Cuestión de ir sumando. La nueva llamada de la animación de las vocaciones: “Manifiesto de la comunidad vocacional” (8/10)

Compartir la vida y la misión es fundamental para todo discípulo misionero de Cristo. La misión es siempre misión compartida, como compartida es también la misma vida en la misión. La comunidad es comunidad vocacional porque es la que da a luz las diferentes vocaciones que, de por sí, son siempre para la misión, es decir, para servir y ser canal de la vida de Dios en el mundo.
Fabián Martín Gómez pastoral | 03 ene 2019

Orar por las vocaciones es el medio más proporcionado para la animación de las vocaciones. La comunidad cristiana está llamada a reemprender la práctica de la oración por las vocaciones. No se ora por las vocaciones debido a la urgencia del momento, sino para corresponder a una exigencia misma del Evangelio: “la mies es abundante. Rueguen pues, al dueño de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mateo 9,37).

Mantener ahora en la Iglesia el interés y la preocupación por la animación vocacional está siendo una cuestión cada vez más nuclear en la evangelización. El sínodo reciente de los obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, ha puesto en el centro de la reflexión la encrucijada respecto al acompañamiento de las nuevas generaciones en la búsqueda del sentido de sus vidas.

Un objetivo fundamental en la animación vocacional es también acompañar y ayudar a quienes ya han hecho una opción de por vida, a crecer como cristianos desde la realidad dinámica de su propia vocación. De hecho, el testimonio alegre y sereno de las diferentes formas de vida cristiana es importantísimo para que los jóvenes reconozcan y se afiancen en su propia respuesta vocacional.

No se trata de hacer una pastoral vocacional en la que podamos estar satisfechos o angustiados por los números a la hora de cuantificar cuántos han entrado en el seminario o en la casa de formación. Por el contrario, la animación de las vocaciones procura acompañar procesos personales para que quienes se hacen planteamientos de vida cristiana puedan descubrir su lugar y su misión en el mundo.

Incorporación de los laicos en la animación de las vocaciones: No podemos comprender una pastoral vocacional seria en la que los laicos brillen por su ausencia. Cambiemos ya el enfoque. La presencia de los laicos en los equipos de animación vocacional no responde a una simple colaboración auxiliar. Por el contrario, los laicos al asumir su condición de discípulos misioneros, reciben también la misión de promover las vocaciones.

De vez en cuando habría que preguntarse a modo de examen de conciencia: ¿mi comunidad cristiana -parroquial, educativa, de formación, etc.- evoca, convoca y provoca el tema vocacional como acción permanente en la evangelización? La renovación de los métodos, modelos y estilos de la evangelización comporta una incorporación clara y explícita del planteamiento vocacional, pues es el corazón mismo del Evangelio.

Al alentar la vida cristiana a través de procesos personales de evangelización, ésta desemboca tarde o temprano en decisiones y opciones de vida. Un cristiano que crece en su condición de discípulo de Cristo se abre poco a poco a la comprensión de una misión asignada exclusivamente para él. De hecho, Cristo quiere contar con nosotros para extender su Reino: ¿qué misión crees que te encomienda a ti en este plan?

Dar el salto de calidad. ¡Ya basta de hablar de tanto de la “cultura vocacional”! Ahora toca crearla… ¡Ya basta de hablar tanto de los “saltos de calidad” en la animación vocacional! Demos el salto ya de una vez… En las comunidades en las que los nuevos planteamientos sobre la animación de las vocaciones tienen cabida y lugar, pasan de verdad cosas maravillosas.

Vocación es una llamada de Dios a ser y dar lo mejor de uno mismo; somos vocación y vivimos y crecemos en una vocación… Es necesario que exorcicemos de la catequesis, las homilías y la formación cristiana un concepto pobre, “mocho” y “comodón” sobre la vocación, que más que ayudar, termina confundiendo a las personas. Manejemos un concepto sobre la vocación que sea integral, exigente y en el que Dios tenga cabida.

Orientamos a las personas en general y a los jóvenes en particular, como animadores vocacionales, para que la vocación sea acogida como esa intuición irrenunciable que se clava en el corazón humano y lo punza con suavidad hasta cumplir su propósito: ser feliz. Y ¡atención!, vivir la vocación no consiste en recrear “el mejor de los mundos posibles” para mí, sino en luchar para hacer de este mundo, un mundo mejor para todos.

Comunidad que es evangelizada, comunidad que se vuelve, a su vez, evangelizadora. Lo mismo podríamos decir sobre la animación de las vocaciones: comunidad que es vocacionalizada –impregnada de la cultura del evangelio–, comunidad que se vuelve, a su vez, vocacionalizante –transmisora de la alegría del encuentro con Cristo–. Es el Evangelio el que mueve la llamada al seguimiento de Cristo en las distintas vocaciones.

Aludir a la “comunidad vocacional” desde la comprensión de la “cultura vocacional” es la consecuencia última y necesaria para el nuevo estilo de la pastoral de animación de las vocaciones. Creo que más claro no se puede decir: la comunidad cristiana es madre de las distintas vocaciones. Es en el seno de la Iglesia donde se nutren y gestan la diversidad de las vocaciones cristinas.

Captar la llamada de Dios tiene que ver, en cristiano, con la escucha atenta de su Palabra. El cristiano es, por vocación, un “oyente de la Palabra”. La misma estructura de la fe tiene que ver con una respuesta de amor a un amor que nos precede y que ha tomado la iniciativa de comenzar un diálogo con el ser humano. Desde el mismo origen de la vida de toda persona, Dios está entablando ese diálogo. Y su primera palabra es: ¡vive!

Iniciarse en la comprensión de la propia vocación es ponerse en camino, salir de sí mismo, asumir la aventura de adentrarse en lo desconocido… Para quien recorre un itinerario vocacional la senda es maravillosa, pero también está llena de obstáculos, distracciones y tentaciones. En el horizonte de la búsqueda vocacional tienen lugar en el corazón los miedos, la inseguridad y las resistencias, pero también la fascinación por Jesucristo.

Optar los promotores por acompañar procesos vocacionales es realizar un servicio de atenta escucha. El orientador vocacional, al colocarse al lado de aquellos que se determinan a recorrer su propio camino de búsqueda vocacional, experimenta la luz de Dios y la paciencia para ser testigo y contemplativo de los descubrimientos de quienes acompaña. Y un acompañante se descalza con respeto ante el terreno sagrado del corazón creyente.

No acompañar en estos tiempos procesos personales para el discernimiento vocacional es realmente una negligencia; incluso, podríamos decir, un ruin pecado de omisión. La Iglesia nos lo está pidiendo; el Papa Francisco y los obispos nos lo están exhortando; y los mismos jóvenes nos lo están reclamando. Pregunto: ¿haremos caso omiso a esta llamada del Espíritu Santo?

Acompañamiento para el discernimiento vocacional. La “cultura vocacional” tiene que ver hoy en día con “la capacidad y la capacitación para el acompañamiento” y con la “habilidad en el Espíritu para el discernimiento”. Acompañamiento y discernimiento son realidades indispensables para emprender procesos personales de seguimiento de Jesucristo; y es en el trato con Cristo donde se reconoce, interpreta y decide la vocación.

La pastoral vocacional es la acción organizada de la Iglesia a favor de todas las vocaciones. Las vocaciones no surgen por “generación espontánea”, sino que brotan a partir de un encuentro vivo con Cristo y de la conciencia de ser sus discípulos. Se puede decir que ser amigo de Cristo es lo mejor que nos ha pasado y lo único que podemos hacer para corresponder a esta dicha es agradecer con humildad que él se haya fijado en nosotros.

 

Fabián Martín Gómez, agustino recoleto

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