El pórtico de la Semana Santa

Domingo de Ramos. Nos ayudamos de algunos textos para vivir este día con sentido y con visión de futuro: en esta semana que Jesús vivió con tanta intensidad
pastoral | 20 mar 2005
Así pues, hijos, escuchadme, dichosos los que siguen mis caminos. Dichoso el hombre que me escucha velando a mis puertas día tras día. Pues quien me encuentra, encuentra la vida. (Prov 8, 34-35) Caminamos siempre porque somos buscadores, a veces nos movemos tan sólo en un laberinto con salidas que no dan a la Salida o eligiendo sólo lo que gusta. En la vida encontramos luces que no alumbran o que ciegan la vista, ofertas que prometen mucho y luego dejan sin respuesta. Anuncios que pueden ser positivos pero que no satisfacen lo más importante. Nuestro mundo es bello y hay que hacerlo aún mejor. Vaciarse de miedos, dudas, heridas… Pero no basta. Necesitamos también un horizonte hecho de todas esas cosas que están por llegar, o hacia las que hay que caminar y detenernos sabiendo que hay preguntas que nos llevan lejos. Y, al mirar al frente, más allá de nuestro suelo, también está Dios, llamándonos… Es el camino ya recorrido de la cuaresma. El camino es símbolo de la vida porque la vida es como un camino que cada uno ha de recorrer y hacer suyo. Salir, decidirse, escuchar la llamada, vislumbrar un sendero, partir, desde el presente, hacia un futuro, una meta... ¡Partir es la meta! Lo esencial es dar el primer paso, sin preguntar, con fe y alegría. Y cuando se ha salido, cada paso será una nueva meta. Y encontrarse con Dios al final, como luz y como referencia a la que caminar: la Pascua de Jesús resucitado. Hacer el camino implica caminar como si fuera la primera vez, la única, la última: ligeros, sensibles, libres. Para ello ofrecemos estas historias, plegarias, cuentos, gestos, reflexiones, etc. para cada día. Pretenden convertirse en hogueras que ilumine la marcha de ese día o de todo el recorrido. Meditadas desde dentro, rumiadas en el interior, nos acompañarán para iluminar nuestro camino y descubrir las actitudes fundamentales del caminante. Son pequeños relatos para ayudar a ponerse en marcha, a descubrir el camino interior, a no caer en la tentación del éxito engañoso, a caminar con libertad, superando dificultades, recreando el camino... En el fondo están también diversas actitudes: cómo caminar solos y con otros, cómo encajar las sorpresas del camino, dejarse llevar y aprender a observar, cómo descubrir y caminar con los otros, cómo caminar ligeros de equipaje y con fuerza interior, cómo conocer nuestro destino... Y todo ello para no dar vueltas sobre sí mismo sino salir hacia los demás y con los demás. Encontrarlos en la comunidad, en la Eucaristía y en las personas que perdonan, que muestran el coraje de vivir, que aman sin pedir nada a cambio. En las personas que creen que es posible el sueño de una humanidad unida, que creen, que sueñan, que confían, que muestran las semillas de Jesús resucitado, final feliz y luz de la cuaresma. Libres, con un espíritu capaz de luchar, vivir, amar, arriesgar, avanzar… Pequeño agente, yo, del Dios enorme, cuando pienso, obro, río. Creación creando le prolongo a mi Dios su fértil sueño… Dámaso Alonso Reflexionamos con san Agustín El hecho de que después, entregado para la crucifixión, llevó él mismo la cruz, nos dejó una muestra de paciencia e indicó de antemano lo que ha de hacer quien quiera seguirle. Idéntica exhortación la hizo también verbalmente cuando dijo: “Quien me ame, que tome su cruz y me siga”. Llevar la propia cruz equivale, en cierto modo, a dominar la propia mortalidad. (Sermón 218, 2) Evangelio de la procesión: Mt 21,1-11 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos, diciéndoles: “Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis una borrica atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: «El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.” Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta: “Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asno y un pollino, hijo de animal de yugo.” Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron la borrica y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David!¡Bendito el que viene en nombre del Señor!, ¡Hosanna en las alturas!” Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. “¿Quién es éste?” —decían. Y la gente decía: “Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.” Oración agustiniana Señor, que tu Espíritu ,que es bueno, nos llene, nos rija, nos impulse a obrar siempre el bien, de tal manera que hagamos lo que a ti te agrada no por temor al castigo, sino por amor de tu nombre, tú que eres la Rectitud eterna y la Justicia Verdadera, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
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