“La felicidad no está en lo que haces sino en lo que eres: «Siervo vuestro por amor»”

Abrimos con este relato autobiográfico una muestra de los testimonios personales de numerosos religiosos y laicos que, con sus propias palabras, afirman sentirse felices de lo que son y, en conjunto, con su vida. Se trata de personas normales que han encontrado un sentido vital y una gran alegría después de discernir y decidirse por el seguimiento de Jesús. El primero en ofrecer su testimonio es Jiovanny Marcelo Pantaleón, agustino recoleto de la República Dominicana, que hizo su profesión religiosa en 1989 y fue ordenado sacerdote en 1993.
testimonios | 19 may 2014
Jiovanny Marcelo Pantaleón (3º izq.) con los formandos profesos de Torrent (Valencia, España)

“Soy República Dominicana, país en el que desde el año 1927 nuestra Orden trabaja en la atención de ministerios parroquiales y de educación. Es el lugar donde la provincia agustino-recoleta de Nuestra Señora de la Consolación, a la cual pertenezco, fundó su primera casa de formación en América y la que se convirtió en mi primer destino de trabajo, una vez realizada mi profesión perpetua y mi consiguiente ordenación sacerdotal. Allí trabajé quince años ininterrumpidos como formador, tanto en la etapa de aspirantado como en la de postulantado”.


¿A qué ministerios te has dedicado principalmente en tu vida religioso-sacerdotal?


Fui muy feliz como formador y lo fui de aspirantes, de postulantes y de profesos.De mis veintiún años como religioso de votos perpetuos, veinte los he pasado en la formación, así que este es el ministerio donde más me siento habilitado. Fui muy feliz como formador y lo fui de aspirantes, de postulantes y de profesos. Le doy gracias a Dios por haber hecho de este humilde siervo, el acompañante de los que con ilusión iniciaban su caminar en la Recolección Agustiniana. Mi último destino, en ese ministerio, fue el teologado de Torrente (Valencia, España), donde me tocó dar el paso de unificar nuestra casa de formación con la de otra provincia agustino-recoleta, que, por vínculos ya establecidos desde la etapa del noviciado, ha sido la provincia San Nicolás de Tolentino.


Veinte años en una labor como la formación marca para toda la vida.

El ministerio de la formación es tal vez el servicio que, casi insensiblemente, va formándote a ti mismo. Sin duda. El ministerio de la formación es tal vez el servicio que, casi insensiblemente, va formándote a ti mismo, de modo que la formación de otros te lleva a la autoformación. Tarea delicada, pues tratas, vives y convives con personas, ordinariamente jóvenes que se te confían para que tú les acompañes en su proceso de maduración vocacional y les ayudes a que moldeen su personalidad en todos los aspectos: humano, espiritual, carismático


Pero terminó tu responsabilidad en la formación.

Vivir la relación o el triángulo amoroso -pastor, pasto y ovejas-, me siguió haciendo feliz Después de tantos años en el ministerio de la formación fui destinado a la ciudad de David, Panamá, como párroco de la parroquia Sagrada Familia. Fue una experiencia maravillosa el regalo que Dios me aguardaba, porque, sin duda alguna, todo sacerdote lleva impresa la huella de ser «pastor del rebaño». Vivir la relación o el triángulo amoroso -pastor, pasto y ovejas-, me siguió haciendo feliz porque siempre deseaba realizar este ministerio que nos lleva a dar todo lo que el carácter sacerdotal imprime en nosotros. Organizar la parroquia junto con un disponible consejo parroquial, realizar los sacramentos, llevar una acción social, involucrarme en la pastoral juvenil con cientos de jóvenes, acompañar la fraternidad seglar, conocer y acompañar varios movimientos parroquiales…; en fin, trabajar en la mies. ¡Una maravilla!


¿En este momento en qué ministerio estás sirviendo?

A los diez meses de servir en el ministerio parroquial, como religioso que soy, atento a las necesidades no mías sino de la provincia y de la Iglesia, oí la voz de Dios que me habla en los superiores y me pide que vuelva al trabajo vocacional. Desde mayo del año pasado 2013, mi destino es la parroquia San Juan Bautista de la Salle y Santa Mónica, en la ciudad de Panamá. Aquí me encargo de coordinar la pastoral vocacional, la acogida a los aspirantes y cooperar en el ministerio de la educación, en el colegio San Agustín, además de ser el vicario parroquial.


¿En qué ministerio te has sentido más feliz?

La felicidad no está en lo que haces sino en lo que eres. En todos, porque ser formador ha sido un don y un privilegio, y trabajar en una parroquia, pastoreando la grey de Jesús, es el anhelo de todo sacerdote. En ambas he sido feliz, porque la felicidad no está en lo que haces sino en lo que eres: “Siervo vuestro por amor”.

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