Domingo VI del tiempo ordinario: Se acabó la comodidad

«Del mensaje de las bienaventuranzas no puede desprenderse una esperanza futura reservada únicamente para la otra vida, sino que a los pobres se les dice que de ellos “es”, presente, no futuro, “será”, pues con la llegada de Jesús la esperanza de la verdadera felicidad se hizo realmente presente. El hecho de darle una buena noticia a quien sufre ya es el comienzo de algo nuevo».
Roberto Sayalero Sanz pastoral | 17 feb 2019

El que esté bien, que no se mueva, afirma la sabiduría popular. ¿Para qué han de moverse los que ya están bien? Que lo hagan los que tienen hambre y sed, los que no encuentran trabajo, los que no ven horizontes de desarrollo…; y que empeñen su futuro para pagar un cayuco o un billete de avión para encontrar un lugar donde sobrevivir. A los otros, a los que disfrutan de una vida acolchada más les vale conservar lo que tienen y no perderlo, ponerse a salvo de quienes pueden trastornarles la vida. Esta es la moral del bienestar. La moral que se ha convertido en el ideal de vida, en la creencia más profunda de nuestras sociedades, la que los adultos practican en la vida cotidiana y los jóvenes aprenden sin rechistar demasiado.

Sin embargo, los moradores de esta vida cómoda y desentendida no son, según el evangelio, los bienaventurados, no son los dichosos. Y no porque los dichosos tengan que ser imprudentes, ni menos aún ilusos. La dicha no es para los ilusos, pero tampoco para los prudentes que sólo aspiran a estar bien y han arrojado la toalla en su búsqueda de la felicidad. La dicha es, como dice Adela Cortina, para los cuerdos, para quienes practican, más que la virtud de la prudencia, la de la cordura, que es un injerto de la prudencia en el corazón de la justicia y la gratuidad. Y porque son cuerdos, se esfuerzan por incrementar las oportunidades, por reforzar las capacidades de todos los seres humanos, para que sean libres de elegir la forma de vida que deseen sin olvidarse del bien del otro sin ser indiferentes ante la injusticia y el sufrimiento.

Los que queremos seguir a Jesús debemos ser cuerdos y contribuir a la expansión del Reino de Dios que no es otra cosa que dar continuidad al modo de vivir de Jesús. El anuncio del Reino y su propagación no pasa sino por una opción seria y verdadera por los pobres, los necesitados. Y entendamos por pobres a todos aquellos que necesitan algo ¿eh? No solo a los mendigos. Hay demasiados pobres también que conducen coches de lujo y cobran buenos sueldos.

Quizá las bienaventuranzas de Lucas no sean tan famosas como las de Mateo pero contienen un mensaje más claro. El relato consta de cuatro bienaventuranzas y otras cuatro malaventuranzas con una correspondencia entre ambas, pues se refieren a conceptos relativos. Por tanto no es dichosa la pobreza en sí, ni el llanto en sí, sino que es dichoso el pobre en una situación en la que hay ricos, y maldito el rico en una situación en la que hay pobres. El problema es que los unos lo sean a costa de los otros.

Del mensaje de las bienaventuranzas no puede desprenderse una esperanza futura reservada únicamente para la otra vida, sino que a los pobres se les dice que de ellos “es”, presente, no futuro, “será”, pues con la llegada de Jesús la esperanza de la verdadera felicidad se hizo realmente presente. El hecho de darle una buena noticia a quien sufre ya es el comienzo de algo nuevo. Nuestra misericordia, compasión y cercanía para con los pobres ya es causa de alegría. En ocasiones el mensaje de las bienaventuranzas se ha convertido en un catálogo de virtudes o en un frasco de Nolotil para los que sufren, con lo que no se ha conseguido sino ensombrecer y descafeinar su mensaje transformador: sólo en Dios está la felicidad, pase lo que pase. Según Jesús, a los que les falta todo es a los que sólo poseen cosas. A veces confundimos felicidad con bienestar y entonces no podemos entender las bienaventuranzas.

Apostemos por la cordura, dediquémonos a crear oportunidades, no a cerrar puertas. La vida no podemos tomárnosla como quien maneja un mando de televisión con más de cien canales, que le permite asomarse a todos y no comprometerse con ninguno. Los pobres son y serán asignatura pendiente. Hacer algo por ellos nos hace crecer.

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