Cuaresma, tiempo de construir

Los ministerios de los Agustinos Recoletos en España, las redes sociales de la Provincia de San Nicolás de Tolentino y esta página web ofrecen para cada día de la cuaresma y hasta el domingo de Pascua una ayuda para la reflexión y la oración. El objetivo: vivir esta Cuaresma 2019 como un tiempo en el que construir nuestra personalidad, nuestra comunidad y nuestra sociedad desde los valores del Evangelio.
pastoral | 05 mar 2019

La Comisión de Pastoral Virtual y la Comisión de Comunicación y Publicaciones de la Provincia de San Nicolás de Tolentino ofrecen desde mañana, miércoles de ceniza, una reflexión diaria que se distribuirá gratuitamente en papel en los ministerios de la Provincia en España y en formato electrónico tanto por Redes Sociales como a través de esta misma página web.

Este año se ha escogido como título y como lema Hora de Construir. Se trata de ver la Cuaresma como un tiempo y un espacio propios para el crecimiento en todos los ámbitos, de manera integral: como personas, como miembros de la comunidad cristiana, como miembros de una sociedad. El conocido juego danés Lego, con sus famosos bloques de construcción, presta su imagen a este lema a lo largo de todas las páginas.

La presentación de esta iniciativa pastoral explica bien los motivos de este lema y de esta imagen visual de la Cuaresma:


Se dice que por debajo de un gran rascacielos hay una obra de cimentación casi de la misma envergadura. Aunque quizá se trate de una exageración, no es difícil comprender que, para sostener edificios de tanta altura, son necesarios unos buenos cimientos que aseguren y garanticen su estabilidad.

Lo mismo puede pasarnos con la vida. A veces edificamos sobre arena sin hundir lo suficiente los cimientos de nuestro edificio personal para evitar que los vaivenes del día a día nos castiguen demasiado.

Cierto es que no son valores de nuestro tiempo aquellos que nos hablan de permanencia o seguridad, pero no podemos pretender encontrar el sentido para nuestras vidas si no somos capaces de asentarnos en valores que pueden hacernos verdaderamente felices, porque nos llenan de sentido.

En este tiempo de Cuaresma, que ahora comenzamos, hacemos un alto en el camino de nuestro seguimiento de Jesús para mirar cómo vamos, en qué cosas nos estamos apartando de lo que es ser cristianos.

Tenemos por delante cuarenta días para intentar corregir esas posibles deficiencias y renovar nuestro bautismo la noche del sábado santo. Cuarenta días para buscar lo auténtico en nosotros, para sumergirnos en nuestra hondura interior y no quedarnos en la piel.

¡Se dice y se escribe tanto sobre la Cuaresma! Se aguza tanto la observancia de las prácticas y las normas que, en muchos casos, en vez de un tiempo de repensar, de sosiego, se convierte en una lista de quehaceres, muchos de ellas fruto de la teología más rancia, más trasnochada, y más dañina para una espiritualidad que conduce no se sabe muy bien a qué, como si el único fin fuera aplacar la ira de un Dios cascarrabias e iracundo.

Cuaresma es tiempo de conversión para acercarnos a un modo de vivir más comprometido; tiempo de ayuno para mirar alrededor de una manera más amplia; tiempo de dar a manos llenas y sin esperar nada a cambio, de actuar voluntariamente, de descubrir que el amor es lo único que no puede pagarse y lo hemos recibido de Dios gratuitamente.

Tiempo de oración, de un silencio que nos ayude a encontrar a Dios, a escuchar y rumiar su palabra y, por tanto, a encontrarnos con nosotros mismos.

Desde este punto de vista no acabamos de comprender por qué tiene que ser un tiempo de caras largas y de persianas bajadas, como si la seriedad y la sobriedad fuesen sinónimos de tristeza.

Curiosamente el evangelio del primer día nos anima a lo contrario: Cuando ayunéis no andéis cabizbajos, perfumaos… Intentar mejorar por propio convencimiento es un reto que exige renuncias, efectivamente, pero el punto de mira está puesto en conseguir un objetivo que a buen seguro va a hacernos más felices de lo que hasta ahora somos.

La Cuaresma implica poner en marcha el costoso ejercicio de relativizar nuestras prioridades, para ver dónde está lo necesario y eso es más complicado que quedarnos en la condena del embutido.

Ayunamos para crecer. Ayunamos para recordarnos a nosotros mismos que las cosas no son el fin, sino el medio. Ayunamos como una forma de mirar alrededor, y recordar que la realidad es mucho más amplia que nuestra propia situación. Ayunar no es dejar de comer, no es hacer dieta, es aceptar de manera consciente que no somos el centro del mundo.

Ojalá nos impliquemos a fondo por algo o alguien que nos importe de verdad. De este modo habremos aprovechado el tiempo y la Cuaresma nos habrá servido para algo más que guardar la línea y creer que tenemos a Dios en el bolsillo.

Cuarenta días en los que restaurar nuestro espíritu, en los que evitar quedarnos en la piel y, dejándonos de monsergas e infantilismos, poder renovar nuestro bautismo siendo mucho más auténticos y, sobre todo, estando más satisfechos y contentos con nosotros mismos porque hemos intentado mejorar, hemos profundizado y, quién sabe, incluso hemos descubierto la luz en medio de nuestro humilde caminar.

Te ofrecemos un sencillo avituallamiento espiritual para que puedas alimentar tu espíritu mientras pasas por el desierto rumbo a la Pascua donde renovarás tu bautismo. Ánimo:

 

Pulsa aquí para descargar Hora de construir: Cuaresma 2019

Síguenos en facebook twitter youtube Español | Portugués | English Política de privacidad | Webmail

Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Paseo de la Habana, 167. 28036 - Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Desarrollado por Shunet para OAR Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. © 2018 - 2019.