El primer Prelado de Lábrea, camino de los altares

Se ha clausurado en Madrid, el 30 de noviembre, la causa de canonización de monseñor Ignacio Martínez, agustino recoleto y primer prelado de la prelatura de Lábrea. Falleció a orillas del Purús, consumido por la fiebre, el año 1942.
testimonios | 01 dic 2004
En la tarde del día 30 de noviembre, se clausuraba el proceso diocesano de canonización del monseñor Ignacio Martínez Madrid, prelado de Lábrea, en la Amazonia brasileña. El acto tuvo lugar en la capilla de la casa sacerdotal de Madrid, diócesis en la que se incoó la causa, por delegación de la de Lábrea. Fue presidida por el obispo auxiliar y vicario general, monseñor César Augusto Franco Martínez. Con él formaban el tribunal el sacerdote Ricardo Quintana Bescós, en calidad de juez delegado; el también sacerdote Roberto Serres López de Guereñu, como promotor de justicia; y los agustinos recoletos Jesús Suela Arroyo y José María López Vega, como notario actuario y notario adjunto respectivamente. Asistía también el postulador de la causa, Teodoro Calvo Madrid, agustino recoleto. Con esta sesión extraordinaria, culmina un itinerario que empezó el 22 de febrero de 2000. En estos casi cinco años, ha desfilado ante el tribunal un total de 20 testigos que conocieron al Siervo de Dios y han dado testimonio de su santidad. Sus declaraciones, así como una amplia documentación relativa a monseñor Martínez, han sido luego sometidas al estudio crítico de dos comisiones -una de historiadores y otra de teólogos-, que han tenido que dar su placet. Todo este material, debidamente ordenado y cumplimentado, se presentaba ahora ante el arzobispado de Madrid, para obtener su visto bueno, de forma que pueda ser enviado a Roma, a la Congregación encargada de las causas de los santos. La aprobación romana terminará con el reconocimiento de las virtudes heroicas de nuestro personaje. Y, a partir de ahí, para ser beatificado sólo faltará el reconocimiento de un milagro obrado por su intercesión; y un segundo milagro para ser después canonizado. Tras la presentación, en pocas palabras, del Siervo de Dios y una invocación inicial, el notario actuario presentaba las actas de las sesiones habidas; actas que fueron reconocidas como auténticas, lo mismo que las dos copias reglamentarias. El postulador de la causa solicitaba después del obispo presidente nombrar a un portador que se encargara de llevar la documentación a Roma. Petición a la que el obispo correspondía designando al propio postulador, Teodoro Calvo, quien inmediatamente aceptaba el encargo y juraba cumplirlo con total dedicación. Se leía después el acta, que los miembros del tribunal firmaban, y se procedía a cerrar y lacrar las cajas que contienen el proceso. El acto terminaba, en fin, con la bendición del señor obispo. Es de reseñar que, entre los asistentes, se encontraba una hermana del Siervo de Dios, Leonor, de 87 años, religiosa de la Caridad de Santa Ana. La otra hermana, Rosalía, a sus 90 años, no pudo asistir en persona; sí se hizo presente por medio de tres hijos suyos, que acompañaban a su tía en el lugar de honor. Junto con ellos, se encontraba también el Prior General de los agustinos recoletos, Javier Guerra, así como varios provinciales. Estaba igualmente la Superiora General de las Misioneras Agustinas Recoletas, Marina García. Con su presencia daba testimonio de cómo una de las raíces de su Congregación arranca de monseñor Ignacio, que en 1937 sacó de los monasterios recoletos de clausura a tres monjas que le ayudaran en la misión de Lábrea. En este acto, en fin, se ha enaltecido la figura santa de este misionero burgalés, nacido en 1902, que en sólo 40 años quemó su vida al servicio de los indígenas y los caucheros de las riberas del río Purús. Después de formarse en los seminarios españoles de la provincia de Santo Tomás de Villanueva (Ágreda, Berlanga de Duero, Villaviciosa de Odón y Monachil) , en 1926 se ordena sacerdote en Brasil, para pasar voluntario a Lábrea ese mismo año. Con 28 años es nombrado administrador apostólico de la prelatura de Lábrea, y al frente de este territorio misional estará hasta caer rendido, víctima de la malaria, en una de las incontables playas del Purús. Era el año 1942. Sus restos fueron trasladados, años después, a Lábrea, en cuya catedral reposan.
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