Mensaje sobre las Misiones de la Provincia de San Nicolás

Rafael Mediavilla, prior provincial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, se dirige a toda la familia provincial (religiosos, seglares, amigos, voluntarios) para animar el compromiso misionero de todos
testimonios | 04 dic 2004
Niño del barrio de Tancredo Neves, Manaos
En el mensaje que el prior provincial, Rafael Mediavilla, envía a todos los religiosos, bienhechores, amigos, miembros de fraternidades seglares y a todos aquellos que se sientan unidos a la Provincia, se explican las razones de la reestructuración de nuestros ministerios misionales y se anima a todos a un mayor compromiso. Dicho mensaje lo publicamos a continuación: Mensaje sobre las Misiones de la Provincia de San Nicolás Estimados todos: Concluido el Capítulo Provincial, en los primeros días de julio de 2003, realicé la primera visita a la Misión de Lábrea, en el Estado de Amazonas, en Brasil. Pretendía conocer la situación de los misioneros y escucharles para buscar la mejor organización de las comunidades. Conviví en Lábrea con nuestros religiosos en la reunión conjunta que tienen por esas fechas. Dediqué tiempo a hablar con todos y cada uno de los misioneros, tanto en reuniones comunes como en entrevistas personales. En las primeras reuniones del trienio con las comunidades las Ordenaciones del Capítulo han sido el principal tema: son el proyecto que la Provincia se ha marcado para el trienio y deben guiar muchas de nuestras decisiones y actividades. La mayor parte de las Ordenaciones afectan a todos los religiosos; otras se refieren a lugares o situaciones concretas. La Ordenación 20b se refiere específicamente a la Misión de Lábrea. El Capítulo pide al provincial con su consejo que: “Estudie —abierto a la exploración de nuevas posibilidades— el modo más adecuado de organizar la presencia y actividad pastoral de los religiosos de la misión de Lábrea, de tal manera que pueda reforzarse la vida comunitaria de los hermanos y atenderse eficazmente la misión desde nuestra condición de agustinos recoletos”. Se trataba de encontrar una forma de vida y de trabajo que armonizase mejor la atención pastoral a la misión y la identidad propia de agustinos recoletos. Para todos los ministerios es obligado procurar ofrecer un testimonio fecundo de vida común, pero las Constituciones de la Orden de Agustinos Recoletos (n. 295) expresamente lo subrayan para los lugares de misión: “Foméntese también en las misiones la vida común, a modo de una verdadera familia congregada en el nombre del Señor, en conformidad con el espíritu de la Orden. No viva habitualmente solo un religioso en ningún centro misional sino que, en cuanto sea posible, moren tres religiosos por lo menos, para salvaguardar así la vida común e irradiar más eficazmente la acción pastoral”. Para cumplir con ello, la Provincia tenía que enfrentarse a una serie de dificultades, a saber: la escasez de vocaciones, el aumento de edad de los religiosos, el escaso número de voluntarios para la Misión, el abandono y desgaste de algunos religiosos en Lábrea y otros ministerios, la inaplazable reorganización de ministerios, la necesidad de intensificar la pastoral juvenil y vocacional. Tanto al obispo como a los misioneros les comenté la situación de falta de personal y les hice ver lo que ya conocían sobre las dificultades específicas de la Prelatura y la situación de los recoletos en ella. Se añadía la dificultad de que en Manaos había un religioso menos de lo necesario y el resto de la comunidad no podía atender con facilidad la parroquia de Santa Rita y su área misionera adscrita por la diócesis, Tancredo Neves. Este último ministerio se dejó de atender desde entonces. Algo especialmente doloroso por ser un lugar muy indicado para testimoniar la opción por los pobres y ser un desafío para mostrar que somos capaces de servir a la Misión desde nuestra realidad carismática, con una atención no de forma individual sino desde y como comunidad. Por mi parte, hace casi un año, al comenzar el adviento, enviaba a los religiosos una carta apelando a “nuestra disponibilidad para responder a las necesidades que la Iglesia tiene hoy; nuestra generosidad para atender a ministerios que, en este momento, sobre todo en América, sufren la escasez de personal; nuestra sensibilidad ante la situación de hermanos que ven limitada su vida comunitaria por no haber religiosos suficientes con los que convivir permanentemente” (Prot. 388/2003). Finalmente, continuar con el personal tan ajustado en la Misión obligaría a medidas contrarias a lo que piden nuestras Constituciones para salvaguardar la vida común y hacer más eficaz la obra apostólica. Siempre me ha parecido más interpelante para la Provincia poner delante de los ojos de todos los religiosos, con toda su crudeza, la situación de una parroquia o centro misional necesitado del servicio ministerial y de la necesidad de presencia del misionero religioso. Para tener más claves de solución de la situación, envié una carta a todos los misioneros y a otros religiosos que habían trabajado en Lábrea, pidiéndoles que aportasen “sus sugerencias para encontrar el mejor modo de llevar a cabo lo que el capítulo pide”. La situación presente de la prelatura y de los religiosos, en general, fue juzgada por los misioneros, en su respuesta, positivamente. En cuanto a los posibles candidatos para el futuro de la misión algunos juzgaban que no era preciso tener ni especial disposición ni especiales cualidades, otros hablaban de voluntariedad o de espíritu misionero. Mayoritariamente hablaban de una gran colaboración de los laicos en el apostolado. En cuanto al proyecto de futuro que responda mejor a la misión: varios presentaron la forma actual de vivir la vida religiosa y realizar el apostolado como la mejor de las posibles; otros apuntaron a reforzar ciertos elementos de comunicación, nuestra presencia; otros sugirieron modos de cambiar la situación actual. En cuanto a la disponibilidad las respuestas fueron muy positiva. Obtenidas las respuestas, el asunto se volvió a tratar en el Consejo. Se vio conveniente que se hiciese la visita de renovación a Lábrea en julio de 2004. En los cuatro centros de la Misión (Pauiní, Lábrea, Canutama y Tapauá) pude conocer más de cerca la situación de los religiosos, la vida común, el apostolado. Aun con la llegada de otro religioso no era posible formar comunidades y atender la vida comunitaria y apostólica. Quedaban diez religiosos en la misión, además del obispo, para cuatro comunidades. En una reunión con todos, anuncié que la Provincia no podría atender Canutama a partir de enero del año 2005. No ha sido una decisión fácil, ni para los misioneros ni para el Consejo. Pero ha sido una decisión necesaria, pues si la Iglesia nos necesita allí es como agustinos recoletos, desde una vivencia plena y real de la vida y trabajo en comunidad. El 1 de enero del año próximo, por tanto, se cerrará la comunidad de Canutama. El objetivo que nos marcaba la ordenación del capítulo era triple: (a) Reforzar la vida común; (b) Atender eficazmente la misión; (c) Hacerlo desde nuestra condición de agustinos recoletos. Sería inconsciente juzgar que con cerrar una de las comunidades se cumple ese objetivo. Que las comunidades sean de al menos tres religiosos no es más que para posibilitar una vida común. La búsqueda y promoción de medios y acciones que lleven a cabo ese triple objetivo depende de la creatividad y esfuerzo de todos. Del obispo y de los misioneros, del gobierno provincial y de todos los religiosos de la provincia. El Consejo Provincial, por su parte, juzgó necesario que, además de pedir voluntarios entre todos los religiosos, el prior provincial interpelase directamente a algunos. Una de las pretensiones de este Mensaje es interpelar a todos. Si nuestra vida no es laboriosa y entregada en todos y cada uno de nuestros ministerios, alguna responsabilidad tendremos en la dificultad para atender lo que la Iglesia nos pide. Recuerdo las acertadas reflexiones con se abría el congreso misional de 1991: “Las que comúnmente llamamos «nuestras misiones» […] son el sello y la culminación de todos los demás [apostolados]. En ellas pone a prueba la Orden, con más elocuencia que en ninguna otra iniciativa, la sinceridad con que asume su compleja misión y la sólida seriedad de sus actitudes: su libertad de espíritu, sin reticencias calculadoras, la disponibilidad generosa de sus miembros, su pureza de intenciones, su capacidad de aventura para vivir confiada en la providencia y en la fuerza del evangelio, su proyección católica, su solidaridad con las necesidades del mundo y de la Iglesia, y hasta su capacidad de ser fecunda, extendiendo su maternidad por los espacios de la tierra, incluso cuando lamenta en muchos lugares la escasez de vocaciones. Ni las misiones podrían vivir sin la conciencia misionera de la orden, desarrollada en todas sus actividades, ni esta conciencia general de misión podría alimentarse con sinceridad, con alegría y hasta con entusiasmo, si no se manifestara con suficiencia en su signo más característico”. La experiencia misionera es fundamental para avivar la vocación, para renovar las comunidades y permitir a los misioneros que llevan más años en la misión actualizarse, descansar y afrontar la novedad de integrarse en otras comunidades. En poco tiempo la Provincia ha dejado de atender dos ministerios de frontera: la parroquia de Canutama en la Prelatura de Lábrea y el área misionera de Tancredo Neves en Manaos. Cuando la vida religiosa necesita ser testimonio interpelante nos arriesgamos a perder oportunidades y condiciones para testimoniar la radicalidad evangélica y hacer más clara la opción por los más pobres en nuestros ministerios. Pido Cristo Redentor, que confió a su Iglesia la misión de anunciar el amor del Padre, que nos dejemos guiar e impulsar en nuestra generosidad por el Espíritu. Que ese mismo Espíritu nos haga valientes para salir de nuestras rutinas y muchos escuchen la llamada a vivir una experiencia en la frontera, en donde nuestros hermanos más débiles, necesitados y hambrientos de evangelio nos reclaman. El año 2006 celebraremos el cuarto centenario de la llegada a Filipinas de los primeros recoletos. La Orden en el reciente capítulo general lo ha declarado Año misionero. Que la Provincia persevere en el cumplimiento diligente y generoso del mandato de Jesús a sus apóstoles, y en ellos a su Iglesia, de ir a proclamar el evangelio a todas las gentes. Fr. Rafael Mediavilla Prior provincial
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