Dispensario del CARDI: cuando un medicamento te cuesta tres veces más solo por ser mexicano

El dispensario del Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral (CARDI), proyecto socio-sanitario de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México, es uno de los servicios del proyecto con más demanda por parte de los beneficiarios y que también requiere de más recursos.
noticias | 07 mar 2019

Hace ahora un año, el periódico mexicano El Universal publicaba la denuncia de que en México son más caras las medicinas que el oro. El subtítulo ponía una cifra promedio orientativa: tres veces más caros que en el resto de América Latina, y especialmente caras para el mexicano resultan las medicinas contra el cáncer, o crónicas como la diabetes o el VIH, según la organización Ojo Público.

Además, las grandes farmacéuticas se han aprovechado de esta situación de mercado; el gigante MSD retrasó durante cuatro años la llegada a las farmacias mexicanas del retroviral Atripla para continuar vendiendo por separado, durante esos años, Efavirenz, Emtricitabina y Tenofovir, que Atripla combina por un 25% del precio respecto a la compra de los tres por separado.

Un equipo científico interdisciplinar publicó en la revista Atención familiar el artículo “Implicaciones, acceso y costo de medicamentos en México. Paradigma económico pendiente”. En su desarrollo, explicitan que gozar de buena salud en México se ha convertido en una meta cada vez más difícil de alcanzar para el ciudadano. El factor determinante para esta grave dificultad es precisamente el costo de los medicamentos.

La Ley General de Salud en materia de medicamentos no se respeta en absoluto y falta una verdadera política farmacéutica que permita mejoras en el proceso de salud-enfermedad, lo que se agrava conforme la población es más vulnerable.

Las cifras reales ponen sobre aviso sobre esta situación respecto al acceso a los medicamentos: de los 119 millones de mexicanos que habitan en México, solo 50,7 millones son económicamente activos, menos de la mitad de la población del país; y de estos, el 67,25% gana menos de cinco mil pesos (227 euros) al mes; solo el 6,58% de los mexicanos gana más de cinco salarios mínimos.

En definitiva, la falta de acceso a los medicamentos por cuestiones económicas produce la cronicidad y gastos más permanentes y sostenidos por abandono o no inicio de las terapias, en un círculo vicioso que puede terminar en óbito del enfermo o en disminución aún mayor de sus rentas sin siquiera llegar a conseguir la salud. Los enfermos suelen bajar el número de dosis o el tiempo requerido de terapia para la cura por esta falta de medios económicos.

Con estos datos y sus implicaciones sociales, puede deducirse fácilmente las razones por las que el dispensario de medicamentos del Centro de Acompañamiento y Recuperación de Desarrollo Integral (CARDI), el proyecto socio-sanitario de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México, es uno de sus servicios con más demanda y al que acaban llegando casi todos los beneficiarios.

El servicio entrega medicamentos a precio de coste o aún menor, cuando es posible, a pacientes de los hospitales de la zona y al público en general, presentando una receta médica original de fecha reciente.

También se ofrecen otros artículos como pañales desechables o toallas sanitarias para quienes tienen un familiar ingresado en los hospitales y les han indicado que deben llevarlos para el tiempo de estancia en el hospital, dado que estos elementos no son entregados gratuitamente por el centro hospitalario.

La entrega de medicamentos se hace de lunes a viernes de diez de la mañana a seis menos cuarto de la tarde, y los sábados de diez de la mañana a dos menos cuarto. Lunes y martes, de once de la mañana a una de la tarde, un médico ofrece además consejos y consultas.

Dos son los pilares para que este servicio funcione: el de los bienhechores que donan medicamentos o recursos monetarios para su compra; y el de los voluntarios, que son los que están durante esos horarios de atención atendiendo al público y, fuera de esos horarios, llevando a cabo todas las tareas necesarias para que funcione el servicio.

“Es maravilloso, aunque en momentos padezco no conocer más sobre medicinas y su especialidad”, decía una de las voluntarias. Por ello se organizan periódicamente cursos de formación especializada para estos voluntarios.

Los voluntarios ya formados pueden clasificar los medicamentos donados, cosa que hacen según dos criterios: tipo de terapia o especialidad para el que sirven, y fecha de caducidad, para ser entregados con más o menos distancia en el tiempo.

Además continuamente se repasan los procedimientos de entrega de medicamentos, recepción de recetas, elaboración de los recibos, de modo que puedan resolver con seguridad y eficiencia todos los casos que se les presenten durante la jornada de atención.

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