José Luis Garayoa se incorpora a la Misión de Kamabai (Sierra Leona)

Después de salir de la comunidad de El Paso (Texas) y de pasar unos meses en España, José Luis Garayoa ha llegado hoy a la Misión de Kamabai. En el aeropuerto, antes de embarcar, fue entrevistado por Agustinosrecoletos.org
testimonios | 30 sep 2005
En el aeropuerto de Madrid Barajas, al salir hacia Bruselas.
Como fruto de la colaboración interprovincial entre las Provincias de San Nicolás de Tolentino y la Provincia de San Ezequiel, hoy ha llegado a la misión de Kamabai (Sierra Leona) el agustino recoleto de la Provincia de San Nicolás José Luis Garayoa Alonso. Antes de partir ha respondido algunas preguntas sobre su motivación y preparación, en los últimos meses, para su labor misionera.

¿Por qué vas a Sierra Leona? Hace siete años decías que “se te pasaba el tren”. Ahora, cuando otros de tu edad ya necesitan cierto acomodo, vuelves a la misión africana.

Creo que la juventud es también interior —esto lo hemos leído mucho—, no solamente exterior. No soy tonto: me miro al espejo, veo que tengo 53 años, las fuerzas físicas ya no corresponden igual, pero la ilusión es la misma. La verdad es que tengo una deuda moral pendiente con Sierra Leona. Se habló mucho de mi estancia allí, pero realmente estuve muy poco tiempo, y lo poco que estuve me mantuvieron secuestrado. Así que quiero hacer viva la intención primera: los últimos años de mi vida con suficiente fuerza física dedicarla a los más pobres

¿Has mantenido vivo el recuerdo de tu aventura o más bien has procurado olvidar aquellas malas experiencias de la enfermedad y el secuestro durante la Guerra Civil de 1998?

Creo que la función de un psiquiatra o un psicólogo es actualizar algo que te ha traumatizado o te ha frustrado. Echar a la espalda un acontecimiento doloroso te hace caminar más encorvado y más lento. Yo intento ver lo que pasó; es parte de mi vida, lo asumo desde la fe y nada más, no tengo por qué olvidar, es parte de mí, aunque eso no me quite el miedo.

¿Te ves ahora más maduro? Desde el presente, ¿cómo ves al José Luis Garayoa de hace siete años?

Creo que, por lo menos, en mi vida ha habido otra faceta que no me había tocado vivir nunca, la de ser pastor, párroco de una iglesia, me ha ayudado a madurar, porque toda responsabilidad asumida te madura. Quizá el José Luis de hace siete años sólo tenía ilusión, no sabía a dónde iba. Ahora creo que sé dónde voy y hasta estoy mejor preparado hasta con el inglés.

[Nota de la Redacción: una vez que volvió a España después del secuestro, José Luis Garayoa fue destinado a la comunidad de El Paso (Texas), donde ha sido párroco de la Parroquia de Little Flower.]

¿Cuál crees que puede ser tu aportación fundamental en la Misión de Kamabai? ¿Qué planes tienes?

La verdad que no lo sé, porque al ser una cooperación interprovincial supongo que la convivencia, por la diferente procedencia cultural de los misioneros, será distinta a lo que he vivido hasta ahora; aunque he convivido con filipinos, tendré que resituarme. Desde luego, no va a quedar por poner de mi parte. Me alegra saber que gente que ya conozco en cierta medida está allí y, por lo que me han dicho, hay un trabajo grande por hacer, no sólo pastoral sino también humano. Voy con toda la ilusión del mundo a poner mi granito de arena en lo que me soliciten.

Acabamos de facturar 65 kilos en tres maletas que la compañía aérea Brussels Airlines ha dejado muy gentilmente que lleves sin costo alguno. ¿Qué es lo que carga un misionero en su equipaje?

Bueno, en el primer viaje de hace siete años iban más de 50 kilos en alimentos en lata, fiambres, hasta un jamón… ¡Ahora lo he cambiado todo eso por mí mismo, que ya peso 90 kilos!

Fuera bromas, sabéis que en nuestra misión no hay ni luz eléctrica ni agua corriente, así que mi cuñado me ayudó para hacer una infraestructura con placas solares para hacer esas pequeñas cosas de la vida diaria: cargar pilas, poner unas bombillas en la escuela para que los críos puedan estudiar, recargar las baterías de los ordenadores y de los vehículos… Todo ese tipo de cosas.

¿Y qué llevas cargado en el corazón después de estos meses en España?

De la gente que quiero y que conozco he sentido una presencia muy cercana. Cuando hace siete años salí de Valladolid para Sierra Leona me costaron encontrar razones para dejar el Colegio san Agustín. El provincial me las pedía una vez que me presenté como voluntario para Sierra Leona: le dije que me encontraba muy feliz en Valladolid, que allí hacía lo que me gustaba, que mis compañeros eran admirables y no tenía otra razón para salir que mi inquietud misionera para ayudar a los pobres mientras tuviese plenitud física.

Ahora, en El Paso (Texas, Estados Unidos) me ha ocurrido lo mismo: estaba muy integrado en la parroquia con mi gente, en un trabajo encantador; pero ahí seguía esa página en blanco, esa asignatura pendiente que tenía que rellenar de alguna forma. Me fui siendo allí muy feliz, queriéndolos y sintiéndome querido, de ahí que haya tenido un montón de llamadas y de apoyo. Pero sé que van a estar bien, que tienen un gran hombre como Antonio Lasheras que los va a querer y a quien le van a querer con locura, como ya lo están haciendo según los “chismes” que me llegan de allí.

Con el resto de la gente, todo ha sido muy desconcertante. En la Cafetería Letyana, en la que dije que me gustaría tomar un café después del secuestro, todavía me tengo que pelear para que me lo cobren; allí me hicieron una bonita despedida con un almuerzo.

Un señor que vio la entrevista del Diario de Navarra en la que aparecía en una fotografía delante de la iglesia de Viana, mandó un cheque de 10.018,00 € con la única indicación de un teléfono móvil para notificar el recibo; le he llamado 20 veces, pero nunca ha querido dar su identidad y me dice que luche, que me esfuerce, y que cuente siempre con él; es un desconocido que donó un montón de cosas.

He tenido desde amigos que te dan 3.000 dólares hasta un niño del Colegio San Agustín de Valladolid que me dio dos euros de la cuenta que le había abierto su abuelo y me dijo: “Haz con ellos lo que quieras”. Son dos euros que llevo ahora siempre en el bolsillo de recuerdo.


Ahora mismo son las cinco y media de la mañana, estamos esperando que entres a la zona de embarque del aeropuerto. A las 9:10 llegas a Bruselas y a las 16:25 el avión aterrizará en Freetown. ¿Qué pasa por tu mente en estos momentos? ¿A qué retos habrás de enfrentarte una vez que estés sentado en el avión?

Creo que, aunque me defiendo un poco mejor en inglés, sin duda tendré mis grandes limitaciones y los afectos se muestran en la comunicación verbal, así que supongo que todo me costará un poco, pero creo que me va a venir muy bien. Podría llevarme a inhibirme, a encerrarme en mí mismo por falta de vocabulario y de expresiones. Pero intentaré mejorar y además sé que me van a ayudar. Además, gracias a Dios uno de los misioneros que ya están allí, René Paglinawan, maneja muy bien el español y con él hasta podré decir unas cuantas palabrotas bien legibles e inteligibles si lo llego a necesitar como desahogo.

Voy nervioso, muy nervioso porque no puedo engañar a nadie. La experiencia fue muy traumática para mí. Pero estoy muy emocionado. Tengo muchas ganas de llegar, tanta despedida me estaba torturando: llegué a España desde El Paso el 6 de julio, primero iba a volar a Freetown el 15 de agosto, luego el 29 de agosto, ahora vuelo el 29 de septiembre…

Ha sido toda una espera angustiosa y tengo ganas de reencontrarme con aquella realidad, y la verdad es que no sé qué me va a pasar cuando aterrice en Freetown y llegue a Kamabai. Supongo que sobrevendrá algún miedo, supongo que el inconsciente traicionará alguna vez, pero no creo que me agobie mucho.

Si quieres escuchar la la canción Seek the Kingdom de René Paglinawan recientemente compuesta en Sierra Leona, pincha aquí (MP3 de 5,8 MB)..


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