Lábrea celebró el 21º aniversario del martirio de Cleusa Coelho, MAR

Como cada año, el domingo más próximo al 28 de abril —fecha del asesinato—, las comunidades de la Parroquia de Ntra. Sra. de Nazaret de Lábrea se reúnen para celebrar el gesto heroico de Cleusa, asesinada en 1985 por su defensa de la paz.
testimonios | 04 may 2006
El camión de apoyo con el sonido. Durante la procesión se inicia la Eucaristía.
Antecede a la celebración una preparación y ambientación que se realiza en las escuelas del municipio y en los medios de comunicación locales. Ya el domingo, a las siete y media de la noche, el pueblo se reunió en la plaza de la catedral.

El cielo, oscuro plomizo, amenazaba diluvio, como ya había sucedido durante todo el día. Aun así fueron llegando poco a poco los fieles. Se sentía la ausencia del cacique Agostinho Mulato, de edad avanzada y enfermo, uno de los protagonistas de aquel suceso y siempre presente en este acto.

Presidió el acto el obispo de la Prelatura de Lábrea, Jesús Moraza, acompañado por los agustinos recoletos Miguel Ángel Peralta y Rogelio Morgan, y el sacerdote diocesano Antônio Pego, responsable de la casa de acogida vocacional de la Prelatura.

El pueblo, con velas en las manos, seguía a la cruz y las pancartas que encabezaban la “caminhada”, durante la cual se inició la celebración eucarística como larga procesión de entrada. Un camión con grandes altavoces y un coche con los músicos acompañó todo el acto, apoyó los ritos iniciales y la proclamación de la Liturgia de la Palabra, celebrada por las calles principales de Lábrea y acompañada con un impresionante silencio.

Como es tradicional, enfrente de la Escuela Santa Rita —de la que Cleusa fue directora y en la que trabaja con empeño su congregación de las Misioneras Agustinas Recoletas—, se hizo la primera parada para el acto penitencial, escenificado por un grupo de monaguillos.

El pueblo no paraba de cantar y de rezar mientras andaba rumbo a la iglesia de Fátima, donde la religiosa está enterrada. Diferentes comunidades animaron y escenificaron el canto del gloria y las lecturas del día. Con una marcha tranquila y repleta de recogimiento y devoción se llegó a la iglesia de la comunidad de Fátima, que ya estaba abarrotada de fieles esperando la llegada de la procesión.

Jesús Moraza, que vivió en propia carne el dramatismo de aquellos días de la muerte de Cleusa, dio un sentido y emocionado testimonio de la misionera con la que durante varios años trabajó en los ríos y en las comunidades de Lábrea: “el trágico desenlace de la vida de Cleusa fue la lógica consecuencia de una vida entregada totalmente, como la del Señor, a la causa del evangelio, colocándose todos los días al servicio de los más necesitados y arriesgando su vida, nada más que por amor”.

El sepulcro de la hermana Cleusa estaba lleno de flores y de velas, señales del cariño del pueblo labrense. La fe sencilla, la confianza que en ella tienen, les hace hincar las rodillas ante su tumba y orar. Saben que si ella los cuidaba cuando estaba entre ellos, ahora, desde el cielo, donde ella está, los cuida mejor.

Después de la comunión, la señora Fátima ofreció el testimonio de la cura de su nieta por intercesión de la hermana Cleusa. La pequeña padecía de un tumor en la cabeza que los médicos no se atrevían a tocar, dijo. De repente, tras orar insistentemente a la hermana Cleusa, el tumor desapareció.

Terminada la celebración el pueblo recordó los numerosos gestos de generosidad, amor y coraje de la hermana en defensa de los excluidos, leprosos, indios, niños de la calle, enfermos... Muchos de ellos habían sido testigos de ello.

Recordaban también que, como si de un castigo divino se tratase (y así lo cree la mayor parte de ellos), puesto que la justicia humana nada hizo, las personas envueltas en el crimen fueron sufriendo terriblemente a partir de ese momento.

El asesino, Raimundo Podivem, falleció un mes después del asesinato de la religiosa, en el hospital, posiblemente envenenado en venganza por los asesinatos que cometió en vida. Y otras personas envueltas en la trama de la muerte, vieron fracasar sus vidas y sus negocios. Y dicen que “el pueblo aumenta, pero no inventa”.

Si quieres saber cómo se produjo el martirio de Cleusa Carolina Rudy Coelho, misionera agustina recoleta, el 28 de abril de 1985, pincha aquí para acceder al relato pormenorizado de los hechos y a una biografía suya.

Pincha aquí para escuchar la canción en potugués "Na reserva apurinã" sobre la vida de la hermana Cleusa, MAR.

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