encima de ella; empeñada en obras sociales aunque la justicia sea "tarea de la política"; capaz de "purificar" la razón pública para evitar que caiga en la "ceguera ética". El tema de la nueva encíclica es el Amor, el de Dios a cada uno de nosotros y el de cada uno hacia Él y hacia nuestros hermanos. Este tema es siempre actual porque define al mismo Dios que no pasa nunca. Dice san Juan que Dios es amor (1 Jn 4,16). Poco más puede decirse. Y sin embargo es un tema sobre el que debemos volver una y otra vez porque la palabra «amor» se utiliza para todo y, las más de las veces, desluce. Por eso hay que volver al Amor originario; ese del que también dice el Apóstol que consiste no en que nosotros nos hayamos adelantado a amarle a Él, sino en que Él nos amó primero (1 Jn 4, 19). La comprensión cristiana del amor comprende y sobrepasa las nociones mundanas o meramente «humanas». En su encíclica, Benedicto XVI rechaza una polarización entre el «eros», amor de atracción, y el «ágape», amor de entrega, como si el «eros» fuera pagano y el «ágape» cristiano, y arguye en cambio que estos dos tipos de amor están interrelacionados. El «eros», dice, «está arraigado en la verdadera naturaleza del hombre». Al mismo tiempo, para ser plenamente humano, el «eros» debe madurar en el «ágape», la noción cristiana de caridad o de entrega a los demás, conformada con Cristo. No es suficiente para nosotros «sentir» amor, tenemos que «elegir» amar como decisión libre. Además, la gente a menudo asocia el amor con meros sentimientos que van y vienen, o con egoísmo y deseo. En esta carta, Benedicto XVI insiste en que el amor significa más que esto, y eventualmente lleva a la entrega de uno mismo, ejemplificada en el sacrificio redentor de Cristo. El Papa hace un enfoque profundamente teológico y bíblico del tema del amor cristiano. La rehabilitación del amor, indica el Papa, requiere un retorno a sus orígenes divinos. Para comprender la naturaleza del amor, debemos volver la mirada a Dios que es el amor mismo. Al mismo tiempo, la encíclica es hondamente «humana»; la teología cristiana concibe la persona humana como creada a imagen y semejanza de Dios. Amar y ser amado es el verdadero sentido de la existencia humana. Por consiguiente, redescubrimiento del amor quiere decir redescubrimiento de la humanidad. Benedicto ha empleado su primer gran momento magisterial para lanzar un mensaje de esperanza y no para reprochar nada a nadie. Deus caritas est se centra en el amor de Dios que todos nosotros estamos llamados a aceptar e imitar. Finalmente, amable lector, permíteme que te transcriba un texto que me ha encantado y que me parece un buen resumen de esta encíclica. El escrito apareció publicado en el periódico madrileño La Razón el pasado 26 de enero, tiene como autor a Álex Rosal y se títula Huelga de Amor. Algo terrible nos está pasando para que Benedicto XVI dedique su primera encíclica a recordarnos algo tan elemental como es el amor. Desde su atalaya del espíritu, este anciano venerable debe estar preocupado al comprobar cómo en el siglo del progreso material, los viajes de ida y vuelta a la Luna, las guerras de diseño, la cirugía estética, los spa, los campos de golf a porrillo y móviles de sexta generación para niños, nos sentimos menos queridos que nunca, crecientemente despreciados, olvidados, o lo que es peor: señalados con ironía. También vulgares por ser un número más, o profundamente tristes por no importarle a nadie. Hay huelga de Amor. Y esa ausencia del motor principal de la vida trae la violencia a aquella mujer a la que juraron cuidado eterno; traición a la amistad de toda una vida o el descuido al débil por carecer de fuerzas. Ya no se mira a los ojos ni eres «querido» por lo que vales. Es triste tener el aprecio del director del banco por tener unos pocos euros. Lo que llamamos coloquialmente «amor» es efímero, apenas dura unos minutos, y acaba hastiando por repetitivo y rutinario. Hay quien reclama «más cariño y menos sexo». Algunos gritan: «¡Que se pare el mundo que yo me bajo!». Otros, simplemente quieren morir. No somos felices; falta amor. Y en esto llega un sereno intelectual, un hombre de bien, un conocedor profundo de las heridas del corazón, y escribe unos cuantos folios para explicarnos qué demonios es eso del Amor. ¿Dónde se encuentra? ¿Cómo se llega hasta él? Como si fuera un guía de museo, nos muestra las «salas» de esos distintos amores. Y se detiene en la principal para decirnos al oído algo de Perogrullo que ya hemos olvidado: no se puede amar si uno no se siente querido. Así de fácil. Pero, tranquilo. Dios sale a nuestro encuentro y sin pedirnos permiso nos toma la delantera y nos ama sin importarle las miserias o pecados que tengamos. Tampoco repara en nuestros méritos o virtudes. Nos ama gratis. Sin pedirnos nada a cambio. Nos enchufa amor donde había vacío. La huelga debe parar. Ya podemos amar porque somos amados. Dios te ama. Dios nos ama. Dios es Amor. José Miguel Panedas Consejo General OAR, Roma
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