El latir del corazón agustino recoleto

Inés Parrondo es una joven laica de Getafe (Madrid, España), voluntaria desde hace varios años en las misiones agustino-recoletas. Se dirige al Capítulo Provincial para manifiestar sus mejores deseos y dar un testimonio de cariño y vida.
pastoral | 26 may 2006
En Madrid-Barajas, al salir para Brasil
Estimados miembros del Capítulo: Hoy quiero compartir con todos vosotros la alegría y agradecimiento que siento por estos cinco años de trabajo y convivencia con y entre vuestro carisma y sencillez, por el que me he visto beneficiada y enriquecida. Mi primer acercamiento a los agustinos recoletos fue en el año 2001 a través de mi experiencia en La Ciudad de los Niños (Costa Rica), donde Dios abrió mi corazón a una conversión, a un renacer, a un despertar a otras realidades que precisaban de presencia, de denuncia y de ternura. Y, como en una ocasión revelé, las historias de vida con las que me topé eran reflejo de un pasado que por mucho tiempo guardé y del que me avergoncé. Sin darme cuenta me encontré rodeada de una multitud de sentimientos en conflicto. ¿Cómo solventar tantas carencias percibidas en aquellos muchachos?, ¿cómo ayudar? ¡Si la primera en reclamar un espacio, un reconocimiento y un lugar era yo!. Pronto descubrí figuras desconocidas, presencias incondicionales, donaciones gratuitas, vidas entregadas a los otros con gratuidad y responsabilidad. Esas personas eran hombres de diferente edad y personalidad. Hombres que pronto se convirtieron en amigos, compañeros, hermanos y confesores. Ellos fueron y hoy siguen siendo (otros frailes) fuente motivadora para mi, y me atrevo a afirmar que también para todos los laic@s comprometid@s que creemos en la bondad del ser humano, en el encuentro de múltiples alternativas constructivas, en el poder del amor como transformador de dinámicas destructivas. Gracias a sus palabras de aliento y a esos largos y frecuentes momentos de escucha y confianza, descubrí que el otro era importante; y ese otro al que no me unía ningún tipo de vínculo siempre estaba a mi lado. Lejos de casa, de mis amigos y familia, entre los agustinos recoletos, pronto me sentí en familia. Hoy desde Lábrea, tras siete meses de difícil estadía en Fortaleza, reafirmo mis percepciones y doy gracias a Dios y a todos los agustinos recoletos de la provincia de San Nicolás de Tolentino, por tanta confianza, apoyo, transparencia, sencillez y fraternidad tanto a mi labor profesional como a mi persona. Todas, virtudes inherentes al carisma agustino recoleto, presente en todas las comunidades de las que he participado y donde siempre me he sentido en familia, por la entrega, ternura y acogida puesta al servicio del visitante. Siendo el Capítulo un tiempo de análisis, donde se deben colocar las luces y sombras de la Provincia en sus diferentes proyecciones y valores de vida, trabajo y misión, no quería dejar pasar la oportunidad de halagar ese enorme tejido humano que lucha por fortalecer, a través de acciones y formaciones, su carisma fraterno y comunitario. La intensa convivencia con muchos frailes que hoy son grandes amigos, me permitió como laica, vivir y entender la razón de ser y perseverar en su misión. Muchas veces me he preguntado y en alguna ocasión he cuestionado abiertamente, ¿por qué los frailes han de sobreponerse a la soledad, a la duda y al abatimiento, sufridos en algunos momentos de sus vidas, en algunas de las difíciles misiones donde llegan y permanecen por obediencia?, ¿cuál es la fuente que les motiva a trabajar por el pobre, por el enfermo, el marginado, por todas esas causas que muchas personas consideran perdidas y abandonan a su suerte?. Y creo que la respuesta es el SI, el COMPROMISO para Dios y sus hermanos, a los que se unen por una causa común, encontrando en la comunidad la fuerza y el apoyo suficientes para seguir caminando por y para el otro. Nuevamente, gracias por haberme permitido escuchar y sentir el latir del corazón agustino recoleto. Y tengo certeza de que, al igual que yo, much@s de los que fueron voluntari@s en algunas de los ministerios de la Provincia de San Nicolás, agradecen y deben parte de su crecimiento espiritual y humano a la comunidad agustiniana. Que Dios os bendiga y siga fortaleciendo una increíble labor que llega a los lugares más recónditos y a las realidades más desfavorecidas, porque es vuestra presencia la que nos llena de esperanza. Inés Parrondo Orduña
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