“El paso de Dios por mi vida”

Hola!, mi nombre es Iván Mauricio Lotta Sánchez, fraile agustino recoleto de Colombia. Tengo 30 años de edad. Y mientras escribo estas líneas estoy participando con otros nueve frailes de mi misma edad en un encuentro que solemos llamar “mes de preparación inmediata para la profesión solemne”. Tanto ellos como yo deseamos responder SÍ a Dios para “toda la vida” en la familia de los agustinos recoletos. Agradezco la oportunidad de compartir el paso de Dios por mi vida y de poder contarles la alegría que me embarga el poder responder al Señor con todo mi corazón en la vocación de fraile.
testimonios | 27 feb 2014
¿Dónde pasaste tu infancia? ¿En qué ambiente te desenvolviste?
Mi infancia la viví en Cali, en el departamento del Valle del Cauca, en Colombia, donde vive la familia de mi madre. El ambiente cultural es muy alegre, fiestero, se baila salsa como en las Antillas; muchas cosas de este ambiente cultural quedaron impresas en mi forma de ser. Ahora bien, en el ambiente familiar, tuve mi primer contacto con el Señor Jesús y la primera experiencia de una espiritualidad inicial, que forjó en lo religioso y lo social un primer contacto con lo católico.


¿Qué experiencia de Dios has tenido en tu vida? ¿Cómo te ha salido al paso?
Muchas veces pienso que Dios me ha salido al paso, pero que no le he visto o no le he querido ver. Sin embargo, estoy convencido de que la experiencia personal que he tenido ha sido mediada por mi propia condición humana, hasta tal punto que, después de muchos tropiezos y desilusiones, pienso que me ha llamado a esta vocación especial con mis fragilidades, por lo cual, aunque desconcertado, le estoy agradecido.


¿Y tú historia vocacional?
Esa parte es muy densa y no creo que la entrevista nos dé lo suficiente para poderla mencionar toda. Sin embargo, creo que es toda una historia de salvación, que me ha quitado un sinnúmero de velos que tenía y que se habían pegado en mí muy fuerte, en lo referente a la acción de Dios en mi vida y en la vida de los demás, y a la vocación en general. Creo que ha sido un proceso lento y difícil en que Dios ha querido forjarme para ser un digno discípulo suyo y, aunque no está del todo terminado, estoy dispuesto a terminarlo, cuésteme lo que me cueste. Solo quiero que se haga la voluntad de Dios en mi vida.


Me di cuenta de que el camino que me llevaba hasta allá implicaba otros caminos, que no siempre eran tan espirituales.¿Cuál ha sido ese camino o recorrido vocacional hasta ser fraile agustino recoleto?
Al principio fue muy ideal. Me veía sacerdote porque quería servir a la Iglesia y a los seres humanos y llevarlos a Cristo en su Palabra, en la Eucaristía y llevarles también una voz de aliento en su tristeza. Pero después me di cuenta de que el camino que me llevaba hasta allá implicaba otros caminos, que no siempre eran tan espirituales: saber que debía conocerme y dar de lo que tenía a Jesús y a la Iglesia, aun con mis errores, para hacer mi labor concreta y eficiente; que tenía que aprender a convivir conmigo mismo y con los demás; que debía ser verdaderamente libre para dar vida a los demás; que debía pensar en los intereses de los demás, no solo en los míos, entre otras cosas. Cuando me hice fraile, ya esas cosas habían calado tan profundo, que no sabía cuál era el camino para comprender el designio de Dios sobre mi vida; duro, pero es así.


¿Cómo te marcó la vida del noviciado?
Mucho, mucho. En primer lugar tengo que decir que tuve la dicha de vivir un noviciado y medio: en 2007, el primero, terminando en mayo por razones de salud; y volví en 2009 para reiniciarlo, porque el noviciado, si no se termina, hay que volverlo a empezar. En el noviciado entendí cuál era el camino que me trazaba el Señor a través de la espiritualidad agustino-recoleta, la cual respondió impresionantemente a mis expectativas y, según mis formadores, yo logré integrarla de tal manera que me dieron la oportunidad de profesar en la Orden.

Los lineamientos principales: vida de contemplación y amor a Dios, que me llevan a amar en comunidad de hermanos y que es testimonio de amor y de caridad fraterna, que, al mismo tiempo me lleva a anunciar a Cristo con la vida y a difundir ese amor y ese conocimiento de Dios a todos los seres humanos: todo ello me plantearon los pilares por los que debía construir mi identidad religiosa. Solo que debía volver a empezar; no “borrón y cuenta nueva”, sino hacer un trabajo interior-espiritual-humano de transformación de algunas estructuras que no estaban conformes a ese objetivo de vida, teniendo en cuenta que la materia prima era yo mismo.


Había días en que me sentía solo, no quería hablar con Dios en la oración; aunque en otros, trabajaba con ímpetu para el bien de la comunidad y de la Iglesia.Después del noviciado vendrían otros tiempos en tu proceso formativo; háblanos de ellos…
Fue la época del Teologado. La teología la estudié en Bogotá (Colombia). Creo que es y será la más decisiva de este proceso de identificación con Cristo desde esta espiritualidad. Fueron cuatro años en los que he podido considerar un proceso de maduración personal, lento, pero que siento me ha ayudado a fortalecer mi opción cada vez más, porque es cuando realmente siento la presencia de Dios, en la ausencia de sus bendiciones; es decir, había días en que me sentía solo, no quería hablar con Dios en la oración; aunque en otros, trabajaba con ímpetu para el bien de la comunidad y de la Iglesia, mostrando esa alegría que me identificaba y que expresaba espontáneamente.

Estoy seguro, en realidad, que no he sido el mejor religioso que ha tenido la Orden, pero que Dios, en el poco tiempo que he tenido de formación consagrada, ha hecho un trabajo tan profundo y grande a través de la espiritualidad agustino-recoleta, que los resultados en adelante han de verse, aunque no lo vean los demás. Eso sí que construye una firme identidad humana y religiosa.


¿Qué está suponiendo para ti este mes de preparación inmediata a la profesión solemne para ti?
Muchas cosas. Más que lo que se evidencie en lo exterior, creo que significa una oportunidad que Dios y la Orden nos ofrecen para que recordemos lo esencial, lo específico y lo central de la opción de vida que hemos construido, para que, junto con la gracia divina, actuemos fundados en Cristo nuestro modelo y, a la vez, vivamos libre, conscientemente y en total entrega nuestra consagración, sabiendo que Jesús acompaña nuestro proceso de formación que, como la profesión solemne, es para toda la vida.


Mi reto más grande es ser un hombre y un religioso disponible a las necesidades de la Orden, aunque esto implique dejar mi patria y la cultura en que me formé¿Qué expectativas tienes a la hora de querer formar parte de la familia de los agustinos recoletos para toda la vida?
Muchas, muchas, especialmente en lo referente a mi proceso de conversión personal, para que pueda tener una experiencia que pueda dar a entender una presencia de Cristo en el lugar adonde Dios y la Orden me envíen. Mi reto más grande es ser un hombre y un religioso disponible a las necesidades de la Orden, aunque esto implique dejar mi patria y la cultura en que me formé, para hacer de mi trabajo pastoral y de mi vida una herramienta libre y consciente en cualquier lugar. Sé que hay cosas en mi vida que debo ajustar para poder hacerlo, pero sé que, aunque haya barreras interiores y exteriores que atravesar, Dios me dará la fuerza y la gracia para superar todo esto: porque esto no lo podemos llevar con nuestras fuerzas; sólo Él nos muestra el camino y nosotros caminamos haciendo que los dones que nos da produzcan frutos que permanezcan.


Quizá quieras hacer alguna consideración.
Estoy convencido de que la vida consagrada es una oportunidad para que uno experimente un proceso de vida interior y de conversión interior muy fuerte en pro de un progreso espiritual y humano que marque la propia vida, y pueda ser de provecho en las relaciones de todo tipo para quienes se encuentren con nosotros. Por otra parte, -al igual que la vida matrimonial-, es una experiencia de compromiso que diariamente cuestiona nuestra manera de actuar y pensar, para que podamos ser verdadero testimonio para quienes nos rodean.

Esto es un mensaje para animar a los jóvenes que deseen pensar un poco sobre su opción de vida, una opción comprometida y valiente que requiere de toda la persona para que sea efectiva, sincera y testimonial.
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