Nello Cipriani: “Estamos llamados a hacer una crítica de la sociedad civil”

El agustinólogo italiano pronuncia la conferencia “La Ciudad de Dios ¿Filosofía o Teología de la Historia?” en el Congreso organizado por la Familia Agustiniana Mexicana y la Universidad Pontificia de México.
pastoral | 08 sep 2004
San Agustín. De Miguel Lucas. Colegio san Agustín, Madrid. (España)
Todo poder viene de Dios, pero no todos los que tienen el poder lo hacen conforme a la voluntad de Dios, por eso rezamos por las autoridades y estamos llamados a hacer una crítica de la ciudad civil porque no todas las leyes humanas son de Dios. Con este aserto, Nello Cipriani inició su conferencia sobre La Ciudad de Dios: ¿Filosofía o Teología de la Historia? en el marco del Congreso organizado en México con motivo del Jubileo agustiniano a los 1650 años del nacimiento del obispo de Hipona. Cipriani advirtió que la terminología de Ciudad de Dios y Ciudad Terrena de la gran obra de san Agustín se refiere a la vida espiritual del hombre y no a la vida social y política de su tiempo: Es una obra teológica que ha unificado la historia a la luz de la revelación cristiana. San Agustín planteó una teología de la historia. Dios está siempre obrando y siempre en reposo, es inmutable y muda todas las cosas. El tiempo ha empezado a existir con la misma creación del mundo. Por ser mudables las criaturas, existe el tiempo. Los paganos piensan en la historia cíclica y en la reencarnación; pero, ¿cómo se va a dar la auténtica felicidad cuando no es segura su eternidad? Estaba en cuestión el sentido de la vida humana. Existir en el tiempo es mejor que no existir. En el tiempo hay el riesgo de pecar, pero la posibilidad de merecer participar de la vida de Dios. Se ejercita la voluntad, y sometida a la voluntad de Dios se merece el don gratuito de la Vida eterna y feliz. En el tiempo se puede decidir el destino eterno. El tiempo tiene un sentido global y unitario para todos nosotros. Ha sido querido por Dios para que participemos de su vida. En la historia hay dos ciudades: la ciudad de Dios, que nace del desprecio a uno mismo, y la ciudad terrena, que surge del desprecio a Dios. La terrena combate odiando y la de Dios lucha amando. No hay dualismo ético, sino diferencia de amor. Cipriani dijo que Dios nos ha llamado a ser hijos, nos ha creado para vivir unidos y concordes: Creó a los hombres de un mismo individuo para la unidad de muchos. A Dios le agrada la unidad para que muchos gocen unidos a Él. Nosotros, tenemos que vivir en la esperanza y en la fe de que Cristo ha cumplido sus promesas y así cumplirá su promesa de felicidad eterna. Durante la sesión de preguntas y respuestas, Cipriani dijo que La Ciudad de Dios no recuerda a La República de Platón o a Cicerón sino a los Salmos. El libro de Agustín es un diálogo racional con los paganos basado en la Biblia y se refiere a la vida interior de la persona, no a la ciudad civil, social o política: Hay muchos que comparten sacramentos y signos externos dentro de la iglesia, pero que no viven interiormente y hay muchos aparentemente fuera de la vida de la Iglesia que pertenecen a la Ciudad de Dios y no los conocemos.
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