Sobre el libro “Instantes” de Karl Barth

El autor ofrece en este artículo una reseña de este libro, una recopilación de textos del teólogo alemán realizada por su discípulo y director del Centro de Investigación Karl Barth, Eberhard Busch.
pastoral | 19 mar 2006
Barth en una portada de TIME.
La editorial Sal Terrae, en su colección «El Pozo de Siquem» publicó a finales del pasado 2005 este libro, cuyo subtítulo nos orienta sobre el contenido del mismo: Textos para la reflexión escogidos por Eberhard Busch. Como sabemos, Karl Barth es uno de los teólogos más grandes del siglo XX. Es el autor más representativo de la denominada «teología dialáctica». Eberhard Busch, que fue alumno y asistente de Barth, es uno de los mejores conocedores de este teólogo. Actualmente es el Director del Centro de Investigación «Karl Barth». En este libro, Eberhard Busch ha escogido pequeños fragmentos de la inmensa obra de Barth. Los ha agrupado en diez capítulos, que llevan por título: 1. Ánimo confiado; 2. El Dios vivo; 3. El prójimo del ser humano; 4. La criatura deseada; 5. El mundo trastornado; 6. Vida cristiana; 7. La condición humana; 8. Una palabra sincera; 9. En camino; y 10. Entonces veremos». Cada capítulo tiene una serie de epígrafes. En cada epígrafe (que suele tener la extensión de una página o página y media) leemos un fragmento de la obra de Barth. El lugar de la obra de Barth de donde ha sacado E. Busch dichos textos, está indicado al final del libro, en un anexo titulado Fuentes. Sobre este anexo, y para su utilización correcta, hay que darse cuenta que la paginación indicada es incorrecta. Una forma práctica para encontrar el lugar de la cita en la obra de Barth es numerar los epígrafes de que se compone la obra; por otra parte, numerar las referencias de páginas de anexo. Lo que sí coinciden son ambas paginaciones. Así, por ejemplo, si numeramos las paginaciones del anexo, la nº 14 es: «p.22: Dogmatik im Grundriss (1947) [...]». Esta cita corresponde no a lo que viene en la p.22 del libro, sino al epígrafe nº 14, titulado «Su Grandeza», y que comprende las pp.28-29. Sin duda este ha sido un error en la edición, manteniendo en la traducción del anexo la paginación del original. Merece la pena recordar estas palabras de José Ignacio González Faus en la edición de Sal Terrae (año 2000) del libro de Barth Esbozo de dogmática: "Barth fue el teólogo del NO más provocativo de Dios al hombre, mientras que su teología es el SÍ más radical que se haya dado al hombre. Fue el teólogo de una verticalidad casi intolerante. Y desde esa verticalidad llegó a una horizontalidad mayor que la de todos los detractores y discípulos. Subrayó la incapacidad humana para hablar de Dios («todo lo que se diga de Dios, lo dice un hombre»). Pero luego habló sobre Dios más (y quizá mejor) que nadie. Protestó contra la «analogía del ser» de la teología católica, señalando que no hay en la naturaleza ningún puente, por mínimo que sea, que permita llegar hasta Dios. Pero luego habló de la «analogía de la fe», queriendo decir que Dios mismo, en su abajamiento, ha tendido el puente que permite llegar hasta Él. Nadie ha insistido tanto como él en la alteridad de Dios; pero nadie ha hablado como él de la humanidad de Dios. Es quizás el teólogo más espiritual del siglo. Pero esa espiritualidad le llevó a escribir páginas sobre los pobres dignas de la teología de la liberación; y le «obligó» a militar en la Socialdemocracia (el partido comunista de la época), dejando atrás a todos sus detractores, que lo encontraban espiritualista, y alegando que precisamente porque hablaba sobre el cielo todos los domingos, tenía que estar en la tierra el resto de la semana: para «mostrar que la fe en Lo Más Grande no excluye el trabajo y el sufrimiento en medio de lo imperfecto» (justamente lo único que deberíamos mostrar -y no sabemos hacer- todos los teólogos). Finalmente, se distanció de los países del Este socialista (en la famosa «Carta a un párroco de la DDR»), pero nunca permitió que Occidente criticara a aquellos países, porque negaba autoridad moral a nuestro sistema para hacerlo..." (p.7-8). Creo que este libro es una forma muy buena y asequible de acercarse a este gigantesco teólogo, en cuyos textos, con independencia de nuestra cercanía o lejanía a sus presupuestos ontológicos y epistemológicos, rezuman una estremecedora experiencia de Dios. En definitiva, los textos de este libro nos muestran que sólo puede llegar a ser un teólogo, verdaderamente digno de esta denominación, quien previamente está profundamente enamorado de Dios: de su Amor, de su Misericordia y de su Grandeza inabarcables. José Ignacio Sánchez Carazo Madrid
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