Y Jesús resucitado estaba también en la Sierra de la Huasteca

Un equipo de diez personas de México D.F. vivieron la pasión y la resurrección de Jesús en una pequeña comunidad rural de la Sierra de la Huasteca, entre los estados de Querétaro y San Luis Potosí. Nos cuentan su experiencia.
testimonios | 07 abr 2005
Via Crucis en la pequeña población de Zacatipa en mitad de la sierra
Diez personas de la parroquia recoleta de Avante, en el distrito federal mexicano, una de las grandes aglomeraciones urbanas del mundo, quisieron cumplir su objetivo de acompañar a una comunidad rural durante la Semana Santa. Cuentan ahora su experiencia, un auténtico momento de comunión con las pequeñas iglesias rurales del interior de ese gran país y un aprendizaje de los modos de ser y hacer de las gentes sencillas. A continuación dejamos que ellos nos narren en primera persona ese momento de acercamiento a Dios a través de los que sufren las injusticias de este mundo. “Después de ocho horas de carro llegamos a Jalpan, en la Sierra Gorda queretana. Visitamos a las religiosas agustinas recoletas contemplativas. Aquí repusimos fuerzas con una deliciosa comida que generosamente nos ofrecieron. Después de una plática con ellas, de nuevo emprendimos el camino hacia nuestro destino definitivo, Ahuacatlán, en la Huasteca potosina. Visita al otro monasterio de nuestras hermanas recoletas, cena y hospedaje. Al día siguiente, el párroco del lugar nos asignó la comunidad de Zacatipa. Aquí pudimos admirar las maravillas del lugar, con sus casitas colgadas en las laderas de los montes, pero sobre todo la bondad de sus gentes. Durante toda la semana trabajamos por la mañana con los niños y por la tarde con los adultos y jóvenes. Pero pensamos que lo importante no es lo que nosotros hicimos, sino lo que ellos nos fueron compartiendo y nosotros fuimos descubriendo. Descubrimos al Cristo del año 2005 que sigue crucificado por el hambre, la pobreza, la falta de salud, la emigración a Estados Unidos en busca del “sueño americano”, la desintegración familiar, los bajos precios de la producción del café que obliga a las personas a tener que emigrar para poder sacar adelante a su familia… También vimos a un Cristo crucificado en esos niños que cada mañana tienen que madrugar para acarrear el agua a sus casas o subir al monte a traer una carga de leña en sus espaldas. A Cristo crucificado lo pudimos palpar en la desunión que provocan los partidos políticos durante sus campañas con promesas que luego no cumplen e impiden que el pueblo despierte y sea forjador de su propio destino. Pero no sólo vimos muerte, también vimos a un Cristo Resucitado en catequistas que día a día se esfuerzan por mantener viva la llama de la fe; en la alegría de los niños; en la generosidad y solidaridad de las personas que, en todo momento, compartieron con nosotros sus casas, sus alimentos, su amistad y con hechos nos dijeron que el amor va más allá de palabras lindas. De regreso a nuestra parroquia, nuestras vidas creemos que no van a ser lo mismo. Mucho aprendimos de esa comunidad y ante nosotros tenemos un reto: “salir de nuestro individualismo y hacer algo más por nuestros semejantes”. Gracias a los habitantes de Zacatipa porque nos enseñaron con obras que las personas no valemos por lo que tenemos, sino por lo que somos. Gracias por la oportunidad que nos dieron de compartir con ustedes nuestra fe. Siempre estarán muy dentro de nuestros corazones.”
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