Mara García Sanz: Lo importante en la vida no es la posición, sino tu disposición

Mara García Sanz, una joven de 25 años, que ve con optimismo la vida y vive con alegría su fe y sus compromisos, accede a contarnos algunos retazos de su historia, de su vida.
testimonios | 07 feb 2005

Mara, estás volcada a la educación.

Así es. Y mis estudios y titulación lo dejan bien claro: maestra especialista en Educación Infantil, maestra especialista en Lenguas Extranjeras y estoy realizando los estudios de licenciatura en Pedagogía. Además mi ocupación actual es maestra y tutora en el colegio San Agustín de Valladolid, España. Y en Valladolid nací.

Por lo que dices, da la impresión que llevas en la sangre la vocación de educadora.

Tal vez, pues desde los seis años me eduqué en un colegio de la Compañía de María, a cuya Congregación pertenece una tía mía, que se dedica a la enseñanza, y que ha influido decisivamente en mi vida.

En tu todavía joven vida ¿has tenido alguna otra ocupación fuera de tus estudios y la educación?

Sí. He trabajado como probadora de automóviles en Renault España, donde adquirí numerosas habilidades y destrezas.

¿Vida independiente?

No. Vivo con mis padres y una hermana más joven, Lucía, que tiene tres años menos que yo.

¿Te consideras una persona de fe?

Por supuesto que sí. La fe es el motor de mi vida, al menos en algunas situaciones especiales. Se dice que las palabras vuelan y el ejemplo arrastra; pues el ejemplo de una religiosa, tía mía, y las experiencias de fe en tantos momentos de la vida colegial: convivencias, encuentros, celebraciones, etc., han alimentado mi fe en Dios quien actualmente me empuja a comprometerme en el trabajo pastoral del colegio San Agustín del que soy maestra. Por otra parte, la fe cristiana ha marcado algunos de los momentos más alegres que recuerdo de mi vida: cuando recibí la primera comunión y la confirmación. Ambos momentos fueron experiencias gratificantes para mí y supusieron un crecimiento y una madurez en los diversos ámbitos de mi vida.

Dios pesa en tu vida.

Ciertamente. También en los momentos difíciles. Por ejemplo, a mis nueve años falleció un abuelo. A pesar de ser tan niña, sentía un vacío y angustia difíciles de describir y me preguntaba por qué Dios le llamaba. No entendía que esa llamada no puede rechazarse. En otras ocasiones he pensado, he sentido que Dios no me acompañaba: me encontraba sola en el camino. Pero a la verdad, a la vuelta de la esquina te vuelves a encontrar con Dios, cuyas sendas son imprevisibles.

Dios no es un personaje en boga y parece, Mara, que tú crees en él y en él depositas todo.

Cada uno es libre de creer en lo que quiera. Él puede dar sentido a muchas de mis dudas e interrogantes, y espero que también me colme de alegría y felicidad. Sé que esto es vivir contracorriente, pero observo que cuantos viven siguiendo la corriente, si corres algún que otro velo, descubres que en ellos no hay más alegría ni felicidad ni viven la vida con más sentido que los que, dicen, estamos “contracorriente”.

¿Dios interviene en la vida del hombre?

¡Qué duda cabe! Las llamadas de Dios más interpelantes, no las únicas, son las circunstancias o situaciones de cada día: cuando un compañero/a, un niño/a, un padre/madre te pide ayuda. He tratado de ayudar a la comunidad en todo lo posible, pero a veces ha sido imposible por diversos motivos.

¿Hay algún valor que admires y deseas encarnar en tu vida?

Sí, la disponibilidad y el servicio a los demás sin esperar nada a cambio, que creo que son valores muy importantes del Cristianismo, de los que adolece nuestra sociedad, y que yo intento encarnar y transmitir. Esta frase me gusta mucho y va bastante con mi estilo: “Lo importante en la vida no es la posición, sino tu disposición”.

Como persona de fe, ¿qué crees que puedes aportar a la sociedad civil?

Puedo y quiero aportar mi ayuda al que lo necesite, mi apoyo al que quiera recibirlo; transmitir mucha alegría y energía para hacer más fácil la vida a mi alrededor, especialmente a las personas que considero importantes en mi vida.

¿Cuál crees que es el aspecto más positivo del testimonio que hoy dan los cristianos y la Iglesia a la sociedad?

La ayuda que se ofrece a los demás sin esperar nada a cambio, sobre todo a aquellas personas más necesitadas o desfavorecidas.

¿Eres de los que piensan que “otro mundo es posible”?

Sí, creo que otro mundo es posible. ¡Qué bonito sería que todos nos ayudásemos los unos a los otros sin esperar nada a cambio!

Palabras bonitas no faltan; pero ¿qué puede uno hacer cada día para cambiar el mundo?

El testimonio de cada día: Saludar a un compañero/a, dar un beso o un abrazo a un niño/a, ayudarle a sacar de sí lo mejor que tiene, creer en él como proyecto de futuro, confiar en los demás. Es una forma muy bonita de vivir, por eso yo soy una persona alegre y optimista.

¿Crees que hoy estamos peor que antes, o tienes una visión positiva?

Hay muchas situaciones de injusticia a mi alrededor, pero no creo que nuestro mundo sea peor, sino diferente, y requiere actuaciones y criterios distintos. Dios nos pide cosas nuevas; el problema es acertar con el camino adecuado.

¿Crees que la vida religiosa tiene sentido en el mundo y la Iglesia de hoy?

Desde luego que sí. Lo mismo que ayer la vida religiosa puede ser una respuesta válida para muchas personas.

Luego puede seguirse invitando a los adolescentes y jóvenes a ser religiosos agustinos recoletos.

Claro que sí, y espero que algunos respondan y especialmente desde nuestro Colegio y a través de nuestro testimonio.

Una palabra para un no-creyente para animarle a descubrir la fe en Dios y en su Hijo, Jesús.

¿Encuentras respuesta para todas las preguntas interiores que te haces? Ten fe y escucha a Jesús, Él puede ser un apoyo en tu vida y puede canalizar muchas de tus dudas e inquietudes. El mensaje de amor que Él nos ofrece es una solución constante para el corazón de cada persona.

Mara, ojalá que el mensaje que nos trasmites por tus palabras cale en cuantos se acerquen a leer tu testimonio. Gracias.

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