Un grito a favor de la esperanza en medio de la indignidad

Inés Parrondo es una psicóloga madrileña a la que la Provincia de San Nicolás ha encargado formular un proyecto de atención a menores en riesgo en la Barra de Ceará de Fortaleza. Nos cuenta, en primera persona, su experiencia
testimonios | 13 dic 2005
Evilane vive en la favela El Canal.
El 8 de octubre llegué a Brasil después de una larga espera en busca de un nuevo camino que recorrer y un nuevo encuentro con Dios, conmigo y con los demás. En este caso “los demás” son niños, jóvenes y adolescentes de ambos sexos del Brasil empobrecido, marginado y maltratado. El lugar: la Barra do Ceará, en Fortaleza (Brasil); mi labor: ayudar a las ”Missionárias de Maria, Mãe da Vida na Visitação” (Misioneras de María, Madre de la vida en la Visitación) en la mejora de un proyecto de atención y formación integral, en el que llevan trabajando desde hace doce años. Son seis mujeres consagradas a Dios que proyectan su trabajo y entrega a través de diferentes actividades que realizan en el Centro de Convivencia “Renascer da Esperança”, ubicado en la calle Caubi, número 528, de la Barra do Ceará. Pero su labor no queda localizada únicamente en el Centro, pues se hacen presentes en todas y cada una de las viviendas de estas familias con tanta necesidad de escucha, de amor, de servicio y de acogimiento. Son los valores que recoge su carisma y misión. Este proyecto de vida comunitaria y proyección social no podía pasar desapercibido a ojos de los Agustinos Recoletos, que, una vez instalados en Fortaleza y reconocidos en su labor religiosa por la comunidad, se unen a trabajos de calidad humana y lucha por las poblaciones más desfavorecidas. Especialmente, las niñas y adolescentes víctimas de abuso y explotación sexual comercial atendidas por las misioneras. Durante los meses previos a mi viaje a Brasil, fueron muchas las expectativas que se tejieron en mi interior, en relación a qué me iba a encontrar, cómo me iba a relacionar y si mis herramientas eran suficientemente válidas para aportar mi granito de arena al trabajo y la lucha por el cambio de una realidad tan empobrecida humana, social y familiar. A mi llegada las preguntas fueron muchas y las respuestas emergieron día a día en la construcción de vínculos con estos pequeños y adolescentes que asistían al Centro de convivencia Renascer da Esperança, con las personas que colaboraban incondicionalmente y en especial, en la intensa convivencia con las misioneras y los frailes. No pude obviar la aparente realidad de la Barra do Ceará donde la pobreza se hace presente en todos y cada unos de los rincones de un barrio que es más bien una pequeña ciudad. La contaminación ambiental tiñe de gris las calles y, en la desembocadura del río Ceará con el mar, el agua se torna apagada. Los malos olores, el ruido y las pésimas condiciones de las casas ubicadas a lo largo de la Avenida Este-Oeste, se ven maximizadas por los escenarios de la avenida Beira Mar, prolongación de esta zona costera, donde llegan los turistas a disfrutar de las bonitas playas, los lujosos hoteles y los grandes centros comerciales. La Barra do Ceará inicia pronto su actividad matutina y las calles se llenan de vendedores ambulantes, recolectores de materiales de desecho, lugares de producción de costura clandestinos, pequeños establecimientos comerciales... Espacios laborales bien conocidos por los menores, forzados desde edades tempranas a sustentar a grandes familias desintegradas, que muchas veces les lleva a mendigar y sufrir los abusos y golpes de los explotadores sexuales. Muchas fueron las familias que emigraron a la Barra desde el interior del Estado de Ceará en busca de una mejor calidad de vida. Sin embargo, a su llegada a la ciudad de Fortaleza, la miseria, el desempleo y la inseguridad fueron la respuesta a sus sueños, a sus esfuerzos, a sus renuncias, a sus luchas en la consecución de una realidad mejor. La búsqueda de un lugar de residencia llevó a las familias a ocupar los cantos abandonados y las playas contaminadas de la Barra, sometiéndose a múltiples riesgos al vivir en suelos de arena en continuo movimiento y fuentes de múltiples enfermedades. El sufrimiento, el hambre, la tristeza, la agresión, la impotencia, la desesperación, el dolor… Es lo que envuelve las vidas de cientos de personas que residen en la Barra do Ceará, en especial a menores y adolescentes que, anestesiados, no reaccionan ante las múltiples fuentes agresoras que destruyen lentamente su esencia humana. Con sus cuerpos masacrados, sus mentes anuladas y su alma sin fe, ni esperanza, no le piden nada a la vida, se dejan llevar por los acontecimientos que emergen descontroladamente a su alrededor. No deciden, no luchan, no buscan, se alían con la negación ante la realidad que desafortunadamente han heredado de sus padres y que les toca vivir. Por mucho tiempo, el pueblo nordestino de Ceará se caracterizó por la lucha, la reivindicación de sus derechos como seres humanos. Sin embargo, las simientes que con esfuerzo fueron plantadas tiempo atrás no dieron los frutos esperados. La impotencia llevó al pueblo a normalizar y aceptar la cotidianeidad de los contextos violentos y destructivos que hoy forman parte de su realidad en la Barra do Ceará. El sistema político los abandonó a su suerte y negó su presencia, a través de acciones negligentes donde se contemplan sistemas educativos, sanitarios y residenciales deficitarios e ineficientes. La intervención social está sometida a los periodos electorales, con propuestas incoherentes y de poco impacto que una vez más reflejan la negación a un pueblo analfabeto, promiscuo, violento, producto del abandono y de las desigualdades. En medio de todo este caos se escucha un llamamiento que clama esperanza, un llanto que nos anuncia día tras día el nacimiento de otro ser humano, sujeto de transformación de la realidad y de su propia historia, al servicio de la vida y de la esperanza. Son adolescentes que apuestan por un mundo mejor, una familia integral y un óptimo aprovechamiento de sus vidas. Que reclaman una educación digna, una oportunidad que aliente un sí a la vida, un sí a la alegría, un sí al crecimiento, un sí a un futuro mejor. Y esa afirmación está reflejada en el trabajo de algunas personas que, con escasos recursos económicos pero con increíbles recursos humanos y espirituales, surge del anonimato como una luz que deslumbra, que muestran esas alternativas, oportunidades, desafíos y esas posibilidades de cambio, de justicia, de igualdad, de compasión, de consuelo frente a aquellos que abandonaron la lucha, ensordecieron, enmudecieron y se cegaron descubriéndose anulados por sus hermanos opresores. El Centro Renascer da Esperança es producto de esa sed humana de justicia, reflejada en las acciones incansables de las misioneras, con el apoyo de los religiosos y voluntarios. Su principal arma de combate es el fortalecimiento de habilidades humanas y profesionales en los menores de edad, a través de la formación, la atención y la construcción de vínculos afectivos positivos dentro y fuera de sus sistemas familiares. Como comunidad maximizan la importancia del encuentro con los demás, la construcción de ciudadanía y de espacios donde las niñas y adolescentes descubren el valor de la amistad, la fraternidad, el respeto, la solidaridad y el servicio incondicional. Es un encuentro con la esencia humana protectora, donde el apoyo para su crecimiento personal e inserción en los espacios sociales se tornan posibles. Hoy, después de casi dos meses de residencia aquí puedo concluir mi relato agradeciendo a Dios esta experiencia, esta oportunidad, este encuentro. Un encuentro con personas comprometidas con su gente, con su tierra e historia. Testimonios de vida y del Evangelio de Jesús, cuyo caminar es motivado por la ayuda a las realidades más desfavorecidas y golpeadas. Estoy con personas que escuchan, apoyan y consuelan con la palabra y la acción: acompañan, forman y encaminan la vida de muchas mujeres, niños y adolescentes que renacen a una vida más humana y justa. Una vida que les reconoce en su esencia y donde se les permite renacer a la esperanza. “Quem acolhe a uma destas crianças em meu nome, a mim acolhe” Puedes ver un álbum de fotos completo del Centro Renascer a la Esperanza pinchando aqui.
Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por Shunet para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018 - 2019.