Jóvenes de Madrid celebran el Triduo Pascual y se comprometen como grupo JAR

Una veintena de jóvenes de las parroquias de La Elipa y Santa Rita (Chamberí) de Madrid celebraron el triduo pascual en un pequeño pueblo de Ávila en un ambiente natural privilegiado.
testimonios | 31 mar 2005
El grupo completo
Casillas (en la provincia de Ávila, España) es un pequeño pueblo de 900 habitantes, montañoso, y su principal actividad es la recogida de castañas. Sus gentes son religiosas, amantes de sus tradiciones, sumamente acogedoras y hospitalarias, encantadoras. El miércoles santo por la noche, con un tráfico lento de salida de Madrid, un total de 15 jóvenes en tres turismos y una furgoneta salen desde el barrio de La Elipa en Madrid y se dirigen hasta allí. Los primeros en llegar, en la furgoneta, después de dar vueltas y vueltas y entrar por estrechas callejas no consiguen llegar hasta la iglesia, el lugar donde todos habían de darse cita. El lugar donde los 15 jóvenes acompañados del agustino recoleto Juan Cruz Vicario van a pernoctar durante estos días es la casa cural de la parroquia. Una vez que llegaron todos y localizaron finalmente el lugar de reunión, bajo una intensa tromba de agua, los jóvenes se acomodan convenientemente en el lugar y comparten la abundante cena. Enseguida comienzan los trabajos de reflexión previos a la celebración del triduo santo. Los jóvenes comparten sus experiencias de los retiros de semana santa anteriores y programan este nuevo. A las dos de la madrugada todos se retiran al descanso. Jueves Santo, el día de la caridad Este día los jóvenes de la JAR lo dedicaron a pensar en la vida de cada uno de ellos como cristiano. Después de un abundante desayuno, todos caminan hasta un lugar paradisíaco entre los montes, para que, en ese ambiente tranquilo, todos escuchen la voz del Maestro. Por la tarde, ya en casa, comparten la experiencia de silencio de la mañana y se programa la celebración de la Cena del Señor. A la reunión se unen cuatro jóvenes más que llegaron en autobús desde Madrid. En la gran celebración de la Cena del Señor se percibe que el pueblo de Casillas es profundamente religioso y abierto a la experiencia de Dios. Después de la Eucaristía, acompañados de muchos devotos, todos caminaron por las calles del pueblo en la llamada Procesión de la Virgen. En esta procesión, la Virgen lleva el manto blanco, las mujeres del pueblo llevan las andas al hombro y no dejan todos los presentes de cantar durante el trayecto. No podía faltar en la noche la Hora Santa de oración ante el monumento a la Eucaristía. Preparada y ambientada por los jóvenes de las JAR, se lleva a cabo una noche de oración profunda y de respeto en todo el pueblo. Se celebra la Pascua Judía: la mesa preparada, el cordero, el vino y la lechuga. Uno por uno, los presentes fueron llamados —comenzando por los más viejos— a ser comensales de la Cena de Celebración de la Pascua como los discípulos de Jesús. Todos experimentaron la presencia de Dios en su vida y cada uno recordó las maravillas de Dios en su propia experiencia personal y también en los primeros creyentes del pueblo escogido. Para dormir se acortaron algunos detalles del Seder, ya que el día siguiente esperaba repleto de contenido. Viernes Santo de la Pasión del Señor El día de la memoria de la Pasión del Señor todos madrugaron para estar preparados en la celebración del Vía Crucis de las ocho de la mañana. Varios jóvenes se turnaron para llevar la pesada cruz durante todo el trayecto. Ellos y ellas ayudaron en la animación del Vía Crucis con gran participación de gentes de Casillas. Aprovechando ese ambiente de reflexión y oración, se habla especialmente del compromiso personal y las implicaciones del día del viernes santo en la vida y vivencia de fe de cada uno. Cada uno buscó para ello el ambiente adecuado: la propia iglesia, el monte, algún pintoresco paraje… Nadie podía quedarse en casa: cada uno en ese momento fue peregrino, misionero, salió del lugar protegido para internarse en lo desconocido y así comenzar la reflexión. Al final de la mañana, todos se juntaron para ensayar los cantos de la celebración de la Muerte del Señor. Después de la comida, como cada día, en el bar “Las Vegas” un tiempo de descanso y otro momento para compartir las dificultades que tiene la persona comprometida con Jesús en el mundo de hoy. En la Celebración de la Muerte del Señor sorprendió de nuevo la asistencia masiva de las gentes del pueblo. Y el coro parroquial, con el que los recién llegados de Madrid se pusieron de acuerdo en los cantos. La procesión también fue muy peculiar. Los hombres llevan la imagen de Jesús yacente, cantaban con mucha fuerza y entusiasmo con unas coplas nacidas en el siglo XVIII y que hoy se continúan interpretando del mismo modo, incluida la letra, hecha con un castellano antiguo y con términos pocos usados en la actualidad. En medio de un silencio sepulcral de quienes ven la procesión, impresiona en medio de la noche escuchar esas voces fuertes en las que unos cantan delante del “paso” del sepulcro y los que caminan detrás de la imagen contestan. La procesión termina con el sermón de la Virgen de la Soledad, que el párroco de la localidad, don Paco, dejó este año pronunciar al agustino recoleto acompañante del grupo de las JAR de Madrid, Juan Cruz Vicario. Vuelta a casa, la dinámica “Qué tienes en tu corazón” fue lo último antes del descanso. Sábado Santo El día del silencio y de los altares desnudos se dedicó a hacer, por la mañana, una evaluación de lo vivido hasta ese momento. Los jóvenes se comprometieron a algunas cosas: a reunirse cada 15 días para discutir temas diferentes; hacer un cine-forum con los niños de la catequesis parroquial; buscar a los excluidos del barrio (aunque aquí no se encontró el método adecuado para llegar a ellos de forma constante); ocasionalmente se buscarán actividades concretas con estas personas que están en el corazón de Dios. El punto culminante del encuentro fue la Vigilia Pascual. Al grupo se unió el agustino recoleto Juan Carlos Avitia, que se había ocupado de las JAR de La Elipa hasta el fin del curso pasado. Con él llegaron tres jóvenes más. Los hombres y mujeres de Casillas quedaron admirados con la celebración: “Es la misa más movida que he visto en mi vida”, decía el sacristán del pueblo. En la celebración todos revivieron que Jesús había resucitado, también en la vida de cada uno. Jesús pasó por todos los integrantes del grupo JAR. El domingo de resurrección, después de celebrar la Eucaristía de nuevo en la Parroquia de San Antonio de Casillas y de compartir la comida, todos volvieron a Madrid sabiendo que la misión estaba cumplida y que el compromiso era mantener la vivencia cercana de Jesús, el resucitado, en cada uno.
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