El eco de seis palabras de la JMJ Panamá 2019

Durante la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá del 23 al 27 de enero pasado, Panamá, el país del canal, se convirtió en la capital de las redes sociales y de la comunicación; su gente se volcó para que todos recordáramos agradecidos y alegres tan gran acontecimiento.
Francisco Javier Acero pastoral | 10 feb 2019

Los jóvenes recibieron al papa Francisco, un joven de 82 años, como a un verdadero padre, deseando escuchar sus impresiones meses después de la celebración del sínodo, en el que la juventud fue el tema central.

Recordemos algunas palabras importantes dentro de los discursos de esta JMJ: escucha, nueva mirada, acompañamiento, influencer, ahora. Estas palabras son eco de lo vivido en el sínodo celebrado en el mes de octubre del 2018.

La escucha es una de las actitudes a la que más invita el papa Francisco en sus discursos y exhortaciones. En el sínodo se decía que se trata de apostar por la escucha empática, el acompañamiento y el discernimiento, en la línea indicada por el reciente Magisterio. El cardenal Aguiar Retes, arzobispo de Ciudad de México, hablaba en el aula sinodal de una iglesia empática al estilo de Jesucristo.

En el videomensaje de inicios del mes de enero el papa Francisco invitaba a la Jornada mundial de la Juventud poniendo a María como testimonio y ejemplo de escucha. “Ella escuchó lo que el ángel le decía y después respondió. De ese trato con Dios en el silencio del corazón, se descubre la propia identidad y la vocación a la que el Señor llama; esta puede expresarse en diferentes formas: en el matrimonio, en la vida consagrada, en el sacerdocio… Todas ellas son modos para seguir a Jesús. Lo importante es descubrir lo que el Señor espera de nosotros y ser valientes para decir “sí”.

Encuentro: En la ceremonia de apertura y acogida en Panamá, en la cinta costera, el Papa señala que “Queremos reencontrar y despertar junto a ustedes la continua novedad y juventud de la Iglesia abriéndonos siempre a esa gracia del Espíritu Santo que hace siempre un nuevo Pentecostés. Eso solo es posible, como lo acabamos de vivir en el Sínodo, si nos animamos a caminar escuchándonos y a escuchar complementándonos, si nos animamos a testimoniar anunciando al Señor en el servicio a nuestros hermanos que siempre es un servicio concreto. No es un servicio de figuritas”.

Con los obispos centroamericanos, entre los que estaban presentes cuatro obipos agustinos recoletos, el Papa les mostró a san Óscar Arnulfo Romero como un testigo que supo estar a la altura de las circunstancias; y parafraseó unas palabras de san Óscar Romero: en la Iglesia Cristo vive entre nosotros y por eso tiene que ser humilde y pobre, ya que una Iglesia altanera, una Iglesia llena de orgullo, una Iglesia autosuficiente, no es la Iglesia de la kénosis” (cf. S. Óscar Romero, Homilía, 1 octubre 1978).

Nueva mirada: Ante jóvenes en un centro de integración juvenil el Papa compartía la palabra conversión “mirar la realidad con nuevos ojos, desde otro punto de vista”. Añadía “mirar la realidad desde otro punto de vista es también volver a verla, salir de la apatía y la indiferencia, intentar abrazar a los que se consideran indignos de un abrazo, como lo hizo Jesús”. Habló seriamente de la cultura del adjetivo que destruye a la persona. “Qué dolor genera ver cuando una sociedad concentra sus energías más en murmurar e indignarse que en luchar y luchar para crear oportunidades y transformación.

Acompañamiento: En el vía crucis el Papa quiso acompañar a cada joven en una situación particular prolongando el vía crucis “en el grito sofocado de los niños a quienes se les impide nacer y de tantos otros a los que se les niega el derecho a tener infancia, familia; en los niños que no pueden jugar, cantar, soñar; se prolonga en las mujeres maltratadas, explotadas y abandonadas, despojadas y ninguneadas en su dignidad; en los ojos tristes de los jóvenes que ven arrebatadas sus esperanzas de futuro por falta de educación y trabajo digno; se prolonga en la angustia de rostros jóvenes, amigos nuestros que caen en las redes de gente sin escrúpulos ―entre ellas también se encuentran personas que dicen servirte, Señor―, redes de  explotación, de criminalidad y de abuso, que se alimentan de sus vidas”. Señaló evitar caer “en la cultura del bullying, del acoso, de la intimidación, del encarnizamiento con el débil.”

Volvió a parafrasear a san Óscar Romero recordándoles que “el cristianismo no es un conjunto de verdades que hay que creer, de leyes que hay que cumplir, o de prohibiciones. Así el cristianismo resulta muy repugnante. El cristianismo es una Persona que me amó tanto, que reclama y pide mi amor. El cristianismo es Cristo» ¿Lo decimos todos juntos? El cristianismo es Cristo.

Influencer: La Vigilia de la tarde del sábado estuvo marcada por el testimonio de varios jóvenes de diversos países y unas palabras del Papa que cautivaron a los jóvenes: María es la influencer de Dios. “Sin lugar a dudas la joven de Nazaret no salía en las ‘redes sociales’ de la época, no era una “influencer”, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influenció en la historia. María, la “influencer” de Dios. Con pocas palabras se animó a decir “sí” y a confiar en el amor y en las promesas de Dios, única fuerza capaz de hacer nuevas todas las cosas”. Haciendo referencias a expresiones como “redes sociales”, “colgar en la nube”, “aplicaciones”, el Papa Francisco logró cautivar a más de medio millón de jóvenes concentrados a las afueras de la ciudad de Panamá. Y les animó a no tener miedo para formar parte en la historia de amor en el mundo abrazando la vida, cuidando las raíces y a decir ¡Hágase según tu palabra!

Un momento solemne en la Vigilia fue el silencio orante de los más de seiscientos mil jóvenes que participaban en la celebración.

Ahora: El Papa Francisco en la misa de envío expresó que nos gusta decir que los jóvenes son el futuro y añadió “no, son el presente. No son el futuro de Dios. Ustedes, jóvenes, son el ahora de Dios. Él los convoca y los llama en sus comunidades. Los mandan a los ciudades para ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie junto a ellos, tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”. Y  les invitó a ser jóvenes apasionados: “podremos tener todo; pero, queridos jovenes, si falta la pasión del amor, faltará todo. La pasión del amor hoy. ¡Y dejemos que el Señor nos enamore y nos lleve hasta el mañana!”

La JMJ es la mejor carta de presentación de una Iglesia joven, un testimonio de fe y esperanza. Se repetirá en Lisboa 2022, si Dios quiere.

 

Francisco Javier Acero Pérez, Agustino Recoleto

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