Semana Santa, tiempo de compromiso

Adentrados en la Semana Santa, nos disponemos a vivir con compromiso lo que Jesús vivió en sus últimas días, resumen y culmen de toda su vida como hombre. Reflexionamos con textos de Teresa de Calcuta, León Felipe y San Agustín.
pastoral | 21 mar 2005
Última Cena. Antonio Cruz. Pintura sobre corcho. Detalle.
Amar hasta que duela Debemos crecer en el amor, y para ello debemos amar constantemente y dar y seguir dando hasta que nos duela, tal como hizo Jesús. Hacer cosas ordinarias con un amor extraordinario: cosas pequeñas como cuidar a los enfermos y a los indigentes, a los solitarios y a los marginados, lavar y limpiar para ellos. Debemos dar aquello que nos cuesta algo. Así no estaremos dando simplemente cosas de las que podemos prescindir, sino cosas de las que no queremos o no podemos prescindir, cosas que nos importan realmente. Es entonces cuando nuestra donación se convierte en un sacrificio y tiene valor ante Dios. Todo sacrificio es útil si se hace por amor. Este dar hasta que duela, ese sacrificio es también lo que llamo amor en la acción. Todos los días constato ese amor tanto en los niños como en hombres y mujeres. Beata Teresa de Calcuta Cristo, te amo Cristo, te amo no porque bajaste de una estrella sino porque me descubriste que el hombre tiene sangre, lágrimas, congojas... ¡llaves, herramientas! para abrir las puertas cerradas de la luz. Sí... Tú nos enseñaste que el hombre es Dios... un pobre Dios crucificado como Tú. Y aquel que está a tu izquierda en el Gólgota, el mal ladrón... ¡también es un Dios! León Felipe Oración agustiniana Señor, haz que la lámpara de mi corazón se encienda siempre en ti y que con la luz que tú has encendido en mi interior, pueda iluminar a mis hermanos y compartir con ellos el calor que tú mismo has infundido en mi corazón No permitas que mi lámpara se apague, pues mi vida no sólo se volverá sombría, sino que como las lámparas que se apagan, ahumará y llenará de tufo a los que me rodean. Te lo pido a ti, luz del mundo, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Una Carta de amor Reflexionamos con san Agustín Hermanos: Considerad el mal que encierra no perdonar al hermano arrepentido, cuando el precepto manda amar incluso a los enemigos. Si así están las cosas, según lo que está en la Escritura: “No se ponga el sol sobre vuestra ira”, considerad amadísimos, si puede llamarse cristiano quien no quiere dar fin, ni siquiera en estos días, a la enemistad, que nunca debió dejar existir. (Sermón 210, 12) Carta del Maestro: “Amaos como yo os amo” Querid@ herman@: Yo sé que tienes muchos sueños. Sé que estos sueños han ido cambiando ¡con el paso del tiempo. No sueñas lo mismo ahora que cuando tenías siete doce años. Pero sé también que, por encima de todo, lo que más deseas es que alguien te quiera y que te quiera para siempre. En la vida has experimentado un poco de todo, pero quizá han abundado más las personas que te han querido que las que te han hecho daño. Esto te ha permitido vivir y llegar hasta hoy. Yo te he invitado a seguirme y te he propuesto algo muy sencillo: que des a otros lo que deseas para ti. No te he propuesto, por tanto, que creas cosas difíciles de entender, o que cumplas muchas y pesadas normas, o que te pases la vida rezando en la iglesia. En realidad, sólo te he propuesto que te dejes amar por mí y que des curso a este amor para que alcance a todas las personas, a todos los seres, al universo entero. Te he propuesto esto porque sé que es tu sueño más profundo, la llamada que surge de tu propio corazón. Me hago cargo de tus objeciones. Para empezar, ni tú mismo/a sabes muy bien en qué consiste amar. A veces, confundes el amor con un sentimiento de atracción, o de simpatía. Otras veces crees que consiste en hacer cosas por los demás. La verdad es que el ambiente en el que vives tampoco te ayuda mucho. ¡Llama amor a tantas cosas contradictorias! Te lo voy a decir de la manera más sencilla: amar es entregar la propia vida para que otros puedan vivir. Eso es lo que yo he hecho. De este modo os he dado a entender el amor del Padre por cada uno de vosotros. No me extraña que a veces el amor se relacione con la muerte. Es verdad. Quien ama es "como el grano de trigo que se entierra". Pero es una muerte que produce vida verdadera. No temas dudar de todo. Pero, por favor, no olvides que lo único que no se devalúa, lo único que salta la frontera de esta vida terrena es el amor. Acepta este regalo y compártelo cuanto puedas. Serás feliz y harás felices a muchos. También harás feliz a mi Padre y vuestro Padre, el Abbá, que es amor.
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