El deportista de la Virgen de Guadalupe

Imanol Belausteguigoitia Ruis (1961, México, D. F.) está casado con Maite Ibarola y tienen cuatro hijos. Es un feligrés de la parroquia agustino-recoleta de Tecamachalco, en la ciudad de México. Imanol dirige el Centro de Desarrollo de la Empresa Familiar en el ITAM y varias de sus actividades están enfocadas a la orientación y al apoyo de familias. Conjuga sus actividades profesionales y sus aficiones deportivas. Entrenó con el Equipo Olímpico Español de medio fondo en 1986 y compitió en carreras de 800 metros planos en Europa. Ha participado en los Ironman de Panamá en 2002, Penticton (Canadá) en 2004 y Klagenfurt (Austria) en 2006; participó en la carrera de 100 kilómetros en Laponia (Suecia) en 2007, en el Gran Maratón de las Arenas (Marruecos) en 2009; estas dos últimas carreras a favor de CARDI (Centro de acompañamiento, recuperación y desarrollo integral), dirigido por los Agustinos Recoletos en México, DF.
testimonios | 18 feb 2005

CARDI en el corazón de Imanol

 

A Imanol se le pregunta por qué “a favor de CARDI”, y responde:

“Es muy triste ver cómo padecen estas familias cuando visitan nuestra ciudad. Frecuentemente, los que menos sufren son los enfermos, que son atendidos, mientras que sus familiares se quedan en las banquetas, sin dinero, comida, consejo ni apoyo, expuestos a los peligros de la calle y de la noche.

El sufrimiento que experimentan las familias es inimaginable, ya que además de la enfermedad del ser querido, se enfrentan a todo tipo de agresiones y contrariedades al estar fuera de casa y sin recursos en una ciudad hostil que no conocen. De esta forma, pacientes y parientes comparten el reto de sobrevivir, unos dentro y otros fuera del hospital.

Sabemos que algunos de los guardias, conscientes de esta realidad, hacen la vista gorda y dejan entrar a algunos familiares para que pasen la noche en compañía de sus enfermos, en alguna silla incómoda o bajo la cama del paciente, compartiendo los alimentos destinados a los enfermos. Y esta es tan solo una de las realidades que parten el alma”.

Imanol prefiere relatar personalmente su experiencia “atlética” por el desierto del Sahara, dada la dureza de la prueba, por lo que él se expresa con entera libertad en los términos siguientes:

 

Breve historia familiar

Mis padres, que fueron niños de la guerra civil española (1936-1939), encontraron en México a su segunda patria y se asimilaron pronto. Como muestra de este hecho, bautizaron a su única hija como María Isabel Guadalupe, en honor a mis dos abuelas y de Nuestra Señora.

En casa siempre fue más que una tradición el cuidado del cuerpo y del espíritu a través de la práctica del deporte. Mi padre, cuya familia ha sido de importantes logros deportivos, nos adentró de forma total en el mundo del ejercicio. A mi madre hay que darle crédito en ello también, aunque por otras razones: no fue deportista por haber padecido polio en una de sus piernas de niña, y quizá por esta circunstancia, tuvo tanto interés en que nosotros, sus hijos, desarrolláramos nuestro potencial físico.

Hay un hecho relevante que marca mi vida tanto como deportista como ser humano: tendría yo cinco años y estaba con mi padre y hermanos en un parque. Ya se ocultaba el sol, y como cualquier otro día, poco antes de irnos a casa, mi padre nos alineó a varios niños para correr algunos pocos metros, quizá cincuenta, y los mayores le propusieron que él corriera también, sabiendo que era muy rápido. Se inició la carrera y recuerdo que a los pocos metros ya mi padre estaba al frente del pelotón, cuando de repente sucedió lo inesperado: lo vi elevarse a cada paso, y en su ascenso no dejaba de mover las piernas. Había despegado…

Todavía hoy escucho los sonidos de las monedas y llaves que chocaban en sus bolsillos.

¿Papá, cómo le hiciste? Debía saber la respuesta para yo poder hacer lo mismo…

Me respondió que moviendo las piernas con velocidad podía correr yo también como él.

Yo estaba en verdad fascinado por lo ocurrido: había aprendido que existe una conexión entre correr y elevarse. Desde entonces, cada vez que corro, entro a otra dimensión y me elevo. Después de casi cincuenta años de este hecho, he podido constatar que muchos de mis momentos más significativos están asociados con alguna forma de actividad física, principalmente al correr y uno de ellos tiene que ver con la experiencia de haber corrido al lado de la Virgen de Guadalupe en el Desierto del Sahara.

 

Entrenando con la Virgen de Guadalupe

Pasé muchos años corriendo en pruebas muy diversas. Mi época de esplendor fue cuando me entrené con el equipo olímpico español de medio fondo en Madrid. Posteriormente, ya casado, me inicié con pruebas de larga duración, como maratones, triatlones y carreras de ultra distancia.

Considero que los mayores sacrificios de una prueba atlética están precisamente en los entrenamientos. Ese esfuerzo cotidiano sobrepasa con mucho al esfuerzo que se realiza el día de la competición.

Por ello, es fundamental encontrar alegrías y motivación en el momento de realizar las prácticas. Yo he encontrado una motivación especial en mis entrenamientos de larga distancia, corriendo muchos domingos, desde casa (Tecamachalco) hasta la Villa de Guadalupe para visitar a la Virgen, que es un trayecto de diecisiete kilómetros, que realizo en poco menos de hora y media. Cuando el programa deportivo me exige más distancia, pues simplemente regreso corriendo. Estimo que he realizado casi cincuenta veces ese recorrido, así que paso a paso me he hecho Guadalupano, al igual que millones de peregrinos. A muchos de ellos los he podido observar en mi trayecto hacia la Villa, principalmente sobre la Calzada de Guadalupe. Familias con niños en brazos, ancianos, trabajadores de diversas organizaciones, minusválidos, algunos de rodillas, otros con sus imágenes de la Virgen, con flores, banderas, globos, etc. Algunos vienen de muy lejos, de diversas localidades del país, la mayoría de bajos recursos, cantando, rezando o simplemente hablando o en silencio. Son miles los que cada domingo se dirigen a la Villa, la mayoría a pie, aunque algunos llegan en pelotón con sus bicicletas, seguidos de camiones de redilas y a bordo de ellos sus familias.

Disfruto mucho al correr al lado de los peregrinos, me inspiro al verlos, escucharlos y sentirlos. Me cargo de su energía y me siento feliz de vibrar a la misma frecuencia de esta gente sencilla, que con alegría se esfuerza, simplemente por visitar unos minutos a su Virgen de Guadalupe.

En 2010 me inscribí en el Marathon des Sables o Maratón de las Arenas (la palabra francesa sables significa arenas). Dos años antes había competido en el Lappland Ultra, una carrera de 100 km en el Círculo Polar Ártico, sobre el norte de Suecia, en Laponia. Esto, en verano cuando el sol está visible durante la noche. Corrí a beneficio de CARDI, una organización que apoya a familias que se ven forzadas a viajar a la ciudad de México por motivos de enfermedad de alguno de sus miembros. CARDI acompaña a estas familias de muchas formas, al brindarles techo, medicinas, comida, y contribuyendo en muchos gastos. Es una obra que necesita ser apoyada y por ello me pareció buena idea montar un proyecto altruista a favor de esta institución, para difundir esta causa y a la vez buscarle recursos. Fue una experiencia maravillosa la de correr en Laponia, al lado de la Virgen de Guadalupe.

Después de esta carrera, quise enfrentar un reto más complejo, también a beneficio de CARDI. Después de pensarlo concienzudamente, decidí inscribirme en el Marathon de las Arenas, una prueba extrema de 250 km en el Sur de Marruecos, frontera con Argelia.

- CARDI es una obra que necesita ser apoyada. Yo suelo viajar siempre con pines de la Virgen de Guadalupe, pequeñas imágenes que se insertan en la ropa, que compro en una pequeña tienda en la Villa atendida por mi amiga Zulema. He regalado cientos de ellos, principalmente cuando viajo fuera de México. Me sorprende la alegría con que son recibidas y por ello he insistido en regalarlas. En una ocasión le obsequié uno de estos pines a un taxista en Lima, de camino al aeropuerto. Agradecido, me dijo llorando que era lo más hermoso que le habían regalado en su vida.

Debí de llevar cerca de cien pines al desierto del Sahara, y repartí todos entre competidores y voluntarios. Una de las imágenes llegó a las manos de uno de los chicos saharauis, que se encargaban de montar, desmontar y trasladar nuestro campamento entre etapas. Al ver la imagen, el muchacho se sorprendió y exclamó: ¡Ah, Monalisa! …No tengo claro si finalmente comprendió que se trataba de la Virgen de Guadalupe, pero, como quiera que fuera, se la prendió en la ropa con satisfacción.

También me llevé dos lienzos con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Una para que me acompañara durante todo el recorrido y otro que, después de pedir permiso a mis ocho compañeros (todos latinoamericanos) de jaima (tienda en árabe), colgué en uno de sus costados. Uno de los periodistas, al difundir noticias sobre esta carrera legendaria, tomó una preciosa fotografía de esta imagen, que circuló por todo el mundo.

 

Jornada primera

La carrera comenzó a las 9 de la mañana del día 4 de abril. Era domingo de Resurrección. De los 1090 corredores inscritos, iniciamos 1013. Fue un trayecto de 29 kilómetros, hermoso, pero muy pesado, debido a que las mochilas estaban llenas de todo lo que necesitaríamos durante la semana: alimentos, bolsa de dormir, colchoneta, equipo de salvamento, medicinas, etc. La mía pesaba poco más de 10 kilogramos, más dos litros de agua. A la salida nos filmaban desde un helicóptero que pasaba sobre nosotros de una manera espectacular, de ida y vuelta. ¡Es una sensación tan intensa la que se tiene correr al lado de tanta gente hacia la nada!… El primer día fue relativamente fresco, pero lo suficientemente caluroso para cobrar las primeras víctimas. Yo vi a un joven que perdió el conocimiento, a la llegada de esta primera etapa. Me alegré de terminar con bien y sobre todo de sentirme fuerte para continuar con la competencia.

 

Etapa 1: Lugar: 544 Tiempo: 4 horas 57 minutos 31 segundos Velocidad promedio: 5.85 km/hora

En la noche de este día nos sorprendió una tormenta de arena. Yo estaba en un extremo de la jaima e intenté mover unos soportes para bajar un poco el techo e impedir que entrara la arena. El movimiento salió mal ya que la jaima se cayó sobre nosotros con todo y Virgen. Uno de los mexicanos, Christian, que es verdaderamente simpático, comenzó a gritar  ¡Jaima caída!, en un tono árabe… Desde entonces decidimos que nuestro equipo se llamaría Jaima Caída.

Jornada segunda

El segundo día iniciamos nuevamente, cerca de las nueve de la mañana, una etapa de 35.5 kilómetros, de altísima dificultad, dado las montañas que había que cruzar. Siguiendo los consejos de mi entrenador y amigo, Vicente Vertiz, extraordinario ultramaratonista, resistí la idea de salir a toda velocidad buscando el mejor tiempo y, en cambio, me concentré en disfrutar mucho esta etapa, tomando algunas fotos y permaneciendo algunos momentos en lugares bellísimos, digamos que recorrí esta etapa sin prisa. Claro, el lugar que ocupé no fue de presumir, situación que me hizo revisar mi estrategia y esforzarme más en las siguientes etapas.

En el fondo me dio coraje perder puestos, pero el haber reducido la velocidad y disfrutar del momento me permitió coincidir con una chica ciega que participaba en la carrera, al lado de su corredor lazarillo. No olvidaré jamás cómo bajaban los dos juntos una montaña muy peligrosa, ella tomada de la mochila de su guía y él indicándole lo que a cada paso le esperaba. Ahora que escribo, se me ocurre pensar que me hubiera encantado regalarles un pin de la Virgen también, pero en ese momento no se me ocurrió. ¡Qué lástima!

 

Etapa 2: Lugar: 737 Tiempo: 7 horas 59 minutos 21 segundos Velocidad promedio: 4.38 km/hora

 

- Me sentía plenamente feliz… la Virgen conmigo…Jornada tercera

El tercer día realizamos un recorrido de 40 km. La temperatura había ascendido gradualmente y la máxima fue de 47° centígrados. Esta etapa la disfruté enormemente, aunque la sufrí mucho, sobre todo por intentar mejorar mi clasificación. En el kilómetro 25 me encontré a un corredor marroquí, El Mustafá, con quien corrí casi hasta el final. Durante nuestro encuentro aprendí mucho de Marruecos, de sus reyes, sus tradiciones, y sobre la forma de ver la vida. Yo también le platiqué de México y le regalé una imagen de la Virgen de Guadalupe, que apreció mucho. Hablamos sobre el origen árabe de la palabra Guadalupe. Poco antes de llegar a la meta pasamos por una especie de fortaleza construida con algo parecido al adobe. Ya en el campamento realicé una caminata solo por el desierto donde me tomé un baño delicioso con la poca agua que me sobró, viendo caer el sol detrás de esta fortaleza. Me sentía plenamente feliz… la Virgen conmigo…

 

Etapa 3: Lugar: 333 Tiempo: 6 horas 22 minutos 51 segundos Velocidad promedio: 6.27 km/hora

 

Jornada cuarta

Foto El cuarto día correspondió a la etapa “Non Stop” y era de temer, pues había que recorrer 82.2 km en menos de 36 horas. Lo razonable, según los expertos, era caminar desde el principio y cuidar que la energía alcanzara hasta el final. Yo no pude contra mi naturaleza y desde el principio salí corriendo alegremente por el desierto. La Virgen me acompañaba. Llegué muy pronto a la primera estación de abastecimiento, donde recibiría tres litros de agua. Estaba feliz.

Me sentía muy fuerte y aunque el calor era terrible (ya 48° centígrados) no tenía dudas de que terminaría con bien. En el kilómetro 15 vi un lago hermosísimo, color de jade; las olas se veían claramente. Era un mar maravilloso….habría jurado que era real, pero se trataba de un espejismo precioso. Al acercarme a un kilómetro, observé cómo una hilera de corredores lo cruzaban. Esto es algo que no se puede describir, algo verdaderamente increíble. Cuando me tocó entrar en este mar seco, me convencí de que realmente era un espejismo. A la mitad de este mar pastaba una manada de camellos salvajes. Pasamos a unos cien metros de ellos. Cayó la tarde y el cansancio se agudizaba.

Llegué todavía de día a punto de control número cuatro, comí algo y continué una de las etapas más terribles, casi sin fuerza. Recorría el kilómetro 55. Faltaban otros 5 kilómetros para llegar al siguiente puesto de control. Estaba destrozado y mi idea de hacer todo el recorrido sin descansar ya la había borrado de mi mente. Atravesaba dunas gigantes, de arena muy suelta y cada paso era un triunfo. Ya era de noche y la lámpara sobre mi cabeza podía iluminar la cresta de las dunas por las cuales caminaba; también la luz iluminaba los costados, pero era imposible ver el fondo o base de las dunas, lo que me hacía suponer que se trataba de dunas inmensas. Por un lado era una pena no poder atravesarlas de día para verlas en su esplendor, pero agradecía cruzarlas sin un sol lacerante. Llegué al punto de control y, tan pronto lo pasé, recogí mi agua y me tiré al suelo para meterme en mi bolsa de dormir. Estaba temblando de frío, aunque la temperatura era agradable. Había perdido toda la fuerza…

Debió de haber pasado una hora y desde un sueño profundo escuché gritar: ¡Viva México! ¿…cómo agua? Déme una botella de tequila….

 

- Nos sentíamos desfallecidos y en peligro. Ese momento me llevó a pensar en el sufrimiento de muchas personas. No era un sueño, eran mis colegas Christian y David, que eufóricamente lograban alcanzar el punto de control número cinco. Me levanté, los llamé y nos abrazamos. En ese momento nos percatamos que el cuarto mexicano, Miguel Ángel llegaba también a este punto. Nos pusimos eufóricos. Frente a nosotros un reportero filmaba la escena y, aprovechando esto, echamos unas porras a México, acompañadas de reclamos de quienes intentaban dormir. Seguimos todos los mexicanos junto con Carlos y Andrew, español e inglés respectivamente, casi cadáveres que rescatamos sobre el camino y que les hizo gracia juntarse con unos escandalosos mexicanos. Al recorrer diez kilómetros más de dunas llegamos todos desfallecidos al punto seis y último antes de la meta. Ya el escándalo había cesado kilómetros antes. Creo que yo era el que estaba en peores condiciones y les pedí que siguieran su camino, mientras yo me recuperaba en el punto de control número 6. Sólo un compañero siguió y el resto permanecimos en el punto de control durante dos horas hasta que consideramos que habíamos descansado lo suficiente como para recorrer los últimos 12 kilómetros. Varios de nosotros tocamos fondo en este momento. Vino una tormenta de arena, todos nos metimos en las bolsas de dormir. Sufríamos. En ese momento pensé que había sido una gran tontería esta aventura. Nos sentíamos desfallecidos y en peligro. Ese momento me llevó a pensar en el sufrimiento de muchas personas y en lo que CARDI significaba en este proyecto. Creo que ese es el gran momento de mi carrera, cuando en verdad me encuentro con el desierto, mi desierto, mi soledad y el sentido que le pude dar a este sufrimiento.

Después de unos momentos me quedó claro que estaba allí por CARDI. Por CARDI y por todas las familias y los enfermos a que asiste, valía todo esto la pena. La Virgen era testigo de la historia y le daba aún más sentido a esta experiencia

Hablamos un poco en ese momento de angustia, estábamos desesperados y convencidos de que corríamos peligro. Comentamos que no recomendaríamos a nadie hacer esta estupidez y mucho menos la haríamos nuevamente… Con el tiempo matizamos estos comentarios aunque todavía no tengo claro si recomendaría a alguien hacer esta prueba.

Salimos a las cinco de la mañana para alcanzar la meta de esta etapa poco después de las 7 am. Un reportero captó la escena de nuestra llegada, que fue particularmente emotiva. Nos dicen que es una escena que recorrió el mundo, ya que se transmitió en canales de televisión particularmente de Francia, además de Internet. Se ve cómo Miguel, Christian, el británico Andrew y yo nos abrazamos llorando en la meta. Cuando nos enteramos de que esta escena había recorrido el mundo, nos dio pena por saber que nos habían visto en lágrimas, pero nos dio más gusto que pena por haber mandado un mensaje tan emotivo a tanta gente. Yo aparezco con el lienzo de la imagen de la Virgen en la mano izquierda.

 

Etapa 4: Lugar: 632 Tiempo: 22 horas 12 minutos 15 segundos Velocidad promedio: 3.69 km/hora

 

Era jueves y teníamos todo el día para recuperarnos. Faltaban dos pruebas todavía y ninguna de ellas sería fácil. Decidimos no pensar en ellas y adherirnos a la filosofía de Alcohólicos Anónimos: sólo por hoy. No pensaríamos en la paliza que nos esperaría mañana. Sólo por hoy… mañana será otro día…

Jornada quinta

Llegó el viernes y temprano empezaba la prueba del maratón: 42.2 kilómetros. Dado que la mochila casi estaba vacía, era posible correr más y caminar menos. En mi caso corrí casi todo el tiempo, salvo algunas partes que era materialmente imposible. Llegué en lugar 372, entero y contento. Ese día por la noche tendríamos un concierto de una orquesta de la ópera de París, incluida una soprano extraordinaria. Fue un evento increíble, por el programa y el entorno. Maite mi esposa había llegado al campamento con un grupo de acompañantes de los corredores y fue muy emocionante verla. Todo en esa noche fue mágico y lo único que empañaba la alegría de ese momento era que una corredora estaba desaparecida, no había llegado a la meta. Todo un desplegado de helicópteros, equipos de tierra, camellos y militares barrían una extensa área que habíamos recorrido en esta etapa.

 

Etapa 5: Lugar: 372 Tiempo: 6 horas 00 minutos. 22 segundos Velocidad promedio: 6.99 km/hora

 

Jornada sexta

Llegó el último día de la competición, el día del medio maratón. Se respiraba un ambiente triste, no aparecía la chica. El rayo láser que servía de guía en la noche para llegar a la meta de cada etapa seguía prendido al amanecer, signo de que no la habían encontrado todavía. De pronto se acercaron varios vehículos 4x4 sonando las bocinas, anunciando que había aparecido…. Esto alegró a todos y sirvió de banderazo para iniciar la última etapa. Iniciamos a las 9.30 am. La etapa sería de 21.1 kilómetros y se llevaría a cabo entre dunas, principalmente en las dunas de Mezourga, muy conocidas por su belleza y tamaño, en la frontera con Argelia. Posiblemente esta es la etapa que más disfruté, ya que la corrí prácticamente de principio a fin.

Mi mochila estaba casi vacía. La temperatura había bajado y el paisaje era increíblemente bello. A la mitad de las dunas de Mezourga no se podía ver más que arena y corredores. Sentía una gran felicidad de correr cuesta abajo por las dunas, a todo lo que daba, como niño. Me daba tristeza que esta experiencia estuviera a punto de terminar, pero me sentía muy feliz de haberla vivido. Esa etapa es la que mejor realicé. La Virgen y yo estábamos felices y Maite nos esperaba en la meta.

Etapa 6: Lugar: 231 Tiempo: 2 horas 19 minutos 58 segundos Velocidad promedio: 9.00 km/hora

 

Al final del maratón

- Lo mejor de todo, haber hecho este recorrido en beneficio de otros (CARDI). Ese mismo día viajamos a Oarzazate donde se concentrarían todos los atletas. Finalmente podríamos comer y dormir normalmente. Esa noche cenamos todos los compañeros de Jaima Caída. Ya bañados, no nos reconocíamos. No parábamos de reírnos y de comentar miles de detalles.

Después de año y medio, he podido hacer un buen balance de esta experiencia, aunque cada día que pasa vuelvo a aprender nuevas cosas sobre esta vivencia: perdí cinco kilos, gané muchos amigos, conocí lugares hermosísimos y disfruté más de lo que sufrí. Lo mejor de todo, haber hecho este recorrido en beneficio de otros (CARDI), acompañado de la Virgen María.

Como me enseñó mi padre cuando tenía cinco años, espero seguir elevándome al correr, siempre al lado de la Virgen de Guadalupe.

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